martes, 26 de noviembre de 2013

Capítulo Nueve: Inmortalidad.


Tenían muchas cosas que hacer. Kendra le dio a James una dirección, una dirección donde se suponía que ahí estaba la espada que acabaría con Alice, la última y más poderosa de las brujas malignas. Alex se ofreció a acompañarlo y ambos salieron a toda prisa, deseando estar solos pero sin saber de que hablar. Sam se puso a cocinar, le explicaron toda la historia de la resurrección y que Cameron y Nathan eran Alex y James, después de eso su semblante se tornó serio y no volvió a decir nada. Quería tener la mente y las manos ocupadas así que se puso a hacer lasaña, al cabo de un rato Kendra salió de la ducha y, envuelta en una toalla, fue a hacerle compañía a Sam. Se sentó en la encimera y se lo quedó mirando, imaginando lo que pasaba por su mente.

-Estás preocupado por Alex, ¿verdad? Tienes miedo de que después de toda esta historia se quede con James y no contigo.

Sam frunció el ceño, eso es exactamente lo que le preocupaba.

-Estoy seguro de que va a dejarme... en cuanto recuerde toda la historia seguro que me deja para irse con él.

-Tienes que entender que se amaban con locura... y todo esto pasó hace muchísimo tiempo...

-Lo sé... -Sam suspiró y siguió cocinando.

Lejos de allí, en un extraño almacén, estaban James y Alex, buscando la caja que contiene la espada. Alex estaba deseando hablar con James, pero no le salían las palabras, no sabía que decirle.

-James... -empezó.

-¿Si?- James estaba con la mente ocupada en encontrar la espada.

-Lo siento. Lamento todo lo que ha pasado.

James se paró en seco y lo miró.

-No te preocupes Alex...

Alex se acercó a él y lo agarró de la mano, ya no sentía la corriente eléctrica que los recorrió cuando se tocaron por primera vez. Pensó en preguntarle a Kendra sobre eso cuando regresaran.

-Todo es por mi culpa... una bruja me hechizó... te maté... lo siento tanto...

-Te he odiado durante tanto tiempo... y en unos segundos todo ese odio desapareció al saber por fin la verdad...- James suspiró y lo abrazó.

-Nunca te haría daño, lo sabes ¿no? -Alex lo miró a los ojos, con la tristeza en los suyos.

En lugar de contestarle, James agarró su barbilla con el pulgar y el dedo índice y posó sus labios sobre los de él, dándole un tierno y suave beso. Alex le siguió el beso agradecido, una parte de su mente se preocupaba por Sam, pero el resto solo quería más. Lo empujó suavemente contra una estantería y profundizó el beso. James comenzó a bajarle la cremallera de la chaqueta y se la quitó, dejándola caer a un lado. Posó sus manos en la nuca de Alex y lo besó con más ganas. Sabía que les quedaba poco tiempo juntos y quería aprovecharlo al máximo. Acarició los bordes de su camiseta y la levantó poco a poco hasta quitársela, besó su cuello lentamente y acarició su torso con suavidad. Alex se deshizo rápidamente de la camiseta de James y comenzó a desabrochar sus pantalones. Se besaron apasionadamente durante mucho tiempo.
Una hora después salieron del almacén, despeinados y con las camisetas intercambiadas, y lo mejor: con la espada envuelta en la chaqueta de Alex. Volvieron a la casa de Sam todo lo rápido que pudieron, cuando llegaron se encontraron a Sam y Kendra cenando, ésta con un pijama de Sam puesto. En cuanto los vio se levantó rápidamente y fue hacia ellos.

-¿La encontraron?

James sonrió y asintió, dándole la espada. Alex miraba a Sam y la culpabilidad lo azotó de golpe. Sam lo miraba deprimido, y se deprimió aún más al ver que llevaban la camiseta del otro. Se levantó apartando su plato y se encerró en su habitación. Alex miró de soslayo a James y siguió a Sam. James frunció los labios y fijó su atención en Kendra, que observaba la espada fascinada.

-Aún no me has dicho por qué Alice sigue con vida.

-El resto de la hermandad y yo estuvimos siglos cazando a las brujas, pero a medida que ellas morían algunos de los nuestros desaparecían. Habré matado a unas cincuenta brujas, pero Alice es poderosa. Conseguía hacerse con algunos miembros de la Hermandad y absorbía su poder, quitándoles su inmortalidad y haciéndose más inmortal ella. Hace unos doscientos años las brujas encontraron nuestro refugio y destruyeron todas las espadas y los hechizos que nos mantenía unidos. Desde ese entonces he estado buscando a algún miembro, Alex es el primero que me encuentro desde entonces.

-Ahora tienes una oportunidad de acabar con Alice y vengar a tus otros compañeros. Es ahora o nunca, Nathan. Alice no puede seguir existiendo.

-Lo sé... pero Alex no sabe luchar con espadas, y no me veo capaz de matarla yo solo.

-No la matarás tu solo, con tu habilidad y mi magia seremos capaces de derrotarla. Ahora ve a descansar. Mañana será el gran día.

James asintió y salió de la casa. Quiso despedirse de Alex pero sabía que estaba hablando con Sam y prefirió no hacerlo. Más que hablar, Alex y Sam mantenían una discusión acalorada.

-¡No lo entiendes Sam! ¡No es lo que tu crees!

-¡Estás enamorado de él! ¡Haz jugado conmigo todo este tiempo!

Alex se frustró y lo empujó sobre la cama, inmovilizándolo.

-Sam Fletcher: antes de conocerte estaba convencido de que era heterosexual. Tu has sido el primer chico con el que me he acostado, has sido el primer chico que me ha gustado. Yo no amo a James, eso lo hace mi yo del pasado. Mi yo del presente te quiere a ti... No sé como explicártelo, es como si estuviera dividido.

-¿Me... me quieres?- Sam lo miraba lloroso.

-Mucho, te quiero mucho. James y yo solo somos amigos, entiéndelo por favor.

-Pero te has acostado con él...

-No fui yo, fue Cameron...- Alex suspiró y se quitó de encima. Sam agarró su brazo impidiendo que se separara.

-Duerme conmigo... Kendra dice que mañana es un día muy especial, vamos a ir a por Alice.

-Vale... -Alex se tumbó a su lado, abrazándolo. Sam lo abrazó y lo miró dormir. Cuando el reloj mostró las 0:00 los ojos de Sam se volvieron completamente negros y al segundo estaban normales. Lo último que vio Sam antes de caer dormido fue el calendario, era 16 de mayo.

Kendra los despertó al amanecer, llamó a James y éste estaba de camino. Había hecho un hechizo de localización y sabía donde estaba Alice. Era ahora o nunca. James llegó y desayunaron todos juntos, planeando el ataque. Alice estaba en la casa de donde se escaparon los tres chicos el otro día. El plan de Kendra era sencillo, tenderle una emboscada. A todos los chicos les parecía bien así que se prepararon, agarraron el coche de la madre de Alex y Sam condujo hacia aquella casa. A todos les trajo malos recuerdos, pero estaban listos. El Sol ya estaba algo alto cuando bajaron del coche, todos se miraron a la cara, nerviosos. La noche anterior hubo luna llena, Kendra consiguió hacer la poción para Alex y éste la bebió antes de que la luna se ocultara. Se sentía raro, y deseoso de entrar en acción. Lenta y sigilosamente caminaron hacia la casa, todos estaban armados. James con la espada, Alex con cuchillos para lanzar, Sam con un bate y una navaja y Kendra con su magia. Encontraron una ventana abierta y se colaron en el interior de la casa.

-Hay que inspeccionar la casa- susurró Kendra lo más bajo que pudo.- Alex, tu vienes conmigo a explorar esta planta. James, Sam, ustedes van a la planta de arriba. Sean sigilosos y por favor, tengan cuidado.

Todos asintieron. Alex quiso despedirse, por si acaso, pero no quería besar a Sam delante de James, y una parte de él deseaba abalanzarse sobre James y no dejarlo ir, pero tuvo que contenerse y verlos a ambos marchar escaleras arriba.
Él y Kendra inspeccionaron la planta baja, encontraron un pequeño estudio pero no vieron nada de interés, tampoco en la cocina ni en el comedor.

-Hoy es el cumpleaños de James... -empezó diciendo Alex, acabando de acordarse- ¿qué debo regalarle?

Kendra miraba unos libros de magia negra distraída.

-No lo sé, ¿una consola? ¿Qué hacéis los jóvenes de hoy en día?

-Jugar con consolas, hacer deporte... de todo un poco.

-Hum... ¿cuántos años cumple? -dejó el libro que estaba mirando y agarró otro.

-18- contestó Alex mirando alrededor. Tenía un mal presentimiento y no sabía por qué, un ruido lo hizo darse velozmente la vuelta preparado para lanzar un cuchillo.

Kendra estaba de pie donde estaba antes, pero el libro que tenía sobre sus manos se había caído y estaba más pálida que la pared.

-¿Hoy es 16 de mayo? ¿Hoy cumple James 18 años?

Le temblaba la voz un montón y parecía a punto de llorar.
-Si, ¿por qué? -Alex la miraba extrañado.

-Alex... la poción de la inmortalidad... tiene un gran fallo.

Alex empalideció poco a poco.

-¿Qué fallo?

Kendra tragó saliva y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-La primera vez que uno muere... es la fecha que morirá el resto de sus vidas siguientes.

-Pero...- Alex se dio cuenta de lo que quería decir y sintió que le vaciaban un balde de agua helada encima.

-Alex... Nathan murió el día de su cumpleaños... cuando cumplía 18 años...

Esas palabras bastaron a Alex para salir corriendo del estudio, sin importarle el sigilo, sin importarle Alice. Solo James. Subió las escaleras de tres en tres seguido por Kendra.

-¡James! ¿¡Dónde estás?!

-¡Aquí!

Oyó la voz de James que venía de una puerta a su izquierda y corrió hacia ella abriéndola de golpe. Con el corazón a mil por hora dio un rápido vistazo hasta ver a James, parecía estar bien y miraba a Alex preocupado. Pero Alex se quedó paralizado mirando a Sam, que estaba detrás de James. Los ojos de Sam estaban negros como la noche. <Hechizado> pensó Alex.

-¡James cuidado!


Alex se abalanzó hacia Sam pero no llegó a tiempo. La navaja de Sam fue rápidamente conducida por su mano hacia el cuello de James, degollándolo. El suelo comenzó a empaparse de sangre y James, con cara de sorpresa, cayó tendido sobre el suelo, con sus ojos mirando a la nada.

martes, 19 de noviembre de 2013

Capítulo Ocho: Ya falta poco.

Alex miraba a Kendra boquiabierto, era tal como la recordaba. Ni alta ni baja, rubia, ojos verdes y una sonrisa encantadora. A Sam se le escondían las cejas tras el flequillo de tan alzadas que las tenía y James la miraba con una sonrisa maliciosa. Ella los miraba a todos, y al mirar a Alex y James no pudo evitar sonreír.

-Los reconozco... Cameron... Nathan... cuanto tiempo sin vernos.

-¿Cameron y Nathan? A mi alguien va a tener que contarme toda esta historia- dijo Sam. Kendra lo miró y le dedicó una amable sonrisa.

-Señorita Duncan. -dijo James haciendo una leve reverencia- Necesitamos su ayuda contra nuestra enemiga de siempre.

-¿Otra vez Alice? ¿Todavía no habeis acabado con ella? Creé la Hermandad con ese propósito.

-Han pasado cosas que han evitado su muerte, pero es la última de las brujas malignas que queda con vida.

-Yo me estoy perdiendo... -dijo Alex- Es demasiada información, demasiadas preguntas sin respuestas.

-Eso es porque no he sido del todo sincero contigo, Alex. -dijo James, con cara de culpabilidad. Éste le lanzó una mirada asesina.

-¿Qué me has ocultado?

-No hay tiempo para esto- dijo Kendra- Cameron, tienes que saber toda la historia y te la haré saber. Y luego Nathan nos dirá por qué Alice sigue con vida.

Alex asintió y Kendra empezó a relatar la historia, y a medida que hablaba, Alex recordaba.

“Cameron y Nathan se despertaron, se levantaron y se vistieron, agarraron sus armas y fueron al bosque a seguir entrenando. Faltaba poco para las pruebas de la Hermandad y ambos deseaban ser seleccionados. Llegaron al sitio de siempre, junto al lago, y comenzaron a entrenar. Estaban bien adiestrados. Al anochecer pararon a descansar y refrescarse en el lago y unos pasos los alertó, miraron hacia el origen del ruido y vieron a Kendra, que caminaba hacia ellos sonriente.

-Vaya vaya chicos, habeis mejorado mucho, os he visto entrenar casi toda la tarde.

-Señorita Duncan- Cameron se levantó rápidamente y la saludó como se saludaba a las damas en esa época. - es un inmenso placer volver a verla.

Nathan no pudo evitar rodar los ojos y se acercó más a Cameron, buscando marcar territorio.

-El placer es mío, joven Cameron.

Cameron sonrió mirando a Kendra y viceversa. Nathan se dio cuenta y carraspeó.

-Me alegra el reencuentro y todo eso pero, Cam, tenemos que irnos ya.

La expresión de Kendra cambió y se acercó mas a Cameron, puso su mano sobre la sien izquierda de éste y cerró los ojos concentrada, al rato dio un salto y miró a éste preocupada.

-Has sido marcado... hay algo en tu cabeza... una bruja malvada te ha hechizado.

Nathan y Cameron fruncieron el ceño.

-¿Hechizado? No, eso es imposible.- dijo Cameron.

-¿Qué clase de hechizo? -preguntó Nathan.

Kendra se mordió el labio con preocupación y se dio la vuelta.

-Síganme, tenemos que ir a la cueva.

Dicho esto comenzó a andar con Nathan y Cameron pisándole los talones. Fueron velozmente hacia la cueva de la montaña donde una vez los chicos intentaron colarse en la reunión de la Hermandad y donde conocieron a Kendra, al menos Cameron, ya que Nathan estaba inconsciente. Entraron y ella fue directa a una hoguera que había en el centro de la cueva, puso un caldero sobre ella y comenzó a hacer una poción. Nathan se pegó a Cameron y agarró su mano, acariciándola. No sabía por qué pero tenía miedo, tenía el presentimiento de que algo horrible iba a pasar y quería pasar todo el tiempo posible junto a él. Cameron se sentía sucio, mancillado, una bruja lo había hechizado y no lograba recordar cuando ni por qué. Miraba atentamente a Kendra, esperando que ella pudiera encontrar una solución. Al cabo de un rato acabó de preparar la poción, puso las manos sobre ésta y comenzó a recitar. De sus manos salió una luz que fue a parar a la poción, luego sirvió un poco del mejunje en dos vasos y se los dio a los chicos para que la tomaran.

-Es la poción de la inmortalidad, la primera. Para hacer la segunda necesito la luna llena.

-¿No tenemos que hacer las pruebas? -preguntó Nathan, bebiendo la poción.

-No hay tiempo, vosotros sois capaces de derrotar a las brujas, lo sé, y Cameron ha sido hechizado, un hechizo de obediencia. La bruja te ha mandado hacer algo y cuando cumplas tu cometido el hechizo se deshará.

-¿Derrotar a las brujas? -preguntó Cameron- ¿Para eso es la Hermandad? ¿Nos estás convirtiendo en guerreros cazadores de brujas?

-Si, lamento no haberlo dicho antes. ¿Influye en vuestra decisión?

-Para nada. -dijo Nathan, seguro- Si una bruja ha hechizado a Cam estaré encantado de rebanarle la cabeza.

-Me alegra oír eso- Kendra suspiró aliviada.

-¿Y no puedes hacer nada para romper el hechizo? -preguntó Cameron, vaciando su vaso de un trago.

-Lo siento... pero no puedo.

-La luna llena es el día anterior a mi cumpleaños, y es la semana que viene. ¿Ahí nos harás completamente inmortales? -dijo Nathan

Kendra asintió y Nathan suspiró aliviado. <<Si pasa algo malo, al menos estaré junto a Cameron para siempre>> pensó.

-Debemos irnos ya... -dijo Cameron dejando su vaso.- Gracias por todo, cumpliremos con nuestro cometido de acabar con las brujas.

-Gracias Cameron, y tened cuidado. Si morís antes de que haga la segunda poción vuestra alma se perderá, no recordareis nada. Seguiréis siendo cazadores de brujas pero no recordareis lo que sois.

-Gracias por el aviso- dijo Nathan dejando su vaso. Volvió a agarrar la mano de Cameron y ambos salieron de la cueva, caminando hacia su cabaña.

Al entrar en la cabaña Nathan se lanzó a los brazos de Cameron y éste le devolvió el abrazo, confuso.

-Nate... ¿qué ocurre?

-Tengo un mal presentimiento, Cam. -lo abrazó más fuerte-

-¿Por lo del hechizo? No te preocupes amor... todo saldrá bien.

-Eso espero...

Ambos se enlazaron en un apasionado beso, que acabó en la cama.”

Alex volvió a la realidad y Kendra seguía relatando la historia.

-Una semana después de eso, la noche del 15 de mayo hice la segunda poción, Nathan no quiso beberla hasta que llegara Cameron, pero éste nunca apareció. Al final, obligado por mi, la bebió. Nunca hemos sabido por qué no apareciste esa noche.- dijo Kendra mirando a Alex- ¿No consigues recordar qué estabas haciendo esa noche?

Alex negó con la cabeza.

-Sigue con la historia- dijo Sam, el cual estaba comiendo palomitas.

-Pues bueno, a la noche siguiente era el cumpleaños de Nathan, cumplía 18 años. Todos lo felicitaban pero él solo podía pensar en una cosa, en su amor desaparecido, en Cameron. Sin ganas de hacer nada se quedó en su cabaña todo el día. Yo fui a visitarlo y le llevé un regalo, una espada hechizada por las brujas buenas, una espada capaz de matar a una bruja mala. Nathan me lo agradeció, deprimido. Iba a irme pero comenzó a diluviar y me invitó a dormir en la cama de Cameron mientras él dormía en la suya. Acepté gustosamente su invitación. Esa noche... esa trágica noche salió a la luz el hechizo de Cameron, la orden que le dieron. La cabaña estaba silenciosa, dormíamos. Sigilosamente se abrió la puerta y apareció Cameron y... cuchillo en mano... le cortó el cuello a Nathan.

Alex empalideció hasta quedar blanco como un papel y James igual. Ambos eran incapaz de mirarse.

-Yo lo vi todo- prosiguió Kendra- el ruido me despertó y vi como Cameron quedaba libre de su hechizo tras cumplir la orden. Al ver lo que había hecho... enloqueció de dolor. Intentó salvar a Nathan pero era demasiado tarde... intenté impedirlo, pero roto como estaba de dolor... se suicidó. Se clavó el cuchillo en el corazón.

La habitación estaba silenciosa, nadie era capaz de articular palabra. James estaba pálido como un muerto y los ojos de Alex estaban anegados en lágrimas. Sam miraba a Kendra boquiabierto.

-Entonces... fue por eso... fue por eso por lo que me mató... -dijo James tras un largo rato de silencio. Miró a Alex con la culpabilidad en el rostro.- Te he odiado todos estos siglos, pensando que nunca me amaste, pensando por qué me habías matado... y todo fue por un hechizo...

Alex era incapaz de articular palabra, tras un rato miró a Kendra.

-¿Si te revivimos puedes hacer la poción que me hará recordar? ¿La poción que no me tomé?

-Si, por supuesto, esta noche hay luna llena... -miró a James- ¿Sabes como resucitarme?

Éste asintió, aún pálido, y se puso manos a la obra. Miró a Sam.

-Tráeme un cuchillo.- Éste asintió y fue a la cocina, volviendo tras unos segundo con un cuchillo en la mano y se lo dio a James sin decir nada.

James suspiró y se cortó en la palma de la mano, cerró el puño y dejó caer las gotas de sangre en el centro de la estrella, miró el libro que había traído y comenzó a recitar otra vez, acompañado de Kendra. Alex se encontraba cada vez peor, tanta información lo había mareado y no sabía por qué, pero su afecto por James aumentó considerablemente, como si cada vez que recordaba algo era más Cameron y menos Alex. James seguía con el ritual y al cabo de un rato el fuego de las velas creció bastante, los cristales de las ventanas estallaron y el frío de la calle entró apagando las velas. Todo se quedó oscuro y en silencio. Sam corrió a abrir la persiana y la luz del día iluminó la estancia. Todo el suelo estaba lleno de cristales y en medio de la estrella estaba Kendra, desmayada, y James a su lado, intentando despertarla. Al cabo de un rato ésta abrió los ojos, al principio mareada y luego sonrió, agarró la mano de James y rió eufórica al notar su tacto. Se levantó con esfuerzo y los miró a todos con una sonrisa.

-Empieza el juego.



martes, 12 de noviembre de 2013

Capítulo Siete: Mentiras.


Alex y James seguían besándose en el sofá de Sam, Alex quería parar esa locura, pero no encontraba la fuerza para hacerlo. Al final, el sonido de la puerta del baño abriéndose fue lo que hizo que ambos se separaran de un salto. Por suerte, Sam parece que no se enteró de nada. Salió del baño con una toalla envolviendo su cintura y fue hasta la cocina, buscando algo de comer. Alex fue hacia él, buscando entablar conversación, y James se quedó en el sofá, tocándose los labios pensativo. Afuera ya amaneció y algunos rayos de Sol entraban por la ventana. Sam y Alex estaban hablando cuando James se levantó, impaciente, y fue hacia ellos.

-¿Y bien? ¿Que hacemos ahora?

Alex evitó mirarlo a toda costa, se preparó un café y esperó a que respondiera Sam, ya que él se estaba preguntando lo mismo. Sam miró a James y se mordió el labio pensativo.

-Pues no lo sé... si aquella mujer nos encontró una vez, algo me dice que lo hará de nuevo.

James frunció el ceño.

-¿Y nos quedaremos de brazos cruzados hasta que nos encuentre? ¿Ese es el plan?

-¿Tienes un plan mejor?- preguntó Alex sin mirarlo.

-Si, siempre hay un plan B.

-¿Y cuál es?- Sam alzó una ceja mirando a James.

-La guerra.- respondió éste con su típica sonrisa maliciosa.

-¿Piensas luchar contra ella?

-Yo solo no, tú vendrás conmigo. -dijo señalando a Alex. Éste lo miró sorprendido y se atragantó con el café.

-¿Yo? ¿Por qué yo?

-Ya oíste lo que dijo la bruja, los de la Hermandad estamos destinados a cazarlas.

-Ya- Alex rodó los ojos- Pero yo no se luchar.

-Yo te enseñaré- dijo Sam, mirándolo. -Se me da bien.

Alex miró a uno y a otro y dejó la taza de café sobre la encimera. Se tomó un minuto para procesar todo eso.

-¿Estais hablando en serio? ¿Vais a ir a cazar a esa bruja? ¡Es más poderosa que nosotros!

-Nosotros tenemos algo que ella no tiene- dijo James, tranquilo.

-¿Ah si? ¿Y qué es?

Él sonrió de lado y se cruzó de brazos, apoyándose en la encimera.

-A la gran bruja Kendra Duncan.

Alex lo miró atónito.

-¿Qué? ¡Dijiste que no sabías quien era!

-Mentí- se encogió de hombros.

Sam miraba a uno y a otro, como no entendía nada salió de la cocina y fue a su habitación a vestirse. Alex inspiró y expiró varias veces, intentando calmarse.

-¿Y bien? ¿Dónde está Kendra? Hazla venir cuanto antes.

-Kendra está muerta, hay que invocarla.

-¿Está muerta? ¿Y cómo pretendes que nos ayude a luchar contra Alice siendo un fantasma?- Alex comenzaba a perder la paciencia.

-Invocándola, y una vez que la invoquemos... revivirla.

-Revivirla- Alex bufó- ¿Desde cuando tienes el poder de resucitar a los muertos?

James rodó los ojos y se acercó a Alex, mirándolo a los ojos.

-Todavía hay cosas que no recuerdas, vas a tener que confiar en mí.

-Perdona si no me fío mucho de tí.- dijo éste fríamente. James se acercó mas a él hasta que estuvieron a pocos centímetros.

-Si no confiaras en mí antes me habrías apartado, no habrías dejado que te besara.

-¿Y cómo sabes eso?- Alex alzó una ceja.

-Porque eso es lo que haría Cameron.

-Yo soy Alexander, no Cameron.

-¿Ah si? -James se acercó más- ¿Entonces por qué no me apartaste?

-Quería comprobar que tal besabas- se encogió de hombros- Sam besa mejor- dijo a modo de reto.

James tensó los labios y lo miró enfadado, lo agarro del cuello de la camisa dispuesto a besarlo otra vez pero apareció Sam, poniéndose una camiseta.

-¿Ya hablaron sobre el plan B? ¿Al final que vamos a hacer? -dijo mirándolos. Al darse cuenta de la situación frunció el ceño.- ¿Qué ocurre?

James tensó más los labios y soltó a Alex, desde el punto de vista de Sam parecía que iba a pegarle.

-Vamos a resucitar a Kendra y pedirle que luche con nosotros.

Alex se arregló el cuello de la camisa, nervioso.

-¿Y cómo vamos a hacer eso?

-Yo tengo que ir a mi casa a por una cosa, ustedes quédense aquí y consigan sal- dijo James, caminando hacia la puerta.

Alex y Sam se miraron y se encogieron de hombros, James se fue cerrando de un portazo y Sam se acercó a Alex.

-¿Que pasó mientras me estaba vistiendo? Parecía que iba a pegarte.

-No pasó nada...-Alex se acercó a él y pasó las manos por su pecho, cariñoso- solo lo provoqué...

-¿Que le dijiste? -Sam acarició su mejilla y lo miró con un poco de preocupación. Alex carraspeó, intentando evitar el tema.

-Nada... será mejor que busquemos esa sal, su casa no está lejos y volverá pronto.

Se dio la vuelta para buscar en los armarios cuando Sam lo agarró del brazo acercándolo hacia si y lo besó. Alex, sorprendido y sonrojado, le siguió el beso enredando los dedos en su pelo. Ahora no era momento para dejarse llevar por el placer pero no lo podía parar. Sam lo pegó a la encimera y siguió besándolo, para al rato separarse y susurrarle en el oído:

-Todavía sabes a él.

Alex empalideció y Sam lo soltó, alejándose de él.

-Sam yo...

-¿En mi propia casa? ¿Enserio Alex?- lo miró más enfadado que nunca.

-Yo no fui, fué él... -lo miró entristecido- lo siento...

En ese momento entraba James por la puerta, con lo que parecía un libro muy antiguo. Sam lo primero que hizo al verle fue ir hacia él y tumbarlo de un puñetazo en la mandíbula. No le dió tiempo a reaccionar y cayó al suelo golpeándose la cabeza contra el bordillo de una silla. Alex se quedó helado y miró a Sam boquiabierto, éste miraba a James con odio.

-Vuelve a besar a Alex y esto será lo mínimo que te haré- dicho esto fue hacia un armario de la cocina y sacó el paquete de sal, lanzándoselo- haz lo que tengas que hacer y lárgate de mi casa.

James se mareó al golpearse en la cabeza y luego miró a Sam, se levantó como pudo y agarró la sal y el libro, ignorando a los otros dos. Apartó la mesa y las sillas y se puso a dibujar en el suelo con la sal lo que parecía una estrella encerrada en un círculo de fuego y hielo. Sam evitaba mirarlo para no tener otro arrebato de ira y Alex lo miraba mordiéndose el labio, sintiéndose culpable. Pero ahora no podía pensar en Kendra, ni en Alice, ni en la Hermandad. La pregunta que rondaba su mente era: ¿Sam o James?

-Necesito velas- dijo James, seco.


Sam fue a buscarlas y se las dio sin decir una sola palabra. James las encendió y las puso en cada punta de la estrella. Después abrió el libro y se puso a recitar. Las llamas de las velas aumentaron y ahora Alex prestaba toda su atención a lo que estaba sucediendo, incluso Sam dejó de poner cara de odio para mostrarse impresionado. Las persianas se cerraron solas para dejar la estancia solamente iluminada por las velas. Los granitos de sal comenzaron a elevarse lentamente y a arremolinarse, cada vez más rápido, dando la impresión de que estaban en un mini tornado. James estaba recitando en algo que parecía griego antiguo, Alex y Sam solo entendieron las dos últimas palabras: Kendra Duncan. Todos los granos de sal se esparcieron por toda la estancia cuando esas palabras fueron pronunciadas y en el centro del círculo apareció una figura, una belleza rubia de ojos verdes. Era Kendra, y los miraba a todos con una sonrisa angelical.  

martes, 5 de noviembre de 2013

Capítulo Seis: Fuera de lugar.

Sam temblaba y parecía a punto de desmayarse. Alice le puso el cuchillo en el cuello y miró a Alex.

-¿Y bien? ¿Cómo se llamaba la bruja?

James miraba a Sam y a Alex, sin saber por qué ese chico iba a interferir en la decisión de éste. Alex miraba a Sam preocupado y luego miró a Alice.

-Está bien, te lo diré... pero no le hagas más daño...

Alice asintió y soltó a Sam, éste se apoyó en la pared y se dejó caer hasta el suelo, cerró los ojos y se quedó inmóvil. Se había desmayado. Alex lo miró frunciendo los labios y miró a Alice.

-El nombre de la bruja... era Kendra Duncan.

Alice entrecerró los ojos y soltó una palabrota. Tensó mucho los labios hasta convertirlos en una fina línea.

-Esa zorra... debí matarla cuando tuve oportunidad.

-¿Vas a soltarnos? -dijo James, sin dejar de mirar a Sam con el ceño fruncido.

-No hasta que acabe el hechizo, pero para eso necesito encontrar a esa bruja.

-¿Que hechizo? ¿Para qué buscas a Kendra?- preguntó Alex.

-Kendra Duncan era una de las brujas que participaba en la Hermandad. Ella os hizo el hechizo que mantiene vuestras almas intactas, listas para la resurrección con todos los recuerdos, y es ella la que tiene que invertirlo.

-¿Qué? ¿Para qué quieres que lo invierta?

-Porque esa Hermandad... fue creada para acabar con las brujas. Kendra era una bruja buena y sabía que el resto de brujas nos aprovechábamos de los humanos. Buscó la forma de acabar con su propia raza y descubrió el hechizo ese. Ustedes, miembros de la Hermandad, estais destinados a acabar con las brujas. Ya son muchas las brujas que han caído por culpa de esa Hermandad, y hasta aquí ha llegado. Acabaré con todos vosotros, y luego con Kendra.

Alex y James se quedaron en completo silencio, inmóviles. Alice suspiró y se acercó a James, se sentó sobre sus piernas y le acarició el rostro.

-Estoy muy dolida contigo, Nathan. Mira que querer utilizarme para olvidarte de Cameron...- miró a Alex- pronto sabrás toda la verdad, pronto conseguirás recordar todo. Ya falta poco para la gran fecha.

-¿La gran fecha?- Alex levantó una ceja.

-Todo a su tiempo- Alice sonrió, se levantó y salió del sótano, trancando la puerta.

James suspiró y se retorció, intentando liberarse de las cuerdas. Alex deseaba hablar con él, pero no encontraba como comenzar la conversación así que hizo lo mismo que James e intentó librarse de las ataduras. Estuvieron así una hora y no lo consiguieron, el único cambio es que tenían las muñecas llenas de sangre. Un silencio incómodo llenó la habitación, James miraba hacia el techo y Alex miraba sus pies. Abrió la boca para decir algo pero un jadeo lo distrajo, Sam se había despertado y miraba alrededor con el pecho subiéndole y bajándole muy rápido.

-¡Sam! -dijo Alex sonando aliviado.

Sam lo miró por primera vez desde que estaban allí, al parecer antes estaba tan atontado que no lo había visto.

-¿A-Alex?

Se levantó con dificultad, tenía las manos atadas en la espalda. Se acercó a Alex temblando y se sentó sobre él, en modo de abrazo pero sin poder hacerlo. Juntaron sus frentes y se quedaron en silencio durante un rato.

-¿Qué te hizo, Sam? ¿Cómo te encontró? ¿Qué ha sucedido?

Sam suspiró y cerró los ojos, deslizó sus labios sobre los de Alex y le dió un suave beso.

-Cuando estaba volviendo a mi casa por Hyde Park... apareció de repente. Vi una gran luz y caí inconsciente. Me desperté hace unas horas y me torturó preguntándome cosas... sobre nosotros... No quería decirle nada, pero acabó sabiendo que nos... acostamos.

Alex notó a James tensarse, lo ignoró y miró a Sam.

-Lamento mucho todo esto...

-Alex -Sam se puso serio y lo miró- ¿Quién es esa mujer? ¿Qué ha pasado? ¿Qué quiere de ti?

Éste suspiró y apartó la mirada. No podía decirle la verdad y no soportaba mentirle, pero no tenía otra opción. Así que decidió maquillar un poquito la verdad

-Buscaba a una persona y pensó que yo lo sabría, oye Sam... -decidió cambiar de tema- ¿crees que puedes ayudarme a desatar estas ataduras? Quien sabe lo que hará la loca esa cuando vuelva.

-Claro, intenta desatar tu las mías primero.

Se dió la vuelta y se sentó sobre los muslos de Alex, dándole la espalda.

-Intenta desatar el nudo con los dientes.

Alex asintió y se puso a ello. Los nudos estaban muy bien hechos pero poco a poco fue aflojándolos hasta que lo deshizo y Sam pudo mover las manos. Después de un rato y con algunas uñas ensangrentadas Alex y James estaban libres. Vieron por una pequeña ventana en el techo que estaba amaneciendo, rompieron la ventana lo más silenciosamente posible y salieron de allí corriendo como si no hubiera mañana. Llegaron todos a la casa de Sam, ya que es la que estaba mas cerca, y entraron, asfixiados. Sam les dio vía libre para agarrar lo que quisieran de la nevera y fue a darse una ducha. Ambos cogieron una cerveza y se sentaron en el sofá, casi sin mirarse. Después de un rato Alex miró a James y frunció los labios, sin saber muy bien que decir.

-¿Por qué me odias, James?

Éste lo miró y entrecerró los ojos.

-¿Todavía no lo recuerdas?

Alex miró los ojos de James y un flashback apareció por su cabeza.

“Era de noche y llovía a raudales. Cameron volvía a la cabaña, cabizbajo, después de lo ocurrido con Nathan. Se sentía fatal y quería disculparse. Entró en la cabaña y lo vio en la bañera, se le veía bastante deprimido. Cam se acercó a él, se arrodilló, agarró su mano y lo miro a los ojos.

-Siento mucho lo que ha pasado antes, muchísimo.

Nathan lo miró y suspiró.

-Sabes que lo dije porque estaba borracho, ¿no? Jamás habría estropeado nuestra amistad de esa manera...

-No has estropeado nada... me alegra que me besaras.

-¿Te alegra?- Nathan frunció el ceño- ¿por qué te alegra?

-Porque así puedo hacer esto sin tener miedo...- agarró la cara de su amigo entre sus manos, se inclinó sobre él y le dio un suave y dulce beso.

Nathan, sorprendido, se lo devolvió, creyendo que estaba en un sueño pues no podía creer lo que estaba pasando. Entre los dos desvistieron a Cameron y éste entró en la bañera para seguir besando a Nathan. Lo que empezó siendo dulce acabó siendo apasionado. Había ardor por doquier. Se besaban cada parte del cuerpo a las que eran capaces de llegar. Salieron de la bañera y fueron hasta la cama mas amplia. Pasaron juntos la noche, fue la primera vez de los dos. A la mañana siguiente había dejado de llover y rayos de sol entraba por las ventanas. Cameron despertó y se dio cuenta de que estaba abrazado a Nathan y Nathan a él. Sonrió y se quedó mirando como su amigo dormía. Eran tantos años de amistad... que no sabía cuando esa amistad se había convertido en amor. A lo mejor fue el beso de ayer el que le hizo darse cuenta de lo que sentía en realidad, o a lo mejor solo estaba experimentando. Nathan despertó y lo miró, sonrió como si fuera su cumpleaños y besó la frente del chico. Se quedaron abrazados y mimándose hasta el mediodía. A eso de las dos de la tarde se levantaron y se vistieron, agarraron sus armas y fueron al bosque a seguir entrenando. Faltaba poco para las pruebas de la Hermandad y ambos deseaban ser seleccionados. Llegaron al sitio de siempre, junto al lago, y comenzaron a entrenar. Estaban bien adiestrados. Al anochecer pararon a descansar y refrescarse en el lago y unos pasos los alertó, miraron hacia el origen del ruido y vieron a Kendra, que caminaba hacia ellos sonriente.

-Vaya vaya chicos, habeis mejorado mucho, os he visto entrenar casi toda la tarde.

-Señorita Duncan- Cameron se levantó rápidamente y la saludó como se saludaba a las damas en esa época. - es un inmenso placer volver a verla.

Nathan no pudo evitar rodar los ojos y se acercó más a Cameron, buscando marcar territorio.

-El placer es mío, joven Cameron.

Cameron sonrió mirando a Kendra y viceversa. Nathan se dio cuenta y carraspeó.

-Me alegra el reencuentro y todo eso pero, Cam, tenemos que irnos ya.

La expresión de Kendra cambió y se acercó mas a Cameron, puso su mano sobre la sien izquierda de éste y cerró los ojos concentrada, al rato dio un salto y miró a éste preocupada.

-Has sido marcado... hay algo en tu cabeza... una bruja malvada te ha hechizado.”

Alex volvió a la realidad y seguía mirando a James.

-Recuerdo lo nuestro... pero no recuerdo hacer nada para que me odies...

James frunció los labios y se acercó a Alex.

-¿Que recuerdas de lo nuestro exactamente?

Alex intentó hacer memoria.

-Estabas borracho... y me besaste. Me fui y luego regresé y te besé. Esa noche nos acostamos... y solo recuerdo eso.

James miró hacia un punto de la habitación, pensando.

-A lo mejor... necesitas más motivación para que recuerdes.

-¿Y que sugieres?

James no lo dejó acabar la frase, agarró a Alex de la camiseta y tiró de él, haciendo que sus labios se juntaran. Alex no quiso, pero algo dentro de él le impedía separar sus labios de los de James y le siguió el beso. Y se dio cuenta. En ese momento no eran Alex y James, eran Cameron y Nathan.