Tenían muchas cosas que hacer. Kendra
le dio a James una dirección, una dirección donde se suponía que
ahí estaba la espada que acabaría con Alice, la última y más
poderosa de las brujas malignas. Alex se ofreció a acompañarlo y
ambos salieron a toda prisa, deseando estar solos pero sin saber de
que hablar. Sam se puso a cocinar, le explicaron toda la historia de
la resurrección y que Cameron y Nathan eran Alex y James, después
de eso su semblante se tornó serio y no volvió a decir nada. Quería
tener la mente y las manos ocupadas así que se puso a hacer lasaña,
al cabo de un rato Kendra salió de la ducha y, envuelta en una
toalla, fue a hacerle compañía a Sam. Se sentó en la encimera y se
lo quedó mirando, imaginando lo que pasaba por su mente.
-Estás preocupado por Alex, ¿verdad?
Tienes miedo de que después de toda esta historia se quede con James
y no contigo.
Sam frunció el ceño, eso es
exactamente lo que le preocupaba.
-Estoy seguro de que va a dejarme... en
cuanto recuerde toda la historia seguro que me deja para irse con él.
-Tienes que entender que se amaban con
locura... y todo esto pasó hace muchísimo tiempo...
-Lo sé... -Sam suspiró y siguió
cocinando.
Lejos de allí, en un extraño almacén,
estaban James y Alex, buscando la caja que contiene la espada. Alex
estaba deseando hablar con James, pero no le salían las palabras, no
sabía que decirle.
-James... -empezó.
-¿Si?- James estaba con la mente
ocupada en encontrar la espada.
-Lo siento. Lamento todo lo que ha
pasado.
James se paró en seco y lo miró.
-No te preocupes Alex...
Alex se acercó a él y lo agarró de
la mano, ya no sentía la corriente eléctrica que los recorrió
cuando se tocaron por primera vez. Pensó en preguntarle a Kendra
sobre eso cuando regresaran.
-Todo es por mi culpa... una bruja me
hechizó... te maté... lo siento tanto...
-Te he odiado durante tanto tiempo... y
en unos segundos todo ese odio desapareció al saber por fin la
verdad...- James suspiró y lo abrazó.
-Nunca te haría daño, lo sabes ¿no?
-Alex lo miró a los ojos, con la tristeza en los suyos.
En lugar de contestarle, James agarró
su barbilla con el pulgar y el dedo índice y posó sus labios sobre
los de él, dándole un tierno y suave beso. Alex le siguió el beso
agradecido, una parte de su mente se preocupaba por Sam, pero el
resto solo quería más. Lo empujó suavemente contra una estantería
y profundizó el beso. James comenzó a bajarle la cremallera de la
chaqueta y se la quitó, dejándola caer a un lado. Posó sus manos
en la nuca de Alex y lo besó con más ganas. Sabía que les quedaba
poco tiempo juntos y quería aprovecharlo al máximo. Acarició los
bordes de su camiseta y la levantó poco a poco hasta quitársela,
besó su cuello lentamente y acarició su torso con suavidad. Alex se
deshizo rápidamente de la camiseta de James y comenzó a desabrochar
sus pantalones. Se besaron apasionadamente durante mucho tiempo.
Una hora después salieron del almacén,
despeinados y con las camisetas intercambiadas, y lo mejor: con la
espada envuelta en la chaqueta de Alex. Volvieron a la casa de Sam
todo lo rápido que pudieron, cuando llegaron se encontraron a Sam y
Kendra cenando, ésta con un pijama de Sam puesto. En cuanto los vio
se levantó rápidamente y fue hacia ellos.
-¿La encontraron?
James sonrió y asintió, dándole la
espada. Alex miraba a Sam y la culpabilidad lo azotó de golpe. Sam
lo miraba deprimido, y se deprimió aún más al ver que llevaban la
camiseta del otro. Se levantó apartando su plato y se encerró en
su habitación. Alex miró de soslayo a James y siguió a Sam. James
frunció los labios y fijó su atención en Kendra, que observaba la
espada fascinada.
-Aún no me has dicho por qué Alice
sigue con vida.
-El resto de la hermandad y yo
estuvimos siglos cazando a las brujas, pero a medida que ellas morían
algunos de los nuestros desaparecían. Habré matado a unas cincuenta
brujas, pero Alice es poderosa. Conseguía hacerse con algunos
miembros de la Hermandad y absorbía su poder, quitándoles su
inmortalidad y haciéndose más inmortal ella. Hace unos doscientos
años las brujas encontraron nuestro refugio y destruyeron todas las
espadas y los hechizos que nos mantenía unidos. Desde ese entonces
he estado buscando a algún miembro, Alex es el primero que me
encuentro desde entonces.
-Ahora tienes una oportunidad de acabar
con Alice y vengar a tus otros compañeros. Es ahora o nunca, Nathan.
Alice no puede seguir existiendo.
-Lo sé... pero Alex no sabe luchar con
espadas, y no me veo capaz de matarla yo solo.
-No la matarás tu solo, con tu
habilidad y mi magia seremos capaces de derrotarla. Ahora ve a
descansar. Mañana será el gran día.
James asintió y salió de la casa.
Quiso despedirse de Alex pero sabía que estaba hablando con Sam y
prefirió no hacerlo. Más que hablar, Alex y Sam mantenían una
discusión acalorada.
-¡No lo entiendes Sam! ¡No es lo que
tu crees!
-¡Estás enamorado de él! ¡Haz
jugado conmigo todo este tiempo!
Alex se frustró y lo empujó sobre la
cama, inmovilizándolo.
-Sam Fletcher: antes de conocerte
estaba convencido de que era heterosexual. Tu has sido el primer
chico con el que me he acostado, has sido el primer chico que me ha
gustado. Yo no amo a James, eso lo hace mi yo del pasado. Mi yo del
presente te quiere a ti... No sé como explicártelo, es como si
estuviera dividido.
-¿Me... me quieres?- Sam lo miraba
lloroso.
-Mucho, te quiero mucho. James y yo
solo somos amigos, entiéndelo por favor.
-Pero te has acostado con él...
-No fui yo, fue Cameron...- Alex
suspiró y se quitó de encima. Sam agarró su brazo impidiendo que
se separara.
-Duerme conmigo... Kendra dice que
mañana es un día muy especial, vamos a ir a por Alice.
-Vale... -Alex se tumbó a su lado,
abrazándolo. Sam lo abrazó y lo miró dormir. Cuando el reloj
mostró las 0:00 los ojos de Sam se volvieron completamente negros y
al segundo estaban normales. Lo último que vio Sam antes de caer
dormido fue el calendario, era 16 de mayo.
Kendra los despertó al amanecer, llamó
a James y éste estaba de camino. Había hecho un hechizo de
localización y sabía donde estaba Alice. Era ahora o nunca. James
llegó y desayunaron todos juntos, planeando el ataque. Alice estaba
en la casa de donde se escaparon los tres chicos el otro día. El
plan de Kendra era sencillo, tenderle una emboscada. A todos los
chicos les parecía bien así que se prepararon, agarraron el coche
de la madre de Alex y Sam condujo hacia aquella casa. A todos les
trajo malos recuerdos, pero estaban listos. El Sol ya estaba algo
alto cuando bajaron del coche, todos se miraron a la cara, nerviosos.
La noche anterior hubo luna llena, Kendra consiguió hacer la poción
para Alex y éste la bebió antes de que la luna se ocultara. Se
sentía raro, y deseoso de entrar en acción. Lenta y sigilosamente
caminaron hacia la casa, todos estaban armados. James con la espada,
Alex con cuchillos para lanzar, Sam con un bate y una navaja y Kendra
con su magia. Encontraron una ventana abierta y se colaron en el
interior de la casa.
-Hay que inspeccionar la casa- susurró
Kendra lo más bajo que pudo.- Alex, tu vienes conmigo a explorar
esta planta. James, Sam, ustedes van a la planta de arriba. Sean
sigilosos y por favor, tengan cuidado.
Todos asintieron. Alex quiso
despedirse, por si acaso, pero no quería besar a Sam delante de
James, y una parte de él deseaba abalanzarse sobre James y no
dejarlo ir, pero tuvo que contenerse y verlos a ambos marchar
escaleras arriba.
Él y Kendra inspeccionaron la planta
baja, encontraron un pequeño estudio pero no vieron nada de interés,
tampoco en la cocina ni en el comedor.
-Hoy es el cumpleaños de James...
-empezó diciendo Alex, acabando de acordarse- ¿qué debo regalarle?
Kendra miraba unos libros de magia
negra distraída.
-No lo sé, ¿una consola? ¿Qué
hacéis los jóvenes de hoy en día?
-Jugar con consolas, hacer deporte...
de todo un poco.
-Hum... ¿cuántos años cumple? -dejó
el libro que estaba mirando y agarró otro.
-18- contestó Alex mirando alrededor.
Tenía un mal presentimiento y no sabía por qué, un ruido lo hizo
darse velozmente la vuelta preparado para lanzar un cuchillo.
Kendra estaba de pie donde estaba
antes, pero el libro que tenía sobre sus manos se había caído y
estaba más pálida que la pared.
-¿Hoy es 16 de mayo? ¿Hoy cumple
James 18 años?
Le temblaba la voz un montón y parecía
a punto de llorar.
-Si, ¿por qué? -Alex la miraba
extrañado.
-Alex... la poción de la
inmortalidad... tiene un gran fallo.
Alex empalideció poco a poco.
-¿Qué fallo?
Kendra tragó saliva y sus ojos se
llenaron de lágrimas.
-La primera vez que uno muere... es la
fecha que morirá el resto de sus vidas siguientes.
-Pero...- Alex se dio cuenta de lo que
quería decir y sintió que le vaciaban un balde de agua helada
encima.
-Alex... Nathan murió el día de su
cumpleaños... cuando cumplía 18 años...
Esas palabras bastaron a Alex para
salir corriendo del estudio, sin importarle el sigilo, sin importarle
Alice. Solo James. Subió las escaleras de tres en tres seguido por
Kendra.
-¡James! ¿¡Dónde estás?!
-¡Aquí!
Oyó la voz de James que venía de una
puerta a su izquierda y corrió hacia ella abriéndola de golpe. Con
el corazón a mil por hora dio un rápido vistazo hasta ver a James,
parecía estar bien y miraba a Alex preocupado. Pero Alex se quedó
paralizado mirando a Sam, que estaba detrás de James. Los ojos de
Sam estaban negros como la noche. <Hechizado> pensó Alex.
-¡James cuidado!
Alex se abalanzó hacia Sam pero no
llegó a tiempo. La navaja de Sam fue rápidamente conducida por su
mano hacia el cuello de James, degollándolo. El suelo comenzó a
empaparse de sangre y James, con cara de sorpresa, cayó tendido
sobre el suelo, con sus ojos mirando a la nada.
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