martes, 27 de mayo de 2014

Capítulo 6.

Salazar se quedó helado, incapaz de reaccionar. ¿Por qué lo besaba? No entendía nada, pero Klaus seguía allí, besándolo. No podía entenderlo, así que usando toda la fuerza de voluntad del mundo, apartó a Klaus lentamente.

-Klaus... ¿qué te ocurre?

Éste se mordió el labio y se apartó un poco, mirándolo avergonzado y triste.

-Salazar... he sido un idiota. Un completo idiota.

Salazar se incorporó y puso una mano sobre el hombro de su amigo.

-Cuéntame que te pasa.

Klaus suspiró y cerró los ojos.

-Verás... cuando desapareciste... creí que me volvía loco. La noche anterior estuve dándole muchas vueltas a lo que había sucedido y estaba dispuesto a ignorar lo que había pasado y continuar nuestra amistad como siempre... pero desapareciste... tus padres no hicieron nada para encontrarte, pero yo... moví cielo y tierra buscándote. Elijah y Finn me vieron tan desquiciado que me ayudaron unas cuantas veces, pero nunca tuvimos suerte. Hice carteles de “Se busca” y los colgué por todo mi poblado y el tuyo... al final Mikael cedió a las súplicas de Rebekah para que ayudara a encontrarte y convenció a ambos poblados de deshacernos del bosque que nos separaba. Todos estábamos convencidos de que estarías escondido entre los árboles, pero no era así. Yo me sentía tan culpable... y al perderte de esa forma me di cuenta, Salazar.

-¿Te diste cuenta de qué?

-De que... lo que tú sentías por mí lo sentía yo por ti... y lo siento mucho.

-¿Qué es lo que sientes, Nik?

Salazar alzó la mano y acarició la mejilla de Klaus, se le veía muy echo polvo.

-Siento mucho no haberme dado cuenta antes... si lo hubiera sabido antes... no habrías desaparecido... habríamos sido felices todos estos años...

Una lágrima se derramó de sus ojos y Salazar se la limpió con delicadeza.

-No te preocupes Nik... no es culpa tuya...

Klaus respiró hondo y sacudió la cabeza.

-Soy un idiota, lo siento... sé que ya no sientes lo mismo por mí, pero no pude evitarlo.

-¿Y quién te ha dicho que ya no siento lo mismo?

Klaus se quedó en silencio mientras procesaba lo que acababa de oír y luego miró a su amigo, confuso.

-¿Es que todavía...?

Salazar puso un dedo sobre sus labios haciendo que se callara. No quería más palabras. Había estado esperando este momento casi toda su vida. Se acercó poco a poco a Klaus y se sentó encima de él. No quería apresurarse, pero no podía evitarlo, su cuerpo tenía vida propia, ya no seguía las órdenes de su cerebro. Se inclinó lentamente sobre él y depositó un tierno beso en su frente, luego besó su nariz de la misma forma, luego sus mejillas, y por último sus labios. Ambos estaban tensos, pero intentaban disimularlo. Klaus llevó una de sus manos a la nuca de Salazar y comenzó a acariciarla, siguiendo su beso, disfrutando de la calidez de sus labios. Se deseaban muchísimo, pero se amaban mucho más que eso. Cada beso, cada caricia, cada suspiro, cada susurro... estaba impregnado del más puro y sincero amor. Salazar quitó con lentitud la camisa de Klaus y éste quitó la suya para luego pasar sus manos por sus firmes músculos. Se pegaron más el uno al otro y Klaus comenzó a besar con lentitud el cuello del otro mientras desabrochaba su pantalón y lo tumbaba para quitárselo. Salazar se puso como un tomate al quedar desnudo y se deshizo de los pantalones de Klaus con algo más de rapidez. El otro chico se puso igual de rojo y volvieron a juntar sus cuerpos, volvieron a acariciarse, y volvieron a besarse. Ya nada importaba, solo ellos. Cuando se conocieron Salazar tenía doce años y Klaus diez. Ahora Salazar tenía veintisiete y Klaus veinticinco, e iban a hacer el amor. A pesar de que Salazar era el mayor, no quería tomar las riendas, así que puso a Klaus sobre él para que tomara el mando, y juntos, durante toda la noche, bailaron la danza más antigua de todas.

A la mañana siguiente Salazar sonrió nada más despertarse, pues notaba como los brazos de Klaus se cerraban protectoramente alrededor de él. Abrió lentamente los ojos y los tuvo que entrecerrar, pues la luz del Sol iluminaba toda la habitación. Notaba el aliento de Klaus sobre su nuca y eso provocó que se le erizaran los pelos. Con cuidado de no despertarlo se deshizo de su abrazo y se levantó de la cama, caminando hacia la ventana. La abrió y sacó la cabeza por ella, respirando una gran bocanada de aire. Por la posición del Sol ya debía de haber pasado la hora de almorzar, lo que suponía que era tarde, así que se acercó a despertar a Klaus.

-Eh... Nik... despierta...

Lo sacudió lentamente, pero eso bastó para que Klaus se despertara de golpe, con los colmillos sobresaliendo de forma exagerada de la fila de dientes y con los ojos rojos. Salazar dio un grito y se alejó de él, cayéndose de la cama. No podía creer lo que veía. Klaus miraba alrededor como esperando un ataque, pero al darse cuenta de donde estaba y con quién, se relajó y su rostro volvió a la normalidad.

-Salazar...

Se levantó de la cama y caminaba lentamente hacia él, preocupado. Salazar se alejaba arrastrándose de espaldas, buscando su varita sin apartar la mirada de Klaus, muerto de miedo.

-Salazar, por favor, soy yo...

-¡Aléjate de mí!

Salazar se levantó rápidamente tras visualizar su varita en la mesita de noche y se lanzó a por ella, pero fue obstaculizado por Klaus, quién lo tiró a la cama y lo inmovilizó.

-Cálmate Sly, no voy a hacerte nada, mírame.

Klaus lo miraba de forma muy preocupada, él también estaba asustado, no quería perder a Salazar, no por eso.

-Mi amor, escúchame, te lo contaré todo, pero tienes que calmarte, no voy a hacerte daño, yo jamás te haría daño. ¿Lo entiendes?

Salazar estaba desquiciado, se removía en la cama debajo de Klaus, intentando soltarse, pero no conseguía moverlo ni un centímetro.

-¿Qué eres...? ¿¡Qué eres!?


-Salazar... soy un vampiro.

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