sábado, 5 de abril de 2014

Capítulo 3.


El silbido del viento despertó a Klaus, miró alrededor adormilado y se dio cuenta de que estaba abrazando a su hermanita, ella debió de ir a su cama mientras él dormía. Afuera estaba amaneciendo, en unos pocos minutos su hermano Elijah iría a despertarlo para entrenar juntos. Se levantó con cuidado de no despertar a su hermana, se vistió y salió sigilosamente de la habitación. Elijah estaba afuera afilando las espadas, sereno como siempre. Klaus lo adoraba, su hermano era un hombre mucho más de admirar que su padre. Todavía le dolían los golpes que Mikael le había dado el día anterior por haber retrasado su vuelta a casa por la tormenta. Elijah levantó la cabeza al ver salir a su hermano y sonrió levemente.

-¿Preparado para entrenar, hermanito?

-Nací preparado, hermano.

Klaus agarró su espada y se puso en guardia, le encantaba pelear contra su hermano. Elijah casi no le dio tiempo de defenderse, pues ya estaba dando mandobles con la espada a los que Klaus apenas podía desviar. Eran buenos guerreros.
Una bella joven había salido de su casa y se sentó en el porche, observando la escena. Ambos hermanos, al verla, dejaron de luchar e inclinaron levemente la cabeza en su dirección. La chica era Tatia, y ambos sentían atracción hacia ella, Elijah más que Klaus. Tatia era una chica normal, con el pelo y los ojos marrones. Se levantó lentamente y fue hacia ellos, sonriendo.

-Buenos días, chicos. –Ella sonrió más a Elijah, eso provocó que Klaus agarrara la mano de la joven y dejara en ella un gentil beso.

-Buenos días, señorita Tatia.- Dijo éste.

Ella se sonrojó y Elijah carraspeó.

-¿Puedo preguntar qué hace despierta tan temprano?

Tatia sonrió y asintió.

-Debo admitir que hay algo que me quita el sueño, no he dormido muy bien.

-Vaya… sea lo que sea, espero que se solucione pronto.

Klaus soltó la mano de Tatia y dejó de prestar atención a la conversación, pues vio a Salazar entre los árboles, a lo lejos.

-Debeis disculparme. Hermano, Tatia, nos vemos luego. –Inclinó la cabeza en dirección de cada uno, dejó la espada junto a la de su hermano y salió corriendo hacia el bosque, buscando a Salazar.

-¿Salazar? ¡Salazar!

No recibía respuesta y comenzaba a impacientarse. Decidió volver a su casa cuando Salazar le saltó a la espalda y ambos cayeron al suelo, otra vez, Salazar encima de Klaus.

-¿Me echabas de menos, Nik?

Salazar estaba sonriendo y le brillaban los ojos, estaba un poco ebrio. Klaus miró su mano y vio una botella de Ron.

-Pero serás… ¿has estado bebiendo sin mí? –Dijo riendo y le quitó la botella, dando un gran trago.

Salazar miró fijamente lo que hacía Klaus, dejándolo beber. La noche anterior, cuando acabó de preparar la poción, vació media botella de ron y se la bebió, mientras echaba la poción en la otra mitad, y es la que se estaba bebiendo Klaus. Salazar lo amaba, lo amaba demasiado, pero era demasiado cobarde para decírselo, le daba demasiado miedo ser rechazado. Klaus seguía bebiendo el ron con la poción y poco a poco su mirada iba cambiando de normal a completamente enamorado. Se acabó todo lo que había en la botella y acarició la mejilla de Salazar.

-¿Te he dicho alguna vez lo guapo que eres? –Dijo, mirando a Salazar ensimismado. Éste suspiró y miró a Klaus medio con tristeza, medio con amor.

-Ojalá fueras tú y no la poción el que dijera eso…

Klaus rodó hasta acabar encima de Salazar y se inclinó hasta rozar sus labios con los de él.

-Si no me equivoco ayer nos quedamos en algo…

Salazar no respondió, solo se dedicó a acariciar la espalda del otro chico y mirarlo a los ojos.

-Eres perfecto…

Klaus sonrió y esa sonrisa provocó que Salazar se quedara sin respiración. Le encantaba la sonrisa de Klaus, era una de las cosas que había hecho que se enamorara de él.

-No soy tan perfecto como tú, Sly...

A Salazar se le llenaron los ojos de lágrimas, amaba a Klaus más que a nada en este mundo, y hechizarlo para hacer que Klaus lo ame a él le había roto el corazón, pero no pudo evitarlo.

-Nik...

Salazar susurró su nombre casi como un suspiro, apartó a Klaus con delicadeza y se levantó, sacudiéndose la ropa.

-He de hacer una cosa, Nik. Ahora vuelvo.

Klaus lo miraba sin comprender, con la misma expresión de enamorado que tenía desde que se bebió la poción.

-Te esperaré en nuestra cabaña, no tardes.

Salazar asintió y salió corriendo hacia su poblado, con los ojos anegados en lágrimas.

-<¿Qué he hecho? ¿Por qué le hice esto a mi mejor amigo? He de preparar el antídoto, ser valiente.> -Pensó mientras corría.

El Sol ya estaba en lo alto y él seguía corriendo. Al llegar a su casa ignoró por completo a su madre y bajó al sótano a preparar el antídoto con urgencia. Las manos le temblaban mientras rebuscaba en el armario de ingredientes y las lágrimas caían por sus mejillas. Al cabo de un rato tenía todos los ingredientes en la mesa y comenzó a hacer la poción, más concentrado que nunca. Tardó bastante en hacerla, el vapor que salía del caldero había encrespado todos sus pelos y una gota de sudor se deslizaba lentamente por su patilla, pero lo consiguió. El antídoto estaba preparado. Ignoró el hecho de que ya hacía rato que había pasado la hora de comer y que no comía nada desde el día anterior, vertió el antídoto en un pequeño frasco, lo guardó en su bolsillo y salió corriendo de su casa, de camino a la cabaña en el bosque. El trayecto era tan largo que cuando llegó el Sol ya había comenzado a ocultarse tras las montañas. Salazar entró en la cabaña y se quedó de piedra al ver el interior. Todo estaba lleno de velas rojas y pétalos de rosa, y Klaus estaba metido en la cama, desnudo, con una mirada pícara en su rostro.






No hay comentarios:

Publicar un comentario