martes, 19 de noviembre de 2013

Capítulo Ocho: Ya falta poco.

Alex miraba a Kendra boquiabierto, era tal como la recordaba. Ni alta ni baja, rubia, ojos verdes y una sonrisa encantadora. A Sam se le escondían las cejas tras el flequillo de tan alzadas que las tenía y James la miraba con una sonrisa maliciosa. Ella los miraba a todos, y al mirar a Alex y James no pudo evitar sonreír.

-Los reconozco... Cameron... Nathan... cuanto tiempo sin vernos.

-¿Cameron y Nathan? A mi alguien va a tener que contarme toda esta historia- dijo Sam. Kendra lo miró y le dedicó una amable sonrisa.

-Señorita Duncan. -dijo James haciendo una leve reverencia- Necesitamos su ayuda contra nuestra enemiga de siempre.

-¿Otra vez Alice? ¿Todavía no habeis acabado con ella? Creé la Hermandad con ese propósito.

-Han pasado cosas que han evitado su muerte, pero es la última de las brujas malignas que queda con vida.

-Yo me estoy perdiendo... -dijo Alex- Es demasiada información, demasiadas preguntas sin respuestas.

-Eso es porque no he sido del todo sincero contigo, Alex. -dijo James, con cara de culpabilidad. Éste le lanzó una mirada asesina.

-¿Qué me has ocultado?

-No hay tiempo para esto- dijo Kendra- Cameron, tienes que saber toda la historia y te la haré saber. Y luego Nathan nos dirá por qué Alice sigue con vida.

Alex asintió y Kendra empezó a relatar la historia, y a medida que hablaba, Alex recordaba.

“Cameron y Nathan se despertaron, se levantaron y se vistieron, agarraron sus armas y fueron al bosque a seguir entrenando. Faltaba poco para las pruebas de la Hermandad y ambos deseaban ser seleccionados. Llegaron al sitio de siempre, junto al lago, y comenzaron a entrenar. Estaban bien adiestrados. Al anochecer pararon a descansar y refrescarse en el lago y unos pasos los alertó, miraron hacia el origen del ruido y vieron a Kendra, que caminaba hacia ellos sonriente.

-Vaya vaya chicos, habeis mejorado mucho, os he visto entrenar casi toda la tarde.

-Señorita Duncan- Cameron se levantó rápidamente y la saludó como se saludaba a las damas en esa época. - es un inmenso placer volver a verla.

Nathan no pudo evitar rodar los ojos y se acercó más a Cameron, buscando marcar territorio.

-El placer es mío, joven Cameron.

Cameron sonrió mirando a Kendra y viceversa. Nathan se dio cuenta y carraspeó.

-Me alegra el reencuentro y todo eso pero, Cam, tenemos que irnos ya.

La expresión de Kendra cambió y se acercó mas a Cameron, puso su mano sobre la sien izquierda de éste y cerró los ojos concentrada, al rato dio un salto y miró a éste preocupada.

-Has sido marcado... hay algo en tu cabeza... una bruja malvada te ha hechizado.

Nathan y Cameron fruncieron el ceño.

-¿Hechizado? No, eso es imposible.- dijo Cameron.

-¿Qué clase de hechizo? -preguntó Nathan.

Kendra se mordió el labio con preocupación y se dio la vuelta.

-Síganme, tenemos que ir a la cueva.

Dicho esto comenzó a andar con Nathan y Cameron pisándole los talones. Fueron velozmente hacia la cueva de la montaña donde una vez los chicos intentaron colarse en la reunión de la Hermandad y donde conocieron a Kendra, al menos Cameron, ya que Nathan estaba inconsciente. Entraron y ella fue directa a una hoguera que había en el centro de la cueva, puso un caldero sobre ella y comenzó a hacer una poción. Nathan se pegó a Cameron y agarró su mano, acariciándola. No sabía por qué pero tenía miedo, tenía el presentimiento de que algo horrible iba a pasar y quería pasar todo el tiempo posible junto a él. Cameron se sentía sucio, mancillado, una bruja lo había hechizado y no lograba recordar cuando ni por qué. Miraba atentamente a Kendra, esperando que ella pudiera encontrar una solución. Al cabo de un rato acabó de preparar la poción, puso las manos sobre ésta y comenzó a recitar. De sus manos salió una luz que fue a parar a la poción, luego sirvió un poco del mejunje en dos vasos y se los dio a los chicos para que la tomaran.

-Es la poción de la inmortalidad, la primera. Para hacer la segunda necesito la luna llena.

-¿No tenemos que hacer las pruebas? -preguntó Nathan, bebiendo la poción.

-No hay tiempo, vosotros sois capaces de derrotar a las brujas, lo sé, y Cameron ha sido hechizado, un hechizo de obediencia. La bruja te ha mandado hacer algo y cuando cumplas tu cometido el hechizo se deshará.

-¿Derrotar a las brujas? -preguntó Cameron- ¿Para eso es la Hermandad? ¿Nos estás convirtiendo en guerreros cazadores de brujas?

-Si, lamento no haberlo dicho antes. ¿Influye en vuestra decisión?

-Para nada. -dijo Nathan, seguro- Si una bruja ha hechizado a Cam estaré encantado de rebanarle la cabeza.

-Me alegra oír eso- Kendra suspiró aliviada.

-¿Y no puedes hacer nada para romper el hechizo? -preguntó Cameron, vaciando su vaso de un trago.

-Lo siento... pero no puedo.

-La luna llena es el día anterior a mi cumpleaños, y es la semana que viene. ¿Ahí nos harás completamente inmortales? -dijo Nathan

Kendra asintió y Nathan suspiró aliviado. <<Si pasa algo malo, al menos estaré junto a Cameron para siempre>> pensó.

-Debemos irnos ya... -dijo Cameron dejando su vaso.- Gracias por todo, cumpliremos con nuestro cometido de acabar con las brujas.

-Gracias Cameron, y tened cuidado. Si morís antes de que haga la segunda poción vuestra alma se perderá, no recordareis nada. Seguiréis siendo cazadores de brujas pero no recordareis lo que sois.

-Gracias por el aviso- dijo Nathan dejando su vaso. Volvió a agarrar la mano de Cameron y ambos salieron de la cueva, caminando hacia su cabaña.

Al entrar en la cabaña Nathan se lanzó a los brazos de Cameron y éste le devolvió el abrazo, confuso.

-Nate... ¿qué ocurre?

-Tengo un mal presentimiento, Cam. -lo abrazó más fuerte-

-¿Por lo del hechizo? No te preocupes amor... todo saldrá bien.

-Eso espero...

Ambos se enlazaron en un apasionado beso, que acabó en la cama.”

Alex volvió a la realidad y Kendra seguía relatando la historia.

-Una semana después de eso, la noche del 15 de mayo hice la segunda poción, Nathan no quiso beberla hasta que llegara Cameron, pero éste nunca apareció. Al final, obligado por mi, la bebió. Nunca hemos sabido por qué no apareciste esa noche.- dijo Kendra mirando a Alex- ¿No consigues recordar qué estabas haciendo esa noche?

Alex negó con la cabeza.

-Sigue con la historia- dijo Sam, el cual estaba comiendo palomitas.

-Pues bueno, a la noche siguiente era el cumpleaños de Nathan, cumplía 18 años. Todos lo felicitaban pero él solo podía pensar en una cosa, en su amor desaparecido, en Cameron. Sin ganas de hacer nada se quedó en su cabaña todo el día. Yo fui a visitarlo y le llevé un regalo, una espada hechizada por las brujas buenas, una espada capaz de matar a una bruja mala. Nathan me lo agradeció, deprimido. Iba a irme pero comenzó a diluviar y me invitó a dormir en la cama de Cameron mientras él dormía en la suya. Acepté gustosamente su invitación. Esa noche... esa trágica noche salió a la luz el hechizo de Cameron, la orden que le dieron. La cabaña estaba silenciosa, dormíamos. Sigilosamente se abrió la puerta y apareció Cameron y... cuchillo en mano... le cortó el cuello a Nathan.

Alex empalideció hasta quedar blanco como un papel y James igual. Ambos eran incapaz de mirarse.

-Yo lo vi todo- prosiguió Kendra- el ruido me despertó y vi como Cameron quedaba libre de su hechizo tras cumplir la orden. Al ver lo que había hecho... enloqueció de dolor. Intentó salvar a Nathan pero era demasiado tarde... intenté impedirlo, pero roto como estaba de dolor... se suicidó. Se clavó el cuchillo en el corazón.

La habitación estaba silenciosa, nadie era capaz de articular palabra. James estaba pálido como un muerto y los ojos de Alex estaban anegados en lágrimas. Sam miraba a Kendra boquiabierto.

-Entonces... fue por eso... fue por eso por lo que me mató... -dijo James tras un largo rato de silencio. Miró a Alex con la culpabilidad en el rostro.- Te he odiado todos estos siglos, pensando que nunca me amaste, pensando por qué me habías matado... y todo fue por un hechizo...

Alex era incapaz de articular palabra, tras un rato miró a Kendra.

-¿Si te revivimos puedes hacer la poción que me hará recordar? ¿La poción que no me tomé?

-Si, por supuesto, esta noche hay luna llena... -miró a James- ¿Sabes como resucitarme?

Éste asintió, aún pálido, y se puso manos a la obra. Miró a Sam.

-Tráeme un cuchillo.- Éste asintió y fue a la cocina, volviendo tras unos segundo con un cuchillo en la mano y se lo dio a James sin decir nada.

James suspiró y se cortó en la palma de la mano, cerró el puño y dejó caer las gotas de sangre en el centro de la estrella, miró el libro que había traído y comenzó a recitar otra vez, acompañado de Kendra. Alex se encontraba cada vez peor, tanta información lo había mareado y no sabía por qué, pero su afecto por James aumentó considerablemente, como si cada vez que recordaba algo era más Cameron y menos Alex. James seguía con el ritual y al cabo de un rato el fuego de las velas creció bastante, los cristales de las ventanas estallaron y el frío de la calle entró apagando las velas. Todo se quedó oscuro y en silencio. Sam corrió a abrir la persiana y la luz del día iluminó la estancia. Todo el suelo estaba lleno de cristales y en medio de la estrella estaba Kendra, desmayada, y James a su lado, intentando despertarla. Al cabo de un rato ésta abrió los ojos, al principio mareada y luego sonrió, agarró la mano de James y rió eufórica al notar su tacto. Se levantó con esfuerzo y los miró a todos con una sonrisa.

-Empieza el juego.



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