martes, 27 de mayo de 2014

Capítulo 6.

Salazar se quedó helado, incapaz de reaccionar. ¿Por qué lo besaba? No entendía nada, pero Klaus seguía allí, besándolo. No podía entenderlo, así que usando toda la fuerza de voluntad del mundo, apartó a Klaus lentamente.

-Klaus... ¿qué te ocurre?

Éste se mordió el labio y se apartó un poco, mirándolo avergonzado y triste.

-Salazar... he sido un idiota. Un completo idiota.

Salazar se incorporó y puso una mano sobre el hombro de su amigo.

-Cuéntame que te pasa.

Klaus suspiró y cerró los ojos.

-Verás... cuando desapareciste... creí que me volvía loco. La noche anterior estuve dándole muchas vueltas a lo que había sucedido y estaba dispuesto a ignorar lo que había pasado y continuar nuestra amistad como siempre... pero desapareciste... tus padres no hicieron nada para encontrarte, pero yo... moví cielo y tierra buscándote. Elijah y Finn me vieron tan desquiciado que me ayudaron unas cuantas veces, pero nunca tuvimos suerte. Hice carteles de “Se busca” y los colgué por todo mi poblado y el tuyo... al final Mikael cedió a las súplicas de Rebekah para que ayudara a encontrarte y convenció a ambos poblados de deshacernos del bosque que nos separaba. Todos estábamos convencidos de que estarías escondido entre los árboles, pero no era así. Yo me sentía tan culpable... y al perderte de esa forma me di cuenta, Salazar.

-¿Te diste cuenta de qué?

-De que... lo que tú sentías por mí lo sentía yo por ti... y lo siento mucho.

-¿Qué es lo que sientes, Nik?

Salazar alzó la mano y acarició la mejilla de Klaus, se le veía muy echo polvo.

-Siento mucho no haberme dado cuenta antes... si lo hubiera sabido antes... no habrías desaparecido... habríamos sido felices todos estos años...

Una lágrima se derramó de sus ojos y Salazar se la limpió con delicadeza.

-No te preocupes Nik... no es culpa tuya...

Klaus respiró hondo y sacudió la cabeza.

-Soy un idiota, lo siento... sé que ya no sientes lo mismo por mí, pero no pude evitarlo.

-¿Y quién te ha dicho que ya no siento lo mismo?

Klaus se quedó en silencio mientras procesaba lo que acababa de oír y luego miró a su amigo, confuso.

-¿Es que todavía...?

Salazar puso un dedo sobre sus labios haciendo que se callara. No quería más palabras. Había estado esperando este momento casi toda su vida. Se acercó poco a poco a Klaus y se sentó encima de él. No quería apresurarse, pero no podía evitarlo, su cuerpo tenía vida propia, ya no seguía las órdenes de su cerebro. Se inclinó lentamente sobre él y depositó un tierno beso en su frente, luego besó su nariz de la misma forma, luego sus mejillas, y por último sus labios. Ambos estaban tensos, pero intentaban disimularlo. Klaus llevó una de sus manos a la nuca de Salazar y comenzó a acariciarla, siguiendo su beso, disfrutando de la calidez de sus labios. Se deseaban muchísimo, pero se amaban mucho más que eso. Cada beso, cada caricia, cada suspiro, cada susurro... estaba impregnado del más puro y sincero amor. Salazar quitó con lentitud la camisa de Klaus y éste quitó la suya para luego pasar sus manos por sus firmes músculos. Se pegaron más el uno al otro y Klaus comenzó a besar con lentitud el cuello del otro mientras desabrochaba su pantalón y lo tumbaba para quitárselo. Salazar se puso como un tomate al quedar desnudo y se deshizo de los pantalones de Klaus con algo más de rapidez. El otro chico se puso igual de rojo y volvieron a juntar sus cuerpos, volvieron a acariciarse, y volvieron a besarse. Ya nada importaba, solo ellos. Cuando se conocieron Salazar tenía doce años y Klaus diez. Ahora Salazar tenía veintisiete y Klaus veinticinco, e iban a hacer el amor. A pesar de que Salazar era el mayor, no quería tomar las riendas, así que puso a Klaus sobre él para que tomara el mando, y juntos, durante toda la noche, bailaron la danza más antigua de todas.

A la mañana siguiente Salazar sonrió nada más despertarse, pues notaba como los brazos de Klaus se cerraban protectoramente alrededor de él. Abrió lentamente los ojos y los tuvo que entrecerrar, pues la luz del Sol iluminaba toda la habitación. Notaba el aliento de Klaus sobre su nuca y eso provocó que se le erizaran los pelos. Con cuidado de no despertarlo se deshizo de su abrazo y se levantó de la cama, caminando hacia la ventana. La abrió y sacó la cabeza por ella, respirando una gran bocanada de aire. Por la posición del Sol ya debía de haber pasado la hora de almorzar, lo que suponía que era tarde, así que se acercó a despertar a Klaus.

-Eh... Nik... despierta...

Lo sacudió lentamente, pero eso bastó para que Klaus se despertara de golpe, con los colmillos sobresaliendo de forma exagerada de la fila de dientes y con los ojos rojos. Salazar dio un grito y se alejó de él, cayéndose de la cama. No podía creer lo que veía. Klaus miraba alrededor como esperando un ataque, pero al darse cuenta de donde estaba y con quién, se relajó y su rostro volvió a la normalidad.

-Salazar...

Se levantó de la cama y caminaba lentamente hacia él, preocupado. Salazar se alejaba arrastrándose de espaldas, buscando su varita sin apartar la mirada de Klaus, muerto de miedo.

-Salazar, por favor, soy yo...

-¡Aléjate de mí!

Salazar se levantó rápidamente tras visualizar su varita en la mesita de noche y se lanzó a por ella, pero fue obstaculizado por Klaus, quién lo tiró a la cama y lo inmovilizó.

-Cálmate Sly, no voy a hacerte nada, mírame.

Klaus lo miraba de forma muy preocupada, él también estaba asustado, no quería perder a Salazar, no por eso.

-Mi amor, escúchame, te lo contaré todo, pero tienes que calmarte, no voy a hacerte daño, yo jamás te haría daño. ¿Lo entiendes?

Salazar estaba desquiciado, se removía en la cama debajo de Klaus, intentando soltarse, pero no conseguía moverlo ni un centímetro.

-¿Qué eres...? ¿¡Qué eres!?


-Salazar... soy un vampiro.

miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo 5.


Ocho años después.


Una figura encapuchada, montada sobre un caballo negro, entraba lentamente en el fuerte que cubría un gran terreno. El poblado había cambiado mucho desde que Salazar Slytherin se había marchado hace ocho años. Decidió parar en una taberna, tenía que descansar y enterarse de las últimas novedades. Amarró a su fiel caballo, Bucéfalo, y entró en la taberna, aún cubierto por la oscura capa. Todos los presentes se quedaron en silencio en cuanto entró, y no era de extrañar. Corrían tiempos difíciles y cualquier forastero era señal de alarma, y más aquel forastero, ya que no mostraba su rostro y era alto y musculoso. El hombre encapuchado caminó con lentitud hacia la barra y pidió una habitación para pasar la noche. El tabernero, claramente intimidado, le dio la más limpia que tenía y le ofreció una cerveza, que el hombre aceptó con gusto.

-¿Qué ha pasado aquí?- Le preguntó al tabernero.- ¿Qué ha pasado con el bosque que separaba los dos poblados?

-Verá señor, hace unos años, un rico terrateniente llamado Mikael Mikaelson, que vivía en el poblado de al lado, convenció a ambos pueblos para talar el bosque y unir los pueblos como uno solo. Todos los hombres y niños colaboraron, y usaron la madera talada para construir el fuerte alrededor de ambas aldeas.

El encapuchado bufó en voz baja y bebió más cerveza.

-Sé quien es, he oído que su hijo pequeño Henrik ha muerto, ¿es eso cierto?

El tabernero asintió, y aunque había personas esperando para ser atendidas por él, éste seguía hablando con el misterioso forastero.

-En efecto, señor. Dicen que lo atacó un animal en el bosque que está al otro lado del fuerte.

-¿Qué clase de animal?

-Verá señor... cosas muy raras se escuchan por aquí últimamente... pero dicen que fue un lobo.

El forastero hizo una leve mueca y ocultó más la cara dentro de la capucha.

-¿Qué puedes decirme de los Slytherin? ¿Siguen viviendo aquí?

-Si señor, unas calles más arriba. Tenían un hijo, pero desapareció poco antes de cumplir diecinueve años, nunca más hemos sabido nada del joven Salazar. Ahora los Slytherin tienen una hija pequeña llamada Joanne, de seis años.

-Interesante... -Se acabó la cerveza.- ¿Qué puedes decirme de los Mikaelson?

-Los Mikaelson son como los reyes de la ciudad, han hecho grandes cosas por este lugar, son buena gente, si señor, es una pena lo del pequeño Henrik, el funeral fue hace casi dos meses.

-Una verdadera pena. ¿Sabe dónde viven?

-Si señor, en una gran casa al lado del río.

-Gracias, ha sido usted muy amable.

El encapuchado se levantó y todos volvieron a mirarle, éste agarró sus cosas y caminó hacia la habitación que el tabernero le había asignado. Se sentía raro estar de nuevo en casa, y por como habló de él... no quería ni imaginar como se pondría todo el poblado si supieran que Salazar Slytherin había vuelto. Salazar suspiró y se quitó la ropa, llenó la bañera de madera de agua caliente que le habían dejado en la habitación y se dio un relajante baño, pensando en todo. Hacía ocho años había abandonado aquel lugar y se había jurado no volver, pero en cuanto llegó a sus oídos que un Mikaelson había caído no pudo evitar pensar en Klaus, en su dolor. Debía de estar sufriendo, o a lo mejor no, habían pasado años, a lo mejor el hombre al que estaba a punto de visitar no era el mismo. Cerró los ojos y suspiró, no queriendo pensar en eso. Todavía amaba a Klaus, y la sola idea de verle le hacía sentir todo un zoológico en el estómago. Pasado un rato salió de la bañera, se puso unas ropas oscuras y limpias y había mandado a que limpiaran su capa negra, así que también se la puso, no quería que nadie lo reconociera. El encapuchado salió de la taberna y puso rumbo a la casa de los Mikaelson, nervioso. La casa estaba apartada de las otras, había luz en el interior y salía humo de la chimenea, todos debían de estar dentro. Salazar se quedó de pie a unos metros de la puerta, decidiendo si tocar o irse, y debía de pensar rápido, a nadie le haría gracia ver a una figura encapuchada de pie frente a su puerta sin hacer nada. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que no oyó que alguien se acercaba por detrás y posaba la punta de la espada entre los omóplatos de éste.

-Tienes cinco segundos para decirme quién eres y qué haces aquí, forastero.

A Salazar le dio un vuelco el corazón y se quedó aún más helado. Esa voz...

-Cinco, cuatro, tres, dos, uno...

El encapuchado se dio lentamente la vuelta mientras se baja la capucha para dejar ver su rostro mientras miraba al suelo. Primero vio sus botas marrones, luego fue subiendo la mirada por sus pantalones, su camisa, su pelo castaño claro... y luego sus ojos. El hombre dejó caer la espada de la impresión y ambos se miraron a los ojos fijamente sin decirse nada, solo observándose. Al cabo de un rato el que tenía la espada levantó el puño y le arreó un buen golpe en la mandíbula al que había sido su mejor amigo hacía ya tantos años.

-¡Ni una sola carta! ¡Ni siquiera una nota de despedida! ¡Todos pensábamos que estabas muerto! ¡Me pasé meses llorando por ti!

Salazar cayó al suelo a causa del golpe y miraba a Klaus desde allí, acariciándose la mandíbula.

-No fue cosa mía lo de marcharme, lo siento...

-¿¡Y por qué no escribiste!?

El que estaba en el suelo rodó los ojos y se levantó sacudiéndose la ropa.

-Llevamos ocho años sin vernos... ¿y lo primero que haremos será discutir?

Alzó una ceja y espero a que su amigo se calmara, al cabo de un rato Klaus se acercó a él y lo abrazó con fuerza, un abrazo que el otro hombre correspondió con ganas.

-Vamos Nik, te invito a un trago y te lo cuento todo.

Klaus asintió con la cabeza y ambos hombres caminaron de vuelta a la taberna, allí compraron una botella y se encerraron en la habitación de Salazar para tener más privacidad.

-Si no fue cosa tuya lo de marcharte entonces dime de quién fue.

Salazar se dejó caer sobre la cama y Klaus se tiró a su lado.

-Fue mi padre. La última noche que estuve aquí mi madre me... torturó. Mi padre no lo aguantó y al amanecer me ayudó a escapar.

-Vaya... lo siento mucho...

Ambos hombres se miraron a los ojos durante un rato y luego apartaron la mirada, incómodos. Los dos estaban pensando en lo mismo, en la última conversación que habían tenido hace ya ocho años, aunque Salazar se obligaba a no pensar en eso.

-Salazar...

Éste suspiró bajito y cerró los ojos.

-¿Si?

Abrió los ojos y solo le dio tiempo a ver como Klaus se inclinaba sobre él, juntando sus labios con los suyos.





martes, 8 de abril de 2014

Capítulo 4.


Klaus salió de la cama y se acercó lentamente a Salazar, comenzando a acariciarlo. Éste hacía grandes esfuerzos por mantenerse quieto y no bajar la mirada, pero le costaba demasiado. Deseaba a Klaus, lo deseaba con locura, pero sabía que no estaba bien, que debía darle el antídoto. Klaus acariciaba el pecho de Salazar y poco a poco comenzó a bajar las manos hasta su pantalón, intentando desanudar los cordones. Éste dio un respingo al notar los dedos del chico en esa zona y se alejó.

-Nik... no sigas.

Klaus frunció el ceño y volvió a acercarse.

-¿Qué ocurre Sly?

Salazar volvió a alejarse y sacó el frasco con el antídoto de su bolsillo.

-Tienes que beberte esto.

Le dio el frasquito a Klaus y se alejó más, con los ojos empapados en lágrimas. Éste miró el frasco extrañado, pero se encogió de hombros, lo abrió, y se bebió el contenido de un trago. Un par de lágrimas se deslizaban por las mejillas de Salazar mientras Klaus volvía en sí y miraba alrededor con el ceño fruncido.

-¿Pero qué demonios...?

Se dio cuenta de las velas, los pétalos, y de que estaba desnudo. Agarró rápidamente algo para taparse y miró a su amigo.

-Sly, ¿qué demonios ha pasado?

Éste seguía llorando en silencio, pero respiró hondo, se armó de valor y miró a su amigo.

-Nik... Nik... yo... estoy enamorado de ti... estoy locamente enamorado de ti...

La sangre huía del rostro de Klaus y éste se quedó pálido.

-¿Pero qué...? Joder... ¿desde cuando?

-Desde... joder... desde siempre.

Salazar se mordía tanto el labio que una gota de sangre surgió de él. Klaus suspiró y se dejó caer en la cama.

-Esto es una locura... eres mi mejor amigo, Sly.

-Lo sé, créeme que lo sé, pero no puedo controlar mis sentimientos, Klaus.

-Puedes intentarlo...

Klaus suspiró y evitó mirar a Salazar, mientras éste procesaba lo que acababa de oír.

-¿Quieres que olvide lo que siento por ti?- Susurró, dolido.

-Salazar, yo no puedo corresponderte.

-¡Sí que puedes, Klaus!

Dijo Salazar acercándose a él, temblando.

-¡Tú me quieres, lo sé! ¡Ayer casi nos besamos!

-¡Estaba borracho y me dejé llevar! ¡Yo solo te quiero como amigo, Salazar!

Salazar se quedó pálido, ya se lo había esperado, pero aún así había guardado una mínima esperanza de que su amigo correspondiera sus sentimientos. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas mientras sentía cómo su corazón se partía en mil pedazos. Klaus suspiró, apartó la mirada del rostro lloroso del que era su mejor amigo y comenzó a buscar su ropa para vestirse, luego cayó en la cuenta.

-Salazar... ¿por qué estoy desnudo?- Miró por la ventana.- ¿Y por qué cuando nos vimos era el amanecer y ahora es el atardecer?

Salazar estaba demasiado ocupado intentando no derrumbarse que no le prestó atención a su amigo.

-¡Eh!

Klaus lo agarró fuerte del brazo y le hizo volverse para estar cara a cara.

-¡Contéstame!

Lo sacudió agarrándolo de los hombros y éste reaccionó. Empalideció aún más sabiendo lo que tenía que confesar, así que se soltó de Klaus y se alejó un poco.

-Klaus, yo... te había dado una poción de amor... para que me amaras... pero me arrepentí en cuanto lo hice y por eso te he dado el antídoto... -Señaló el frasco vacío que había en el suelo.

-¿Has...? ¿¡Has usado tu magia contra mí!? ¿¡Cómo has podido!?

-¡Te amo, Klaus! -Salazar temblaba entero.- ¡No sabía que hacer!

-¡Ibas a violarme! -Klaus señaló la cama y los pétalos de rosa.

-En realidad todo esto lo preparaste tú... para mí...

Klaus bufó sonoramente y comenzó a vestirse, maldiciendo en voz baja.

-Me has decepcionado, Slytherin.

-Klaus... perdóname, por favor...

Salazar se acercó a él, suplicante.

-Apártate. -Dijo seco.- Ahora solo quiero estar solo, ¿te enteras?

Agarró el resto de su ropa y salió rápido de la cabaña, corriendo hacia su casa. Salazar se dejó caer lentamente al suelo y rompió a llorar como nunca antes lo había hecho. La había cagado. Había fastidiado la única amistad que tenía, había apartado de su lado al chico al que amaba y por el que daría la vida. Lo único que quería en ese momento era ser tragado por la tierra. Estuvo horas y horas allí, hasta la madrugada. Su madre le pegaría al llegar tan tarde, pero le daba igual, todo le daba igual ya. Tras llorar hasta deshidratarse se decidió a levantarse del polvoriento suelo y caminar hacia su casa, pero antes de irse observó toda la cabaña, todos los momentos vividos allí, los buenos recuerdos. Los ojos le picaron al querer derramar más lágrimas, pero eso no podía ser. Salazar apagó todas las velas y antes de apagar la última vio algo que le llamó la atención. Sobre la mesita de noche junto a la cama había un pequeño retrato de ellos dos que había dibujado el mismo Klaus. Salazar se acercó a mirar el dibujo más de cerca, se acordaba de haber visto a Klaus hacerlo, fue hace pocos años. Sacó el pergamino del marco de madera que hizo él mismo, se guardó el dibujo, apagó la última vela y salió de la cabaña. Como ya sabía que pasaría, su madre le lanzó la maldición Cruciatus cuando llegó a su casa mientras se oían los gritos de ambos en todo el poblado. El señor Slytherin sufría al ver así a su hijo, pero no intervino. Al cabo de un rato la madre se fue a dormir, no sin antes castigar a su hijo sin salir poniendo un hechizo de bloqueo en su puerta y ventana. Salazar, desdichado y dolorido, se dio un baño y se metió en la cama, estaba muy muy hambriento, pero no podía salir de su cuarto. Se dedicó a abrazar a Bon toda la noche mientras miraba por la ventana, sin poder dormir. Al amanecer, y con mucho sigilo, su padre rompió los hechizos que impedían abrir la puerta y la ventana y entró en el cuarto de su hijo con una gran bolsa en su espalda.

-Hijo mío, vamos, no hay tiempo.

Dejó la gran bolsa en su cama y le pasó ropa de su armario para que se vistiera. Salazar, muy extrañado, comenzó a vestirse mientras miraba a su padre.

-Padre, ¿qué ocurre?

Su padre lo miró nervioso y triste.

-Te vas a ir a vivir con tu tío, a la otra punta del país.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Ya eres un hombre hijo, y no tienes por qué aguantar esto. Sé que serás un gran mago, y este poblado se te queda pequeño. Haz lo que te digo, por favor.

Le pasó varios abrigos de piel a su hijo y este se los puso.

-¿Volveré a verte, padre?

-Algún día, hijo mío. Ahora vamos, tu madre no sabe nada de esto, ya he ensillado a tu caballo y te espera abajo, no hagas ruido.

Padre e hijo bajaron las escaleras y salieron de la casa. Salazar montó en el caballo mientras su padre le colocaba la gran bolsa detrás.

-En la bolsa he puesto ropa y mucha comida, el viaje será muy largo, ten cuidado y no te detengas.

Salazar asintió y de pronto miró al bosque que separaba su poblado del poblado de Klaus, pensando en él.

-<Te amo, Klaus Mikaelson, y juro que algún día volveré a por ti.>

Su padre alzó la mano y Salazar se la estrechó con gusto.

-Te quiero, padre. Le daré cálidos saludos a tu hermano de tu parte.

Sin decir nada más hundió los talones en los costados del caballo y éste emprendió un veloz galope, alejándose cada vez más de allí.


Pasaron días, meses, años... y nadie más volvió a saber nada de Salazar Slytherin.

sábado, 5 de abril de 2014

Capítulo 3.


El silbido del viento despertó a Klaus, miró alrededor adormilado y se dio cuenta de que estaba abrazando a su hermanita, ella debió de ir a su cama mientras él dormía. Afuera estaba amaneciendo, en unos pocos minutos su hermano Elijah iría a despertarlo para entrenar juntos. Se levantó con cuidado de no despertar a su hermana, se vistió y salió sigilosamente de la habitación. Elijah estaba afuera afilando las espadas, sereno como siempre. Klaus lo adoraba, su hermano era un hombre mucho más de admirar que su padre. Todavía le dolían los golpes que Mikael le había dado el día anterior por haber retrasado su vuelta a casa por la tormenta. Elijah levantó la cabeza al ver salir a su hermano y sonrió levemente.

-¿Preparado para entrenar, hermanito?

-Nací preparado, hermano.

Klaus agarró su espada y se puso en guardia, le encantaba pelear contra su hermano. Elijah casi no le dio tiempo de defenderse, pues ya estaba dando mandobles con la espada a los que Klaus apenas podía desviar. Eran buenos guerreros.
Una bella joven había salido de su casa y se sentó en el porche, observando la escena. Ambos hermanos, al verla, dejaron de luchar e inclinaron levemente la cabeza en su dirección. La chica era Tatia, y ambos sentían atracción hacia ella, Elijah más que Klaus. Tatia era una chica normal, con el pelo y los ojos marrones. Se levantó lentamente y fue hacia ellos, sonriendo.

-Buenos días, chicos. –Ella sonrió más a Elijah, eso provocó que Klaus agarrara la mano de la joven y dejara en ella un gentil beso.

-Buenos días, señorita Tatia.- Dijo éste.

Ella se sonrojó y Elijah carraspeó.

-¿Puedo preguntar qué hace despierta tan temprano?

Tatia sonrió y asintió.

-Debo admitir que hay algo que me quita el sueño, no he dormido muy bien.

-Vaya… sea lo que sea, espero que se solucione pronto.

Klaus soltó la mano de Tatia y dejó de prestar atención a la conversación, pues vio a Salazar entre los árboles, a lo lejos.

-Debeis disculparme. Hermano, Tatia, nos vemos luego. –Inclinó la cabeza en dirección de cada uno, dejó la espada junto a la de su hermano y salió corriendo hacia el bosque, buscando a Salazar.

-¿Salazar? ¡Salazar!

No recibía respuesta y comenzaba a impacientarse. Decidió volver a su casa cuando Salazar le saltó a la espalda y ambos cayeron al suelo, otra vez, Salazar encima de Klaus.

-¿Me echabas de menos, Nik?

Salazar estaba sonriendo y le brillaban los ojos, estaba un poco ebrio. Klaus miró su mano y vio una botella de Ron.

-Pero serás… ¿has estado bebiendo sin mí? –Dijo riendo y le quitó la botella, dando un gran trago.

Salazar miró fijamente lo que hacía Klaus, dejándolo beber. La noche anterior, cuando acabó de preparar la poción, vació media botella de ron y se la bebió, mientras echaba la poción en la otra mitad, y es la que se estaba bebiendo Klaus. Salazar lo amaba, lo amaba demasiado, pero era demasiado cobarde para decírselo, le daba demasiado miedo ser rechazado. Klaus seguía bebiendo el ron con la poción y poco a poco su mirada iba cambiando de normal a completamente enamorado. Se acabó todo lo que había en la botella y acarició la mejilla de Salazar.

-¿Te he dicho alguna vez lo guapo que eres? –Dijo, mirando a Salazar ensimismado. Éste suspiró y miró a Klaus medio con tristeza, medio con amor.

-Ojalá fueras tú y no la poción el que dijera eso…

Klaus rodó hasta acabar encima de Salazar y se inclinó hasta rozar sus labios con los de él.

-Si no me equivoco ayer nos quedamos en algo…

Salazar no respondió, solo se dedicó a acariciar la espalda del otro chico y mirarlo a los ojos.

-Eres perfecto…

Klaus sonrió y esa sonrisa provocó que Salazar se quedara sin respiración. Le encantaba la sonrisa de Klaus, era una de las cosas que había hecho que se enamorara de él.

-No soy tan perfecto como tú, Sly...

A Salazar se le llenaron los ojos de lágrimas, amaba a Klaus más que a nada en este mundo, y hechizarlo para hacer que Klaus lo ame a él le había roto el corazón, pero no pudo evitarlo.

-Nik...

Salazar susurró su nombre casi como un suspiro, apartó a Klaus con delicadeza y se levantó, sacudiéndose la ropa.

-He de hacer una cosa, Nik. Ahora vuelvo.

Klaus lo miraba sin comprender, con la misma expresión de enamorado que tenía desde que se bebió la poción.

-Te esperaré en nuestra cabaña, no tardes.

Salazar asintió y salió corriendo hacia su poblado, con los ojos anegados en lágrimas.

-<¿Qué he hecho? ¿Por qué le hice esto a mi mejor amigo? He de preparar el antídoto, ser valiente.> -Pensó mientras corría.

El Sol ya estaba en lo alto y él seguía corriendo. Al llegar a su casa ignoró por completo a su madre y bajó al sótano a preparar el antídoto con urgencia. Las manos le temblaban mientras rebuscaba en el armario de ingredientes y las lágrimas caían por sus mejillas. Al cabo de un rato tenía todos los ingredientes en la mesa y comenzó a hacer la poción, más concentrado que nunca. Tardó bastante en hacerla, el vapor que salía del caldero había encrespado todos sus pelos y una gota de sudor se deslizaba lentamente por su patilla, pero lo consiguió. El antídoto estaba preparado. Ignoró el hecho de que ya hacía rato que había pasado la hora de comer y que no comía nada desde el día anterior, vertió el antídoto en un pequeño frasco, lo guardó en su bolsillo y salió corriendo de su casa, de camino a la cabaña en el bosque. El trayecto era tan largo que cuando llegó el Sol ya había comenzado a ocultarse tras las montañas. Salazar entró en la cabaña y se quedó de piedra al ver el interior. Todo estaba lleno de velas rojas y pétalos de rosa, y Klaus estaba metido en la cama, desnudo, con una mirada pícara en su rostro.






martes, 1 de abril de 2014

Capítulo 2.

Klaus sonrió ampliamente, agarró la botella y le devolvió el abrazo.

-Gracias Slytherin.

Se abrazaron durante un rato y luego se separaron. Salazar hizo más magia para decorar toda la cabaña y Klaus lo miraba maravillado. Adoraba ver a su amigo haciendo magia. Abrieron la botella de ron y bebieron, charlaron y rieron durante toda la tarde. La lluvia se convirtió en tormenta y se acercaba la hora de que ambos regresaran a sus casas.

-No podemos salir durante esta tormenta.

-¿Y entonces que hacemos?

-No lo sé...

Guardaron silencio y ambos comenzaron a reír, se notaba que el alcohol ya estaba haciendo su efecto.

-Haz más magia, Sly.

-Tu madre Esther y su amiga son brujas, ¿por qué te maravilla tanto que yo haga magia?

-Porque tú haces una magia distinta.

Salazar suspiró sonriendo, se levantó sacando su varita y señaló a nada en concreto, concentrándose.

-¡Expecto Patronum!

De la punta de su varita surgió una gran luz plateada que fue cogiendo forma hasta convertirse en una gran serpiente. Klaus lo miraba boquiabierto. La serpiente se arrastró durante un rato y luego desapareció. Salazar sonrió orgulloso y volvió a sentarse al lado de Klaus, el cual estaba aplaudiendo.

-No ha sido para tanto, Nik. -Dijo Salazar sonrojándose.

-Para mi sí, mi madre y su amiga casi nunca hacen magia.

-¿Cómo está tu familia? Hace tiempo que no les veo.

-Rebekah te echa de menos, y es la única. Elijah y Finn están ocupados intentando ser los hijos perfectos y Kol está ocupado siendo un pequeño psicópata que quema sus muñecos de madera.

Salazar rió sin poder evitarlo, le encantaba Kol.

-¿Y Mikael y Esther? Ya sé que a tu madre no le caigo muy bien.

-Es que sabe que en un futuro serás un mago más poderoso que ella y tiene miedo por mí.

-¿Por ti? Yo jamás te haría daño.

Salazar agarró la mano de su amigo y sonrió con amabilidad, provocando que su amigo se sonrojase.
-Lo sé. -Contestó Klaus.

Se miraron durante un buen rato sin decir, hasta que la situación se volvió algo incómoda. Klaus se levantó, tambaleándose, y fue hacia la puerta.

-Debería irme ya.

Salazar se levantó y lo siguió, agarrándolo del brazo.

-Lo tormenta no ha amainado, puede ser peligroso.

Klaus intentó soltar su brazo, pero ambos estaban tan borrachos que perdieron el equilibrio y acabaron en el suelo, Klaus debajo y Salazar encima. Se miraron a los ojos fijamente, lo que pareció ser una eternidad, y poco a poco fueron acercándose hasta rozar sus labios, pero unos golpes en la puerta hicieron que ambos se levantaran de golpe.

-¡Niklaus! -Decía la persona al otro lado de la puerta. Klaus empalideció, era su padre Mikael.

Fue tembloroso hacia la puerta y la abrió para ver a un enfurecido Mikael, empapado. Agarró a su hijo de la nuca y lo sacó afuera.

-¡Tenías que estar en casa hace dos horas, muchacho insolente!

Salazar salió de la casa y fue tras ellos.

-¡No le haga daño!

-¡Vuelve a tu casa, Slytherin! ¡Antes de que te mate un rayo o algo! -Dijo Mikael sin siquiera mirarlo. Klaus intentaba soltarse de su padre, pero éste lo tenía fuertemente agarrado.

Salazar miraba a Mikael con odio, pero no podía hacer nada. Un relámpago seguido de un gran trueno le hizo reaccionar y comenzó a correr hacia su casa. Se cayó varias veces mientras intentaba salir del bosque, pero eso no le detuvo. Al cabo de un rato llegó a su casa, chorreando agua completamente. Al verlo su madre se levantó y le cruzó la cara de un bofetón.

-¡¿Sabes lo preocupada que he estado?! ¿¡Qué ha pasado?!

El padre de Salazar puso una mano sobre el hombro de su mujer, intentando calmarla. Salazar notó el ya familiar ardor en su mejilla y miró a su madre.

-Quería esperar a que amainara la tormenta para volver.

Su madre le echó una mirada envenenada.

-¡Vete a tu habitación!

Salazar bufó. No esperaba que su madre fuera algo maternal y se preocupara por si cogía un resfriado, su madre nunca lo había tratado con amor. Subió a lavarse, con agua caliente que calentó en un fuego que hizo aparecer, y luego se preparó para el duelo nocturno con su padre. Su padre entró en su habitación, tranquilo y sereno, con la varita en alto. Si Salazar todavía no se fue de su casa era por su padre, él sí que lo crió con amor, nunca le puso la mano encima y cumplía todos los caprichos de su hijo.
Ambos Slytherins se prepararon para el duelo y comenzaron. Salazar puso en práctica los hechizos defensivos de su madre mientras su padre lo atacaba sin parar. Fue un duelo muy largo, y Salazar salió victorioso. Su padre lo felicitó, sonriendo, y abandonó la habitación. El chico lo arregló todo y se metió en la cama, llamó a Bon y se quedó horas dando vueltas en la cama, intentando dormirse. Había algo en su cabeza que no le dejaba dormir. A eso de las cuatro de la madrugada, Salazar se levantó y fue al sótano, allí tenían un pequeño laboratorio donde hacían las pociones. Había una poción que llevaba preparando desde hace tiempo, se fijó en el libro de pociones y leyó lo que estaba deseando leer. Se acercó al caldero, que hervía a fuego lento, y lo supo. Le había costado mucho encontrar los ingredientes, y se impacientó. Pero las tres semanas ya han pasado y la poción ya estaba hecha. Salazar agarró un frasco y vertió la poción en él, mirándola maravillado.

-Amortentia....


viernes, 17 de enero de 2014

Segunda historia. Capítulo 1.


Siglo X.


Una mujer de aspecto serio caminaba tranquilamente por un sendero en el bosque, que llevaba hacia el río, con una cesta en los brazos con ropa sucia. Tenía largo cabello rubio y los ojos castaños. En el poblado no había lugar para lavar la ropa, así que cada tarde esa mujer, madre de unos cuantos hijos, atravesaba el peligroso y sombrío bosque para ir al río a lavar la ropa. El bosque estaba oscuro y se escuchaban sonidos extraños, pero eso no alteró a la valiente mujer. Llegando al río empezó a escuchar risas y gritos, salió por el sendero, entre los árboles, y los vio. Su hijo mediano, adolescente, luchando en el agua con su mejor amigo, un chico que vivía en el poblado vecino. A la mujer no le gustaba el amigo de su hijo, veía algo siniestro en él, y tampoco le gustaba la cercanía que había entre los chicos. La mujer se acercó a la orilla y dejó la cesta con ropa sucia en el suelo, mirando a su hijo.

-¡Niklaus!

El chico que se llamaba Niklaus le estaba haciendo una llave al otro muchacho, y ambos reían. Al oír su nombre levantó la vista hacia su madre y soltó a su amigo de inmediato. Tenía el cabello castaño claro y los ojos azules. Al ver a la madre de su amigo, el otro chico bajó la cabeza y se ocultó disimuladamente detrás de Niklaus, este chico tenía el pelo negro y los ojos azules, y parecía tenerle miedo a la madre de su amigo.

-Madre... -El chico llamado Niklaus comenzó a salir del agua.- Solo estábamos jugando...

La mujer miraba severamente a su hijo de dieciséis años.

-Vuelve a casa enseguida, Rebekah ha vuelto a enfermar.

-¿Puede venir Salazar conmigo? -Niklaus giró el torso y miró a su amigo, sonriendo. Éste le devolvió una débil sonrisa.

-Es mejor que Salazar vuelva a su casa, está a punto de anochecer.

Salazar, el amigo de Niklaus, entristeció levemente, salió del agua y recogió su ropa de unas rocas, donde la había dejado.

-Pero madre... -Comenzó a decir Niklaus.

-No te preocupes, Nik. -Dijo Salazar, vistiéndose.- Nos vemos mañana.

Niklaus observaba como su amigo se vestía y su madre lo observaba a él. Salazar acabó de vestirse e inclinó levemente la cabeza hacia Esther, la madre de Nik, en forma de despedida. Despidió a su alicaído amigo con la mano y corrió hasta internarse en los árboles. Esther suspiró y miró a su hijo.

-Niklaus...

Su hijo pasó por su lado, agarró su ropa y comenzó a caminar hacia su poblado, sin dirigirle ni una mirada a su madre. Esther volvió a suspirar, se agachó junto a la orilla y la cesta y comenzó a lavar la ropa. Klaus era su hijo mediano, actualmente tenía seis hijos. En un tiempo había tenido otro hijo, su primer hijo, que murió cuando en el antiguo poblado donde vivían los asoló una plaga. Su amiga Ayanna le dijo que había un sitio libre de plagas, y ahora estaban viviendo en él.

Klaus se vistió durante el camino por el sendero hacia el poblado y cuando llegó ya estaba seco. Saludó a la amiga de su madre, Ayanna, y entró en su casa donde estaba el resto de su familia, exceptuando a su padre Mikael, alrededor de la cama de su pequeña y rubia hermanita, Rebekah. Elijah, el mayor de todos, estaba cuidando al diminuto Henrik. Finn, el segundo mayor estaba leyendo un libro a los pies de la cama de Rebekah, y su hermano pequeño Kol estaba jugando con unos muñecos de madera. Klaus agarró pergamino y un carboncillo y se acercó a su hermanita, ella adoraba como dibujaba.

-Bekah... -Susurró Klaus, acariciando su pelo.- ¿Qué quieres que dibuje esta vez?

-Lo que tu quieras, Nik. -Susurró Rebekah.

Klaus asintió y comenzó a dibujar sin pensar con claridad. Una línea por aquí, una curva por allá, y al final se sorprendió un poco al ver lo que había dibujado. Dio vuelta al dibujo para enseñarle a su hermana un perfecto retrato de su amigo Salazar. Rebekah sonrió al verlo.

-Me hubiera gustado que hubiera venido a verme...

-Madre no le dejó venir. -Klaus frunció levemente los labios. - Pero vendrá mañana.

Rebekah sonrió y luego se quedó dormida. Klaus besó su frente y salió de la habitación, fue a lavarse y a meterse en su cama, cerró los ojos y se quedó profundamente dormido, mientras en la calma de la noche unos aullidos llenaban el bosque.

A un par de kilómetros de allí, en el poblado vecino, Salazar discutía acaloradamente con su madre.

-¡Somos una prestigiosa familia de grandes magos! ¡No puedes juntarte con ese chico muggle!

-¡Madre, Klaus es el único amigo que tengo! ¡Y no dejaré de verlo porque a ti te dé la gana!

Esas palabras hicieron que su madre le cruzara la cara de un bofetón.

-Te lo advierto, jovencito. Ahora ve a tu cuarto.

Salazar notaba arder su mejilla, le dirigió una mirada de odio a su madre y subió a su habitación, donde lo esperaba su padre con los libros de hechizos en las manos. Todas las noches su padre le obligaba a estudiar magia. Como era hijo único, los Slytherin querían que su hijo fuera el mejor mago de todos. Salazar suspiró, sacó su varita y se puso a practicar. Por la mañana practicaba hechizos defensivos y encantamientos con su madre y por la noche hacía duelos con su padre. A medianoche acabaron el duelo, iba mejorando cada día. Ambos arreglaron el desastre que hicieron en la habitación y su padre se marchó, Salazar se lavó y se metió en la cama, cansado. Hizo un silbido, parecido a un siseo, y por la puerta entró su serpiente, Bon. Salazar tenía un gran don, poco común, y era que podía hablar con las serpientes. Aparte de Klaus, su serpiente Bon era su mejor amiga, nunca se separaba de ella. Acarició a su serpiente con cariño y se puso a pensar en Klaus, su amigo dos años menor que él. Se conocieron hace seis años, Salazar estaba aburrido paseando por el bosque y oyó que alguien lloraba. Siguió el sonido del llanto hasta ver a un pequeño Klaus de diez años con el pie atrapado en una enredadera llena de espinas. Salazar, con doce años, lo ayudó a liberarse y lo acompañó a su poblado. Los Mikaelson le agradecieron que ayudara a su hijo y Salazar volvió a su casa. Desde ese entonces se hicieron inseparables. Y ahora su madre pretendía que dejara de verlo. Salazar bufó y cerró los ojos, jamás dejaría de ver a Klaus. Después de ese pensamiento se quedó profundamente dormido.

Su madre lo despertó a la mañana siguiente, se levantó con desgana, desayunó y se puso a practicar hechizos defensivos, en esto también era bueno. Su madre quedó tan contenta que le dio igual que su hijo saliera por la tarde, debió suponer que iba a ver a Klaus pero no se dio cuenta. El lugar de reunión de Salazar y Klaus era el sitio donde se conocieron en el bosque, allí construyeron una pequeña cabaña y todos los días a la misma hora se encontraban ahí. Cuando Salazar llegó no había nadie, encontró varias velas y las encendió. Con su varita hizo aparecer una botella de ron con un lazo y se sentó a esperar a Klaus. A los pocos minutos apareció su amigo, empapado. Afuera había comenzado a llover. Klaus miró alrededor y sonrío.

-¿Qué es esto?

Salazar se levantó, fue hacia él y le dio la botella de ron, seguida de un gran abrazo.

-Feliz diecisiete cumpleaños, Mikaelson.