martes, 3 de diciembre de 2013

ÚLTIMO CAPÍTULO. Capítulo Diez: Siempre juntos.

Alex no podía creerse lo que veía, corrió hacia James e intentó salvarlo como pudo, pero no había nada que hacer.

-No... no... ¡James!- Alex lloraba desconsolado y abrazaba el cadáver de James, empapándose con su sangre.

Sam había salido de su trance y miraba alrededor desorientado, sin entender que sucedía. Kendra miraba a James con lágrimas en los ojos. Nadie se dio cuenta de la mujer que estaba en la puerta y miraba la escena con una sonrisa maliciosa.

-Uno menos al que matar.

Todos volvieron la mirada hacia ella y se pusieron en guardia. Alex la miraba con el más profundo odio y ella le devolvía la mirada divertida.

-No me mires así, Cameron. Gracias a mi ahora no tienes que elegir entre esos dos.

Sam empalideció y Alex agarró la espada de James. No sabía luchar con espadas, pero Cameron sí, y esperaba que eso lo ayudara un poco.

-¿Lista para morir? Pienso cortarte la cabeza como debí haber hecho el día que me hechizaste.

Alice rió y se puso en guardia.

-Jamás conseguirán matarme, panda de idiotas.

Alex rugió y se abalanzó sobre ella con la espada en alto pero cuando llegó hacia su posición ésta ya no estaba. Kendra intentaba hacer memoria de todos los hechizos que se sabía y Sam miraba el cuerpo de James, sintiéndose más culpable que nunca. Alice apareció detrás de Alex, riendo, y le lanzó una bola de fuego que éste esquivó por poco. Kendra hizo levitar una silla y se la lanzó a Alice y Alex le lanzó un cuchillo. Alice esquivó la silla pero el cuchillo se clavó en su pierna. Haciendo un gesto de dolor y odio se lo arrancó y sus ojos se pusieron totalmente negros. La herida de la pierna se estaba curando, y ella se estaba enfadando.

-Bien... ¿quien quiere morir primero?

Los miró a todos y su mirada se detuvo en Kendra. Una sonrisa maliciosa se cruzó por su rostro y se abalanzó sobre ella con un cuchillo en la mano. Sam se interpuso en su trayectoria y el cuchillo se clavó en su abdomen. Alex se asustó más de lo que estaba antes y le hizo un placaje a Alice, haciendo que se cayera la espada en el camino. Su educación le impedía hacer daño a una mujer, pero su naturaleza de cazador de brujas le gritaba que le cortara el cuello. Con uno de sus cuchillos degolló a Alice, pero la herida se curó casi al instante. Ésta agarró a Alex del cuello y lo lanzó hacia una pared, dejándolo semiinconsciente. Sam se había arrancado el cuchillo del abdomen y estaba medio desmayado en el suelo, siendo ayudado por una asustada Kendra. Alice fue hacia ella, la agarró del cabello y la estampó contra la pared, poniendo su cuchillo en su garganta.

-Eres despreciable, Kendra Duncan. Traicionando de esta manera a tu propia especie. Por tu culpa las brujas están casi extintas, y voy a vengarlas.

Apretó el cuchillo sobre su cuello haciendo que saliera un poco de sangre, pero los ojos de Kendra se pusieron completamente blancos y el cuchillo se derritió. Una fuerza invisible lanzó a Alice hacia la pared opuesta. Kendra puso su mano sobre la herida de Sam y ésta se curó lentamente. Alex estaba inconsciente, rememorando una y otra vez la muerte de James.

-Esto es ahora entre tu y yo, Alice.

Ambas brujas, una con los ojos completamente negros y la otra con los ojos completamente blancos, se pusieron en guardia. Alice hizo aparecer dos bolas de fuego en sus manos y Kendra hizo aparecer cuchillos de hielo. Al mismo tiempo lanzaron sus ataques, una bola de fuego fue directa a la cara de Kendra pero un cuchillo de hielo atravesó la bola, rompiéndola, y fue a clavarse a unos centímetros de la cabeza de Alice. Estuvieron lanzándose bolas de fuego y cuchillos de hielo durante un buen rato, hasta dejar la habitación irreconocible. Kendra tenía quemaduras en varias partes de su cuerpo y Alice tenía cortadas en los brazos y las piernas. Ambas estaban agotadas de tanto usar su magia, pero ninguna parecía dispuesta a rendirse. Alice hizo aparecer una gran serpiente de fuego, la magia que usó fue tal que destrozó todos los cristales. Kendra, en un intento desesperado de proteger a los chicos, apareció una muralla de hielo, agarró a los chicos como pudo y desaparecieron, apareciendo en la habitación de abajo. Puso a los chicos detrás del sofá para protegerlos y esperó a Alice, con más cuchillos de hielo en sus manos. Alice apareció detrás de ella, lanzándole la serpiente que ésta esquivó por poco, quemándose un poco la pierna. Le lanzó un cuchillo y corrió lejos de allí, queriendo alejar a Alice de los chicos. Salió de la casa y acabó en el jardín, se dio la vuelta y espero a la bruja que tanto ansiaba matar. Alice salió de la casa, curándose los cortes que Kendra le hizo.

-Podemos seguir así todo el día.

-Pienso acabar con esto cuanto antes, Alice. Pienso vengar la muerte de Nathan.

Alice rió e hizo aparecer mas bolas de fuego.

-Nathan... ese chico me gustaba... pero prefirió enamorarse de su mejor amigo.- Negó con la cabeza- No podía permitirlo.

-¡Esos chicos eran felices! ¡Se amaban! ¡Tu lo destrozaste todo!

-¡Y seguiré destrozándolo! -Lanzó una bola de fuego que Kendra esquivó lanzándose al suelo.

-Eres despreciable... -Apareció detrás de ella y le puso el cuchillo de hielo en el cuello- ¿Últimas palabras?

-Si... -rápidamente puso la mano señalando el vientre de Kendra y lanzó una bola de fuego- Si vas a matar a alguien, no esperes a hacerlo. Hazlo.

La bola dio de lleno y Kendra rugió de dolor, cayendo hacia atrás con lágrimas en los ojos e intentando apagar el fuego de su ropa. Alice dirigió su mano a la cabeza de Kendra e hizo aparecer otra bola, la lanzó pero una espada en el aire hizo desviar la bola. Alice alzó la cabeza y vio a Alex, que había lanzado la espada y ahora corría a recuperarla.

-Lucha conmigo y déjala en paz.

Alice sonrió ampliamente.

-Estaré encantada de matarte, Cameron, igual que maté a Nathan. Dos veces.

Alex rugió y se abalanzó sobre ella con la espada en la mano, Alice hizo aparecer una espada de fuego y ambos se enzarzaron en una violenta y sangrienta lucha. Sam salió de la casa y fue a ayudar a Kendra, que estaba gravemente herida.

-Vamos Cameron, puedes hacerlo mucho mejor.- Alice le había provocado una sangrante herida a Alex. Sam se asustó al ver la sangre salir y ayudó lo máximo posible a Kendra.

-Vamos brujita... tienes que levantarte... tienes que acabar con esto.

Kendra estaba teniendo fiebre, abrió los ojos y miró a Sam y luego al panorama. Asintió y trató de levantarse. Llevó su mano a su quemadura del vientre y lo curó un poco, ya que quería reservar magia para el golpe final. Sam agarró el bate y se abalanzó sobre Alice, ésta le dio la espalda a Alex y se puso a luchar con Sam. Kendra cerró los ojos y comenzó a recitar en latín, el día se puso oscuro y las hojas caídas de los árboles se empezaron a arremolinar. Un mini tornado apareció encima de ellos y golpeó de lleno a Alice, parecía estar llevándose algo de ella, una luz oscura salió y el tornado desapareció. Alex se abalanzó sobre Alice, inmovilizándola.

-¡Vamos Sam!

Sam miró a Alex y Alice y algo en la mirada del chico le dijo exactamente lo que hacer, se lanzó hacia la espada de James y corrió hacia ellos. Alice se retorcía intentando soltarse y no pudo hacer nada cuando la espada la atravesó, a ella y a Alex. Sam, con el dolor en el rostro, sacó la espada, dejando que ambos cayeran en el suelo. Alice murió al instante ya que la espada estaba diseñada específicamente para matar brujas, pero Alex se retorcía y gemía de dolor. Temblaba y daba sacudidas como si le estuvieran dando descargas eléctricas.

-Nat... Nath... Nathan... -fue lo único que dijo antes de quedarse completamente inmóvil, con sus ojos mirando al infinito.

Sam, con lágrimas en los ojos, se dejó caer de rodillas a su lado. Kendra se acercó poco a poco.

-Estaba destinado a morir hoy...

-Me parece cruel... que solo vivan hasta los 18 años... es un destino cruel, Kendra.

-Lo sé... -Kendra suspiró y se sentó, agotada- por eso he roto el hechizo.

Sam la miró asombrado.

-¿Lo rompiste? ¿Cuándo? ¿Cómo?

-Anoche le di a James una poción, él no lo sabía, la mezclé con su café. Era la misma poción que le di a Alex. La poción para que dejaran de ser cazadores de brujas.

-¿Eso significa... que no volverán a renacer?

Kendra negó.

-Ahora sus almas descansan en paz para siempre... se reunirán en el otro lado y ahí nada ni nadie puede separarlos.

-Y ellos no lo sabían...

-Nunca debí crear la Hermandad, debí acabar con las brujas yo sola. Nathan ha tenido una existencia miserable, ahora se merece descansar en paz.

A Sam se le derramaron un par de gruesas lágrimas que fueron a caer en el cuerpo de Alex, al mirarlo se estremeció y le cerró los ojos.

-¿Ya ha terminado todo?

-Ya ha terminado todo.

-¿Y qué haré yo ahora? ¿Podré vivir sabiendo todo esto?

Kendra lo miró y agarró su mano.

-Ahora estoy viva... puedo ayudarte a superar esto.

Sam asintió y apretó fuerte su mano. La mirada de ambos fue a parar al cuerpo de Alex, cuya alma en ese momento se estaba encontrando con la de James, que lo esperaba con los brazos abiertos y una gran sonrisa, acompañada de unos ojos llenos de lágrimas. Alex fue hacia él y ambos se fundieron en un gran abrazo, por fin juntos. Siempre juntos. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Capítulo Nueve: Inmortalidad.


Tenían muchas cosas que hacer. Kendra le dio a James una dirección, una dirección donde se suponía que ahí estaba la espada que acabaría con Alice, la última y más poderosa de las brujas malignas. Alex se ofreció a acompañarlo y ambos salieron a toda prisa, deseando estar solos pero sin saber de que hablar. Sam se puso a cocinar, le explicaron toda la historia de la resurrección y que Cameron y Nathan eran Alex y James, después de eso su semblante se tornó serio y no volvió a decir nada. Quería tener la mente y las manos ocupadas así que se puso a hacer lasaña, al cabo de un rato Kendra salió de la ducha y, envuelta en una toalla, fue a hacerle compañía a Sam. Se sentó en la encimera y se lo quedó mirando, imaginando lo que pasaba por su mente.

-Estás preocupado por Alex, ¿verdad? Tienes miedo de que después de toda esta historia se quede con James y no contigo.

Sam frunció el ceño, eso es exactamente lo que le preocupaba.

-Estoy seguro de que va a dejarme... en cuanto recuerde toda la historia seguro que me deja para irse con él.

-Tienes que entender que se amaban con locura... y todo esto pasó hace muchísimo tiempo...

-Lo sé... -Sam suspiró y siguió cocinando.

Lejos de allí, en un extraño almacén, estaban James y Alex, buscando la caja que contiene la espada. Alex estaba deseando hablar con James, pero no le salían las palabras, no sabía que decirle.

-James... -empezó.

-¿Si?- James estaba con la mente ocupada en encontrar la espada.

-Lo siento. Lamento todo lo que ha pasado.

James se paró en seco y lo miró.

-No te preocupes Alex...

Alex se acercó a él y lo agarró de la mano, ya no sentía la corriente eléctrica que los recorrió cuando se tocaron por primera vez. Pensó en preguntarle a Kendra sobre eso cuando regresaran.

-Todo es por mi culpa... una bruja me hechizó... te maté... lo siento tanto...

-Te he odiado durante tanto tiempo... y en unos segundos todo ese odio desapareció al saber por fin la verdad...- James suspiró y lo abrazó.

-Nunca te haría daño, lo sabes ¿no? -Alex lo miró a los ojos, con la tristeza en los suyos.

En lugar de contestarle, James agarró su barbilla con el pulgar y el dedo índice y posó sus labios sobre los de él, dándole un tierno y suave beso. Alex le siguió el beso agradecido, una parte de su mente se preocupaba por Sam, pero el resto solo quería más. Lo empujó suavemente contra una estantería y profundizó el beso. James comenzó a bajarle la cremallera de la chaqueta y se la quitó, dejándola caer a un lado. Posó sus manos en la nuca de Alex y lo besó con más ganas. Sabía que les quedaba poco tiempo juntos y quería aprovecharlo al máximo. Acarició los bordes de su camiseta y la levantó poco a poco hasta quitársela, besó su cuello lentamente y acarició su torso con suavidad. Alex se deshizo rápidamente de la camiseta de James y comenzó a desabrochar sus pantalones. Se besaron apasionadamente durante mucho tiempo.
Una hora después salieron del almacén, despeinados y con las camisetas intercambiadas, y lo mejor: con la espada envuelta en la chaqueta de Alex. Volvieron a la casa de Sam todo lo rápido que pudieron, cuando llegaron se encontraron a Sam y Kendra cenando, ésta con un pijama de Sam puesto. En cuanto los vio se levantó rápidamente y fue hacia ellos.

-¿La encontraron?

James sonrió y asintió, dándole la espada. Alex miraba a Sam y la culpabilidad lo azotó de golpe. Sam lo miraba deprimido, y se deprimió aún más al ver que llevaban la camiseta del otro. Se levantó apartando su plato y se encerró en su habitación. Alex miró de soslayo a James y siguió a Sam. James frunció los labios y fijó su atención en Kendra, que observaba la espada fascinada.

-Aún no me has dicho por qué Alice sigue con vida.

-El resto de la hermandad y yo estuvimos siglos cazando a las brujas, pero a medida que ellas morían algunos de los nuestros desaparecían. Habré matado a unas cincuenta brujas, pero Alice es poderosa. Conseguía hacerse con algunos miembros de la Hermandad y absorbía su poder, quitándoles su inmortalidad y haciéndose más inmortal ella. Hace unos doscientos años las brujas encontraron nuestro refugio y destruyeron todas las espadas y los hechizos que nos mantenía unidos. Desde ese entonces he estado buscando a algún miembro, Alex es el primero que me encuentro desde entonces.

-Ahora tienes una oportunidad de acabar con Alice y vengar a tus otros compañeros. Es ahora o nunca, Nathan. Alice no puede seguir existiendo.

-Lo sé... pero Alex no sabe luchar con espadas, y no me veo capaz de matarla yo solo.

-No la matarás tu solo, con tu habilidad y mi magia seremos capaces de derrotarla. Ahora ve a descansar. Mañana será el gran día.

James asintió y salió de la casa. Quiso despedirse de Alex pero sabía que estaba hablando con Sam y prefirió no hacerlo. Más que hablar, Alex y Sam mantenían una discusión acalorada.

-¡No lo entiendes Sam! ¡No es lo que tu crees!

-¡Estás enamorado de él! ¡Haz jugado conmigo todo este tiempo!

Alex se frustró y lo empujó sobre la cama, inmovilizándolo.

-Sam Fletcher: antes de conocerte estaba convencido de que era heterosexual. Tu has sido el primer chico con el que me he acostado, has sido el primer chico que me ha gustado. Yo no amo a James, eso lo hace mi yo del pasado. Mi yo del presente te quiere a ti... No sé como explicártelo, es como si estuviera dividido.

-¿Me... me quieres?- Sam lo miraba lloroso.

-Mucho, te quiero mucho. James y yo solo somos amigos, entiéndelo por favor.

-Pero te has acostado con él...

-No fui yo, fue Cameron...- Alex suspiró y se quitó de encima. Sam agarró su brazo impidiendo que se separara.

-Duerme conmigo... Kendra dice que mañana es un día muy especial, vamos a ir a por Alice.

-Vale... -Alex se tumbó a su lado, abrazándolo. Sam lo abrazó y lo miró dormir. Cuando el reloj mostró las 0:00 los ojos de Sam se volvieron completamente negros y al segundo estaban normales. Lo último que vio Sam antes de caer dormido fue el calendario, era 16 de mayo.

Kendra los despertó al amanecer, llamó a James y éste estaba de camino. Había hecho un hechizo de localización y sabía donde estaba Alice. Era ahora o nunca. James llegó y desayunaron todos juntos, planeando el ataque. Alice estaba en la casa de donde se escaparon los tres chicos el otro día. El plan de Kendra era sencillo, tenderle una emboscada. A todos los chicos les parecía bien así que se prepararon, agarraron el coche de la madre de Alex y Sam condujo hacia aquella casa. A todos les trajo malos recuerdos, pero estaban listos. El Sol ya estaba algo alto cuando bajaron del coche, todos se miraron a la cara, nerviosos. La noche anterior hubo luna llena, Kendra consiguió hacer la poción para Alex y éste la bebió antes de que la luna se ocultara. Se sentía raro, y deseoso de entrar en acción. Lenta y sigilosamente caminaron hacia la casa, todos estaban armados. James con la espada, Alex con cuchillos para lanzar, Sam con un bate y una navaja y Kendra con su magia. Encontraron una ventana abierta y se colaron en el interior de la casa.

-Hay que inspeccionar la casa- susurró Kendra lo más bajo que pudo.- Alex, tu vienes conmigo a explorar esta planta. James, Sam, ustedes van a la planta de arriba. Sean sigilosos y por favor, tengan cuidado.

Todos asintieron. Alex quiso despedirse, por si acaso, pero no quería besar a Sam delante de James, y una parte de él deseaba abalanzarse sobre James y no dejarlo ir, pero tuvo que contenerse y verlos a ambos marchar escaleras arriba.
Él y Kendra inspeccionaron la planta baja, encontraron un pequeño estudio pero no vieron nada de interés, tampoco en la cocina ni en el comedor.

-Hoy es el cumpleaños de James... -empezó diciendo Alex, acabando de acordarse- ¿qué debo regalarle?

Kendra miraba unos libros de magia negra distraída.

-No lo sé, ¿una consola? ¿Qué hacéis los jóvenes de hoy en día?

-Jugar con consolas, hacer deporte... de todo un poco.

-Hum... ¿cuántos años cumple? -dejó el libro que estaba mirando y agarró otro.

-18- contestó Alex mirando alrededor. Tenía un mal presentimiento y no sabía por qué, un ruido lo hizo darse velozmente la vuelta preparado para lanzar un cuchillo.

Kendra estaba de pie donde estaba antes, pero el libro que tenía sobre sus manos se había caído y estaba más pálida que la pared.

-¿Hoy es 16 de mayo? ¿Hoy cumple James 18 años?

Le temblaba la voz un montón y parecía a punto de llorar.
-Si, ¿por qué? -Alex la miraba extrañado.

-Alex... la poción de la inmortalidad... tiene un gran fallo.

Alex empalideció poco a poco.

-¿Qué fallo?

Kendra tragó saliva y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-La primera vez que uno muere... es la fecha que morirá el resto de sus vidas siguientes.

-Pero...- Alex se dio cuenta de lo que quería decir y sintió que le vaciaban un balde de agua helada encima.

-Alex... Nathan murió el día de su cumpleaños... cuando cumplía 18 años...

Esas palabras bastaron a Alex para salir corriendo del estudio, sin importarle el sigilo, sin importarle Alice. Solo James. Subió las escaleras de tres en tres seguido por Kendra.

-¡James! ¿¡Dónde estás?!

-¡Aquí!

Oyó la voz de James que venía de una puerta a su izquierda y corrió hacia ella abriéndola de golpe. Con el corazón a mil por hora dio un rápido vistazo hasta ver a James, parecía estar bien y miraba a Alex preocupado. Pero Alex se quedó paralizado mirando a Sam, que estaba detrás de James. Los ojos de Sam estaban negros como la noche. <Hechizado> pensó Alex.

-¡James cuidado!


Alex se abalanzó hacia Sam pero no llegó a tiempo. La navaja de Sam fue rápidamente conducida por su mano hacia el cuello de James, degollándolo. El suelo comenzó a empaparse de sangre y James, con cara de sorpresa, cayó tendido sobre el suelo, con sus ojos mirando a la nada.

martes, 19 de noviembre de 2013

Capítulo Ocho: Ya falta poco.

Alex miraba a Kendra boquiabierto, era tal como la recordaba. Ni alta ni baja, rubia, ojos verdes y una sonrisa encantadora. A Sam se le escondían las cejas tras el flequillo de tan alzadas que las tenía y James la miraba con una sonrisa maliciosa. Ella los miraba a todos, y al mirar a Alex y James no pudo evitar sonreír.

-Los reconozco... Cameron... Nathan... cuanto tiempo sin vernos.

-¿Cameron y Nathan? A mi alguien va a tener que contarme toda esta historia- dijo Sam. Kendra lo miró y le dedicó una amable sonrisa.

-Señorita Duncan. -dijo James haciendo una leve reverencia- Necesitamos su ayuda contra nuestra enemiga de siempre.

-¿Otra vez Alice? ¿Todavía no habeis acabado con ella? Creé la Hermandad con ese propósito.

-Han pasado cosas que han evitado su muerte, pero es la última de las brujas malignas que queda con vida.

-Yo me estoy perdiendo... -dijo Alex- Es demasiada información, demasiadas preguntas sin respuestas.

-Eso es porque no he sido del todo sincero contigo, Alex. -dijo James, con cara de culpabilidad. Éste le lanzó una mirada asesina.

-¿Qué me has ocultado?

-No hay tiempo para esto- dijo Kendra- Cameron, tienes que saber toda la historia y te la haré saber. Y luego Nathan nos dirá por qué Alice sigue con vida.

Alex asintió y Kendra empezó a relatar la historia, y a medida que hablaba, Alex recordaba.

“Cameron y Nathan se despertaron, se levantaron y se vistieron, agarraron sus armas y fueron al bosque a seguir entrenando. Faltaba poco para las pruebas de la Hermandad y ambos deseaban ser seleccionados. Llegaron al sitio de siempre, junto al lago, y comenzaron a entrenar. Estaban bien adiestrados. Al anochecer pararon a descansar y refrescarse en el lago y unos pasos los alertó, miraron hacia el origen del ruido y vieron a Kendra, que caminaba hacia ellos sonriente.

-Vaya vaya chicos, habeis mejorado mucho, os he visto entrenar casi toda la tarde.

-Señorita Duncan- Cameron se levantó rápidamente y la saludó como se saludaba a las damas en esa época. - es un inmenso placer volver a verla.

Nathan no pudo evitar rodar los ojos y se acercó más a Cameron, buscando marcar territorio.

-El placer es mío, joven Cameron.

Cameron sonrió mirando a Kendra y viceversa. Nathan se dio cuenta y carraspeó.

-Me alegra el reencuentro y todo eso pero, Cam, tenemos que irnos ya.

La expresión de Kendra cambió y se acercó mas a Cameron, puso su mano sobre la sien izquierda de éste y cerró los ojos concentrada, al rato dio un salto y miró a éste preocupada.

-Has sido marcado... hay algo en tu cabeza... una bruja malvada te ha hechizado.

Nathan y Cameron fruncieron el ceño.

-¿Hechizado? No, eso es imposible.- dijo Cameron.

-¿Qué clase de hechizo? -preguntó Nathan.

Kendra se mordió el labio con preocupación y se dio la vuelta.

-Síganme, tenemos que ir a la cueva.

Dicho esto comenzó a andar con Nathan y Cameron pisándole los talones. Fueron velozmente hacia la cueva de la montaña donde una vez los chicos intentaron colarse en la reunión de la Hermandad y donde conocieron a Kendra, al menos Cameron, ya que Nathan estaba inconsciente. Entraron y ella fue directa a una hoguera que había en el centro de la cueva, puso un caldero sobre ella y comenzó a hacer una poción. Nathan se pegó a Cameron y agarró su mano, acariciándola. No sabía por qué pero tenía miedo, tenía el presentimiento de que algo horrible iba a pasar y quería pasar todo el tiempo posible junto a él. Cameron se sentía sucio, mancillado, una bruja lo había hechizado y no lograba recordar cuando ni por qué. Miraba atentamente a Kendra, esperando que ella pudiera encontrar una solución. Al cabo de un rato acabó de preparar la poción, puso las manos sobre ésta y comenzó a recitar. De sus manos salió una luz que fue a parar a la poción, luego sirvió un poco del mejunje en dos vasos y se los dio a los chicos para que la tomaran.

-Es la poción de la inmortalidad, la primera. Para hacer la segunda necesito la luna llena.

-¿No tenemos que hacer las pruebas? -preguntó Nathan, bebiendo la poción.

-No hay tiempo, vosotros sois capaces de derrotar a las brujas, lo sé, y Cameron ha sido hechizado, un hechizo de obediencia. La bruja te ha mandado hacer algo y cuando cumplas tu cometido el hechizo se deshará.

-¿Derrotar a las brujas? -preguntó Cameron- ¿Para eso es la Hermandad? ¿Nos estás convirtiendo en guerreros cazadores de brujas?

-Si, lamento no haberlo dicho antes. ¿Influye en vuestra decisión?

-Para nada. -dijo Nathan, seguro- Si una bruja ha hechizado a Cam estaré encantado de rebanarle la cabeza.

-Me alegra oír eso- Kendra suspiró aliviada.

-¿Y no puedes hacer nada para romper el hechizo? -preguntó Cameron, vaciando su vaso de un trago.

-Lo siento... pero no puedo.

-La luna llena es el día anterior a mi cumpleaños, y es la semana que viene. ¿Ahí nos harás completamente inmortales? -dijo Nathan

Kendra asintió y Nathan suspiró aliviado. <<Si pasa algo malo, al menos estaré junto a Cameron para siempre>> pensó.

-Debemos irnos ya... -dijo Cameron dejando su vaso.- Gracias por todo, cumpliremos con nuestro cometido de acabar con las brujas.

-Gracias Cameron, y tened cuidado. Si morís antes de que haga la segunda poción vuestra alma se perderá, no recordareis nada. Seguiréis siendo cazadores de brujas pero no recordareis lo que sois.

-Gracias por el aviso- dijo Nathan dejando su vaso. Volvió a agarrar la mano de Cameron y ambos salieron de la cueva, caminando hacia su cabaña.

Al entrar en la cabaña Nathan se lanzó a los brazos de Cameron y éste le devolvió el abrazo, confuso.

-Nate... ¿qué ocurre?

-Tengo un mal presentimiento, Cam. -lo abrazó más fuerte-

-¿Por lo del hechizo? No te preocupes amor... todo saldrá bien.

-Eso espero...

Ambos se enlazaron en un apasionado beso, que acabó en la cama.”

Alex volvió a la realidad y Kendra seguía relatando la historia.

-Una semana después de eso, la noche del 15 de mayo hice la segunda poción, Nathan no quiso beberla hasta que llegara Cameron, pero éste nunca apareció. Al final, obligado por mi, la bebió. Nunca hemos sabido por qué no apareciste esa noche.- dijo Kendra mirando a Alex- ¿No consigues recordar qué estabas haciendo esa noche?

Alex negó con la cabeza.

-Sigue con la historia- dijo Sam, el cual estaba comiendo palomitas.

-Pues bueno, a la noche siguiente era el cumpleaños de Nathan, cumplía 18 años. Todos lo felicitaban pero él solo podía pensar en una cosa, en su amor desaparecido, en Cameron. Sin ganas de hacer nada se quedó en su cabaña todo el día. Yo fui a visitarlo y le llevé un regalo, una espada hechizada por las brujas buenas, una espada capaz de matar a una bruja mala. Nathan me lo agradeció, deprimido. Iba a irme pero comenzó a diluviar y me invitó a dormir en la cama de Cameron mientras él dormía en la suya. Acepté gustosamente su invitación. Esa noche... esa trágica noche salió a la luz el hechizo de Cameron, la orden que le dieron. La cabaña estaba silenciosa, dormíamos. Sigilosamente se abrió la puerta y apareció Cameron y... cuchillo en mano... le cortó el cuello a Nathan.

Alex empalideció hasta quedar blanco como un papel y James igual. Ambos eran incapaz de mirarse.

-Yo lo vi todo- prosiguió Kendra- el ruido me despertó y vi como Cameron quedaba libre de su hechizo tras cumplir la orden. Al ver lo que había hecho... enloqueció de dolor. Intentó salvar a Nathan pero era demasiado tarde... intenté impedirlo, pero roto como estaba de dolor... se suicidó. Se clavó el cuchillo en el corazón.

La habitación estaba silenciosa, nadie era capaz de articular palabra. James estaba pálido como un muerto y los ojos de Alex estaban anegados en lágrimas. Sam miraba a Kendra boquiabierto.

-Entonces... fue por eso... fue por eso por lo que me mató... -dijo James tras un largo rato de silencio. Miró a Alex con la culpabilidad en el rostro.- Te he odiado todos estos siglos, pensando que nunca me amaste, pensando por qué me habías matado... y todo fue por un hechizo...

Alex era incapaz de articular palabra, tras un rato miró a Kendra.

-¿Si te revivimos puedes hacer la poción que me hará recordar? ¿La poción que no me tomé?

-Si, por supuesto, esta noche hay luna llena... -miró a James- ¿Sabes como resucitarme?

Éste asintió, aún pálido, y se puso manos a la obra. Miró a Sam.

-Tráeme un cuchillo.- Éste asintió y fue a la cocina, volviendo tras unos segundo con un cuchillo en la mano y se lo dio a James sin decir nada.

James suspiró y se cortó en la palma de la mano, cerró el puño y dejó caer las gotas de sangre en el centro de la estrella, miró el libro que había traído y comenzó a recitar otra vez, acompañado de Kendra. Alex se encontraba cada vez peor, tanta información lo había mareado y no sabía por qué, pero su afecto por James aumentó considerablemente, como si cada vez que recordaba algo era más Cameron y menos Alex. James seguía con el ritual y al cabo de un rato el fuego de las velas creció bastante, los cristales de las ventanas estallaron y el frío de la calle entró apagando las velas. Todo se quedó oscuro y en silencio. Sam corrió a abrir la persiana y la luz del día iluminó la estancia. Todo el suelo estaba lleno de cristales y en medio de la estrella estaba Kendra, desmayada, y James a su lado, intentando despertarla. Al cabo de un rato ésta abrió los ojos, al principio mareada y luego sonrió, agarró la mano de James y rió eufórica al notar su tacto. Se levantó con esfuerzo y los miró a todos con una sonrisa.

-Empieza el juego.



martes, 12 de noviembre de 2013

Capítulo Siete: Mentiras.


Alex y James seguían besándose en el sofá de Sam, Alex quería parar esa locura, pero no encontraba la fuerza para hacerlo. Al final, el sonido de la puerta del baño abriéndose fue lo que hizo que ambos se separaran de un salto. Por suerte, Sam parece que no se enteró de nada. Salió del baño con una toalla envolviendo su cintura y fue hasta la cocina, buscando algo de comer. Alex fue hacia él, buscando entablar conversación, y James se quedó en el sofá, tocándose los labios pensativo. Afuera ya amaneció y algunos rayos de Sol entraban por la ventana. Sam y Alex estaban hablando cuando James se levantó, impaciente, y fue hacia ellos.

-¿Y bien? ¿Que hacemos ahora?

Alex evitó mirarlo a toda costa, se preparó un café y esperó a que respondiera Sam, ya que él se estaba preguntando lo mismo. Sam miró a James y se mordió el labio pensativo.

-Pues no lo sé... si aquella mujer nos encontró una vez, algo me dice que lo hará de nuevo.

James frunció el ceño.

-¿Y nos quedaremos de brazos cruzados hasta que nos encuentre? ¿Ese es el plan?

-¿Tienes un plan mejor?- preguntó Alex sin mirarlo.

-Si, siempre hay un plan B.

-¿Y cuál es?- Sam alzó una ceja mirando a James.

-La guerra.- respondió éste con su típica sonrisa maliciosa.

-¿Piensas luchar contra ella?

-Yo solo no, tú vendrás conmigo. -dijo señalando a Alex. Éste lo miró sorprendido y se atragantó con el café.

-¿Yo? ¿Por qué yo?

-Ya oíste lo que dijo la bruja, los de la Hermandad estamos destinados a cazarlas.

-Ya- Alex rodó los ojos- Pero yo no se luchar.

-Yo te enseñaré- dijo Sam, mirándolo. -Se me da bien.

Alex miró a uno y a otro y dejó la taza de café sobre la encimera. Se tomó un minuto para procesar todo eso.

-¿Estais hablando en serio? ¿Vais a ir a cazar a esa bruja? ¡Es más poderosa que nosotros!

-Nosotros tenemos algo que ella no tiene- dijo James, tranquilo.

-¿Ah si? ¿Y qué es?

Él sonrió de lado y se cruzó de brazos, apoyándose en la encimera.

-A la gran bruja Kendra Duncan.

Alex lo miró atónito.

-¿Qué? ¡Dijiste que no sabías quien era!

-Mentí- se encogió de hombros.

Sam miraba a uno y a otro, como no entendía nada salió de la cocina y fue a su habitación a vestirse. Alex inspiró y expiró varias veces, intentando calmarse.

-¿Y bien? ¿Dónde está Kendra? Hazla venir cuanto antes.

-Kendra está muerta, hay que invocarla.

-¿Está muerta? ¿Y cómo pretendes que nos ayude a luchar contra Alice siendo un fantasma?- Alex comenzaba a perder la paciencia.

-Invocándola, y una vez que la invoquemos... revivirla.

-Revivirla- Alex bufó- ¿Desde cuando tienes el poder de resucitar a los muertos?

James rodó los ojos y se acercó a Alex, mirándolo a los ojos.

-Todavía hay cosas que no recuerdas, vas a tener que confiar en mí.

-Perdona si no me fío mucho de tí.- dijo éste fríamente. James se acercó mas a él hasta que estuvieron a pocos centímetros.

-Si no confiaras en mí antes me habrías apartado, no habrías dejado que te besara.

-¿Y cómo sabes eso?- Alex alzó una ceja.

-Porque eso es lo que haría Cameron.

-Yo soy Alexander, no Cameron.

-¿Ah si? -James se acercó más- ¿Entonces por qué no me apartaste?

-Quería comprobar que tal besabas- se encogió de hombros- Sam besa mejor- dijo a modo de reto.

James tensó los labios y lo miró enfadado, lo agarro del cuello de la camisa dispuesto a besarlo otra vez pero apareció Sam, poniéndose una camiseta.

-¿Ya hablaron sobre el plan B? ¿Al final que vamos a hacer? -dijo mirándolos. Al darse cuenta de la situación frunció el ceño.- ¿Qué ocurre?

James tensó más los labios y soltó a Alex, desde el punto de vista de Sam parecía que iba a pegarle.

-Vamos a resucitar a Kendra y pedirle que luche con nosotros.

Alex se arregló el cuello de la camisa, nervioso.

-¿Y cómo vamos a hacer eso?

-Yo tengo que ir a mi casa a por una cosa, ustedes quédense aquí y consigan sal- dijo James, caminando hacia la puerta.

Alex y Sam se miraron y se encogieron de hombros, James se fue cerrando de un portazo y Sam se acercó a Alex.

-¿Que pasó mientras me estaba vistiendo? Parecía que iba a pegarte.

-No pasó nada...-Alex se acercó a él y pasó las manos por su pecho, cariñoso- solo lo provoqué...

-¿Que le dijiste? -Sam acarició su mejilla y lo miró con un poco de preocupación. Alex carraspeó, intentando evitar el tema.

-Nada... será mejor que busquemos esa sal, su casa no está lejos y volverá pronto.

Se dio la vuelta para buscar en los armarios cuando Sam lo agarró del brazo acercándolo hacia si y lo besó. Alex, sorprendido y sonrojado, le siguió el beso enredando los dedos en su pelo. Ahora no era momento para dejarse llevar por el placer pero no lo podía parar. Sam lo pegó a la encimera y siguió besándolo, para al rato separarse y susurrarle en el oído:

-Todavía sabes a él.

Alex empalideció y Sam lo soltó, alejándose de él.

-Sam yo...

-¿En mi propia casa? ¿Enserio Alex?- lo miró más enfadado que nunca.

-Yo no fui, fué él... -lo miró entristecido- lo siento...

En ese momento entraba James por la puerta, con lo que parecía un libro muy antiguo. Sam lo primero que hizo al verle fue ir hacia él y tumbarlo de un puñetazo en la mandíbula. No le dió tiempo a reaccionar y cayó al suelo golpeándose la cabeza contra el bordillo de una silla. Alex se quedó helado y miró a Sam boquiabierto, éste miraba a James con odio.

-Vuelve a besar a Alex y esto será lo mínimo que te haré- dicho esto fue hacia un armario de la cocina y sacó el paquete de sal, lanzándoselo- haz lo que tengas que hacer y lárgate de mi casa.

James se mareó al golpearse en la cabeza y luego miró a Sam, se levantó como pudo y agarró la sal y el libro, ignorando a los otros dos. Apartó la mesa y las sillas y se puso a dibujar en el suelo con la sal lo que parecía una estrella encerrada en un círculo de fuego y hielo. Sam evitaba mirarlo para no tener otro arrebato de ira y Alex lo miraba mordiéndose el labio, sintiéndose culpable. Pero ahora no podía pensar en Kendra, ni en Alice, ni en la Hermandad. La pregunta que rondaba su mente era: ¿Sam o James?

-Necesito velas- dijo James, seco.


Sam fue a buscarlas y se las dio sin decir una sola palabra. James las encendió y las puso en cada punta de la estrella. Después abrió el libro y se puso a recitar. Las llamas de las velas aumentaron y ahora Alex prestaba toda su atención a lo que estaba sucediendo, incluso Sam dejó de poner cara de odio para mostrarse impresionado. Las persianas se cerraron solas para dejar la estancia solamente iluminada por las velas. Los granitos de sal comenzaron a elevarse lentamente y a arremolinarse, cada vez más rápido, dando la impresión de que estaban en un mini tornado. James estaba recitando en algo que parecía griego antiguo, Alex y Sam solo entendieron las dos últimas palabras: Kendra Duncan. Todos los granos de sal se esparcieron por toda la estancia cuando esas palabras fueron pronunciadas y en el centro del círculo apareció una figura, una belleza rubia de ojos verdes. Era Kendra, y los miraba a todos con una sonrisa angelical.