martes, 26 de noviembre de 2013

Capítulo Nueve: Inmortalidad.


Tenían muchas cosas que hacer. Kendra le dio a James una dirección, una dirección donde se suponía que ahí estaba la espada que acabaría con Alice, la última y más poderosa de las brujas malignas. Alex se ofreció a acompañarlo y ambos salieron a toda prisa, deseando estar solos pero sin saber de que hablar. Sam se puso a cocinar, le explicaron toda la historia de la resurrección y que Cameron y Nathan eran Alex y James, después de eso su semblante se tornó serio y no volvió a decir nada. Quería tener la mente y las manos ocupadas así que se puso a hacer lasaña, al cabo de un rato Kendra salió de la ducha y, envuelta en una toalla, fue a hacerle compañía a Sam. Se sentó en la encimera y se lo quedó mirando, imaginando lo que pasaba por su mente.

-Estás preocupado por Alex, ¿verdad? Tienes miedo de que después de toda esta historia se quede con James y no contigo.

Sam frunció el ceño, eso es exactamente lo que le preocupaba.

-Estoy seguro de que va a dejarme... en cuanto recuerde toda la historia seguro que me deja para irse con él.

-Tienes que entender que se amaban con locura... y todo esto pasó hace muchísimo tiempo...

-Lo sé... -Sam suspiró y siguió cocinando.

Lejos de allí, en un extraño almacén, estaban James y Alex, buscando la caja que contiene la espada. Alex estaba deseando hablar con James, pero no le salían las palabras, no sabía que decirle.

-James... -empezó.

-¿Si?- James estaba con la mente ocupada en encontrar la espada.

-Lo siento. Lamento todo lo que ha pasado.

James se paró en seco y lo miró.

-No te preocupes Alex...

Alex se acercó a él y lo agarró de la mano, ya no sentía la corriente eléctrica que los recorrió cuando se tocaron por primera vez. Pensó en preguntarle a Kendra sobre eso cuando regresaran.

-Todo es por mi culpa... una bruja me hechizó... te maté... lo siento tanto...

-Te he odiado durante tanto tiempo... y en unos segundos todo ese odio desapareció al saber por fin la verdad...- James suspiró y lo abrazó.

-Nunca te haría daño, lo sabes ¿no? -Alex lo miró a los ojos, con la tristeza en los suyos.

En lugar de contestarle, James agarró su barbilla con el pulgar y el dedo índice y posó sus labios sobre los de él, dándole un tierno y suave beso. Alex le siguió el beso agradecido, una parte de su mente se preocupaba por Sam, pero el resto solo quería más. Lo empujó suavemente contra una estantería y profundizó el beso. James comenzó a bajarle la cremallera de la chaqueta y se la quitó, dejándola caer a un lado. Posó sus manos en la nuca de Alex y lo besó con más ganas. Sabía que les quedaba poco tiempo juntos y quería aprovecharlo al máximo. Acarició los bordes de su camiseta y la levantó poco a poco hasta quitársela, besó su cuello lentamente y acarició su torso con suavidad. Alex se deshizo rápidamente de la camiseta de James y comenzó a desabrochar sus pantalones. Se besaron apasionadamente durante mucho tiempo.
Una hora después salieron del almacén, despeinados y con las camisetas intercambiadas, y lo mejor: con la espada envuelta en la chaqueta de Alex. Volvieron a la casa de Sam todo lo rápido que pudieron, cuando llegaron se encontraron a Sam y Kendra cenando, ésta con un pijama de Sam puesto. En cuanto los vio se levantó rápidamente y fue hacia ellos.

-¿La encontraron?

James sonrió y asintió, dándole la espada. Alex miraba a Sam y la culpabilidad lo azotó de golpe. Sam lo miraba deprimido, y se deprimió aún más al ver que llevaban la camiseta del otro. Se levantó apartando su plato y se encerró en su habitación. Alex miró de soslayo a James y siguió a Sam. James frunció los labios y fijó su atención en Kendra, que observaba la espada fascinada.

-Aún no me has dicho por qué Alice sigue con vida.

-El resto de la hermandad y yo estuvimos siglos cazando a las brujas, pero a medida que ellas morían algunos de los nuestros desaparecían. Habré matado a unas cincuenta brujas, pero Alice es poderosa. Conseguía hacerse con algunos miembros de la Hermandad y absorbía su poder, quitándoles su inmortalidad y haciéndose más inmortal ella. Hace unos doscientos años las brujas encontraron nuestro refugio y destruyeron todas las espadas y los hechizos que nos mantenía unidos. Desde ese entonces he estado buscando a algún miembro, Alex es el primero que me encuentro desde entonces.

-Ahora tienes una oportunidad de acabar con Alice y vengar a tus otros compañeros. Es ahora o nunca, Nathan. Alice no puede seguir existiendo.

-Lo sé... pero Alex no sabe luchar con espadas, y no me veo capaz de matarla yo solo.

-No la matarás tu solo, con tu habilidad y mi magia seremos capaces de derrotarla. Ahora ve a descansar. Mañana será el gran día.

James asintió y salió de la casa. Quiso despedirse de Alex pero sabía que estaba hablando con Sam y prefirió no hacerlo. Más que hablar, Alex y Sam mantenían una discusión acalorada.

-¡No lo entiendes Sam! ¡No es lo que tu crees!

-¡Estás enamorado de él! ¡Haz jugado conmigo todo este tiempo!

Alex se frustró y lo empujó sobre la cama, inmovilizándolo.

-Sam Fletcher: antes de conocerte estaba convencido de que era heterosexual. Tu has sido el primer chico con el que me he acostado, has sido el primer chico que me ha gustado. Yo no amo a James, eso lo hace mi yo del pasado. Mi yo del presente te quiere a ti... No sé como explicártelo, es como si estuviera dividido.

-¿Me... me quieres?- Sam lo miraba lloroso.

-Mucho, te quiero mucho. James y yo solo somos amigos, entiéndelo por favor.

-Pero te has acostado con él...

-No fui yo, fue Cameron...- Alex suspiró y se quitó de encima. Sam agarró su brazo impidiendo que se separara.

-Duerme conmigo... Kendra dice que mañana es un día muy especial, vamos a ir a por Alice.

-Vale... -Alex se tumbó a su lado, abrazándolo. Sam lo abrazó y lo miró dormir. Cuando el reloj mostró las 0:00 los ojos de Sam se volvieron completamente negros y al segundo estaban normales. Lo último que vio Sam antes de caer dormido fue el calendario, era 16 de mayo.

Kendra los despertó al amanecer, llamó a James y éste estaba de camino. Había hecho un hechizo de localización y sabía donde estaba Alice. Era ahora o nunca. James llegó y desayunaron todos juntos, planeando el ataque. Alice estaba en la casa de donde se escaparon los tres chicos el otro día. El plan de Kendra era sencillo, tenderle una emboscada. A todos los chicos les parecía bien así que se prepararon, agarraron el coche de la madre de Alex y Sam condujo hacia aquella casa. A todos les trajo malos recuerdos, pero estaban listos. El Sol ya estaba algo alto cuando bajaron del coche, todos se miraron a la cara, nerviosos. La noche anterior hubo luna llena, Kendra consiguió hacer la poción para Alex y éste la bebió antes de que la luna se ocultara. Se sentía raro, y deseoso de entrar en acción. Lenta y sigilosamente caminaron hacia la casa, todos estaban armados. James con la espada, Alex con cuchillos para lanzar, Sam con un bate y una navaja y Kendra con su magia. Encontraron una ventana abierta y se colaron en el interior de la casa.

-Hay que inspeccionar la casa- susurró Kendra lo más bajo que pudo.- Alex, tu vienes conmigo a explorar esta planta. James, Sam, ustedes van a la planta de arriba. Sean sigilosos y por favor, tengan cuidado.

Todos asintieron. Alex quiso despedirse, por si acaso, pero no quería besar a Sam delante de James, y una parte de él deseaba abalanzarse sobre James y no dejarlo ir, pero tuvo que contenerse y verlos a ambos marchar escaleras arriba.
Él y Kendra inspeccionaron la planta baja, encontraron un pequeño estudio pero no vieron nada de interés, tampoco en la cocina ni en el comedor.

-Hoy es el cumpleaños de James... -empezó diciendo Alex, acabando de acordarse- ¿qué debo regalarle?

Kendra miraba unos libros de magia negra distraída.

-No lo sé, ¿una consola? ¿Qué hacéis los jóvenes de hoy en día?

-Jugar con consolas, hacer deporte... de todo un poco.

-Hum... ¿cuántos años cumple? -dejó el libro que estaba mirando y agarró otro.

-18- contestó Alex mirando alrededor. Tenía un mal presentimiento y no sabía por qué, un ruido lo hizo darse velozmente la vuelta preparado para lanzar un cuchillo.

Kendra estaba de pie donde estaba antes, pero el libro que tenía sobre sus manos se había caído y estaba más pálida que la pared.

-¿Hoy es 16 de mayo? ¿Hoy cumple James 18 años?

Le temblaba la voz un montón y parecía a punto de llorar.
-Si, ¿por qué? -Alex la miraba extrañado.

-Alex... la poción de la inmortalidad... tiene un gran fallo.

Alex empalideció poco a poco.

-¿Qué fallo?

Kendra tragó saliva y sus ojos se llenaron de lágrimas.

-La primera vez que uno muere... es la fecha que morirá el resto de sus vidas siguientes.

-Pero...- Alex se dio cuenta de lo que quería decir y sintió que le vaciaban un balde de agua helada encima.

-Alex... Nathan murió el día de su cumpleaños... cuando cumplía 18 años...

Esas palabras bastaron a Alex para salir corriendo del estudio, sin importarle el sigilo, sin importarle Alice. Solo James. Subió las escaleras de tres en tres seguido por Kendra.

-¡James! ¿¡Dónde estás?!

-¡Aquí!

Oyó la voz de James que venía de una puerta a su izquierda y corrió hacia ella abriéndola de golpe. Con el corazón a mil por hora dio un rápido vistazo hasta ver a James, parecía estar bien y miraba a Alex preocupado. Pero Alex se quedó paralizado mirando a Sam, que estaba detrás de James. Los ojos de Sam estaban negros como la noche. <Hechizado> pensó Alex.

-¡James cuidado!


Alex se abalanzó hacia Sam pero no llegó a tiempo. La navaja de Sam fue rápidamente conducida por su mano hacia el cuello de James, degollándolo. El suelo comenzó a empaparse de sangre y James, con cara de sorpresa, cayó tendido sobre el suelo, con sus ojos mirando a la nada.

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