El silbido del viento despertó a
Klaus, miró alrededor adormilado y se dio cuenta de que estaba
abrazando a su hermanita, ella debió de ir a su cama mientras él
dormía. Afuera estaba amaneciendo, en unos pocos minutos su hermano
Elijah iría a despertarlo para entrenar juntos. Se levantó con
cuidado de no despertar a su hermana, se vistió y salió
sigilosamente de la habitación. Elijah estaba afuera afilando las
espadas, sereno como siempre. Klaus lo adoraba, su hermano era un
hombre mucho más de admirar que su padre. Todavía le dolían los
golpes que Mikael le había dado el día anterior por haber retrasado
su vuelta a casa por la tormenta. Elijah levantó la cabeza al ver
salir a su hermano y sonrió levemente.
-¿Preparado para entrenar, hermanito?
-Nací preparado, hermano.
Klaus agarró su espada y se puso en
guardia, le encantaba pelear contra su hermano. Elijah casi no le dio
tiempo de defenderse, pues ya estaba dando mandobles con la espada a
los que Klaus apenas podía desviar. Eran buenos guerreros.
Una bella joven había salido de su
casa y se sentó en el porche, observando la escena. Ambos hermanos,
al verla, dejaron de luchar e inclinaron levemente la cabeza en su
dirección. La chica era Tatia, y ambos sentían atracción hacia
ella, Elijah más que Klaus. Tatia era una chica normal, con el pelo
y los ojos marrones. Se levantó lentamente y fue hacia ellos,
sonriendo.
-Buenos días, chicos. –Ella sonrió
más a Elijah, eso provocó que Klaus agarrara la mano de la joven y
dejara en ella un gentil beso.
-Buenos días, señorita Tatia.- Dijo
éste.
Ella se sonrojó y Elijah carraspeó.
-¿Puedo preguntar qué hace despierta
tan temprano?
Tatia sonrió y asintió.
-Debo admitir que hay algo que me quita
el sueño, no he dormido muy bien.
-Vaya… sea lo que sea, espero que se
solucione pronto.
Klaus soltó la mano de Tatia y dejó
de prestar atención a la conversación, pues vio a Salazar entre los
árboles, a lo lejos.
-Debeis disculparme. Hermano, Tatia,
nos vemos luego. –Inclinó la cabeza en dirección de cada uno,
dejó la espada junto a la de su hermano y salió corriendo hacia el
bosque, buscando a Salazar.
-¿Salazar? ¡Salazar!
No recibía respuesta y comenzaba a
impacientarse. Decidió volver a su casa cuando Salazar le saltó a
la espalda y ambos cayeron al suelo, otra vez, Salazar encima de
Klaus.
-¿Me echabas de menos, Nik?
Salazar estaba sonriendo y le brillaban
los ojos, estaba un poco ebrio. Klaus miró su mano y vio una botella
de Ron.
-Pero serás… ¿has estado bebiendo
sin mí? –Dijo riendo y le quitó la botella, dando un gran trago.
Salazar miró fijamente lo que hacía
Klaus, dejándolo beber. La noche anterior, cuando acabó de preparar
la poción, vació media botella de ron y se la bebió, mientras
echaba la poción en la otra mitad, y es la que se estaba bebiendo
Klaus. Salazar lo amaba, lo amaba demasiado, pero era demasiado
cobarde para decírselo, le daba demasiado miedo ser rechazado. Klaus
seguía bebiendo el ron con la poción y poco a poco su mirada iba
cambiando de normal a completamente enamorado. Se acabó todo lo que
había en la botella y acarició la mejilla de Salazar.
-¿Te he dicho alguna vez lo guapo que
eres? –Dijo, mirando a Salazar ensimismado. Éste suspiró y miró
a Klaus medio con tristeza, medio con amor.
-Ojalá fueras tú y no la poción el
que dijera eso…
Klaus rodó hasta acabar encima de
Salazar y se inclinó hasta rozar sus labios con los de él.
-Si no me equivoco ayer nos quedamos en
algo…
Salazar no respondió, solo se dedicó
a acariciar la espalda del otro chico y mirarlo a los ojos.
-Eres perfecto…
Klaus sonrió y esa sonrisa provocó
que Salazar se quedara sin respiración. Le encantaba la sonrisa de
Klaus, era una de las cosas que había hecho que se enamorara de él.
-No soy tan perfecto como tú, Sly...
A Salazar se le llenaron los ojos de
lágrimas, amaba a Klaus más que a nada en este mundo, y hechizarlo
para hacer que Klaus lo ame a él le había roto el corazón, pero no
pudo evitarlo.
-Nik...
Salazar susurró su nombre casi como un
suspiro, apartó a Klaus con delicadeza y se levantó, sacudiéndose
la ropa.
-He de hacer una cosa, Nik. Ahora
vuelvo.
Klaus lo miraba sin comprender, con la
misma expresión de enamorado que tenía desde que se bebió la
poción.
-Te esperaré en nuestra cabaña, no
tardes.
Salazar asintió y salió corriendo
hacia su poblado, con los ojos anegados en lágrimas.
-<¿Qué he hecho? ¿Por qué le
hice esto a mi mejor amigo? He de preparar el antídoto, ser
valiente.> -Pensó mientras corría.
El Sol ya estaba en lo alto y él
seguía corriendo. Al llegar a su casa ignoró por completo a su
madre y bajó al sótano a preparar el antídoto con urgencia. Las
manos le temblaban mientras rebuscaba en el armario de ingredientes y
las lágrimas caían por sus mejillas. Al cabo de un rato tenía
todos los ingredientes en la mesa y comenzó a hacer la poción, más
concentrado que nunca. Tardó bastante en hacerla, el vapor que salía
del caldero había encrespado todos sus pelos y una gota de sudor se
deslizaba lentamente por su patilla, pero lo consiguió. El antídoto
estaba preparado. Ignoró el hecho de que ya hacía rato que había
pasado la hora de comer y que no comía nada desde el día anterior,
vertió el antídoto en un pequeño frasco, lo guardó en su bolsillo
y salió corriendo de su casa, de camino a la cabaña en el bosque.
El trayecto era tan largo que cuando llegó el Sol ya había
comenzado a ocultarse tras las montañas. Salazar entró en la cabaña
y se quedó de piedra al ver el interior. Todo estaba lleno de velas
rojas y pétalos de rosa, y Klaus estaba metido en la cama, desnudo,
con una mirada pícara en su rostro.
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