Alex y James seguían besándose en el
sofá de Sam, Alex quería parar esa locura, pero no encontraba la
fuerza para hacerlo. Al final, el sonido de la puerta del baño
abriéndose fue lo que hizo que ambos se separaran de un salto. Por
suerte, Sam parece que no se enteró de nada. Salió del baño con
una toalla envolviendo su cintura y fue hasta la cocina, buscando
algo de comer. Alex fue hacia él, buscando entablar conversación, y
James se quedó en el sofá, tocándose los labios pensativo. Afuera
ya amaneció y algunos rayos de Sol entraban por la ventana. Sam y
Alex estaban hablando cuando James se levantó, impaciente, y fue
hacia ellos.
-¿Y bien? ¿Que hacemos ahora?
Alex evitó mirarlo a toda costa, se
preparó un café y esperó a que respondiera Sam, ya que él se
estaba preguntando lo mismo. Sam miró a James y se mordió el labio
pensativo.
-Pues no lo sé... si aquella mujer nos
encontró una vez, algo me dice que lo hará de nuevo.
James frunció el ceño.
-¿Y nos quedaremos de brazos cruzados
hasta que nos encuentre? ¿Ese es el plan?
-¿Tienes un plan mejor?- preguntó
Alex sin mirarlo.
-Si, siempre hay un plan B.
-¿Y cuál es?- Sam alzó una ceja
mirando a James.
-La guerra.- respondió éste con su
típica sonrisa maliciosa.
-¿Piensas luchar contra ella?
-Yo solo no, tú vendrás conmigo.
-dijo señalando a Alex. Éste lo miró sorprendido y se atragantó
con el café.
-¿Yo? ¿Por qué yo?
-Ya oíste lo que dijo la bruja, los de
la Hermandad estamos destinados a cazarlas.
-Ya- Alex rodó los ojos- Pero yo no se
luchar.
-Yo te enseñaré- dijo Sam, mirándolo.
-Se me da bien.
Alex miró a uno y a otro y dejó la
taza de café sobre la encimera. Se tomó un minuto para procesar
todo eso.
-¿Estais hablando en serio? ¿Vais a
ir a cazar a esa bruja? ¡Es más poderosa que nosotros!
-Nosotros tenemos algo que ella no
tiene- dijo James, tranquilo.
-¿Ah si? ¿Y qué es?
Él sonrió de lado y se cruzó de
brazos, apoyándose en la encimera.
-A la gran bruja Kendra Duncan.
Alex lo miró atónito.
-¿Qué? ¡Dijiste que no sabías quien
era!
-Mentí- se encogió de hombros.
Sam miraba a uno y a otro, como no
entendía nada salió de la cocina y fue a su habitación a vestirse.
Alex inspiró y expiró varias veces, intentando calmarse.
-¿Y bien? ¿Dónde está Kendra? Hazla
venir cuanto antes.
-Kendra está muerta, hay que
invocarla.
-¿Está muerta? ¿Y cómo pretendes
que nos ayude a luchar contra Alice siendo un fantasma?- Alex
comenzaba a perder la paciencia.
-Invocándola, y una vez que la
invoquemos... revivirla.
-Revivirla- Alex bufó- ¿Desde cuando
tienes el poder de resucitar a los muertos?
James rodó los ojos y se acercó a
Alex, mirándolo a los ojos.
-Todavía hay cosas que no recuerdas,
vas a tener que confiar en mí.
-Perdona si no me fío mucho de tí.-
dijo éste fríamente. James se acercó mas a él hasta que
estuvieron a pocos centímetros.
-Si no confiaras en mí antes me habrías
apartado, no habrías dejado que te besara.
-¿Y cómo sabes eso?- Alex alzó una
ceja.
-Porque eso es lo que haría Cameron.
-Yo soy Alexander, no Cameron.
-¿Ah si? -James se acercó más-
¿Entonces por qué no me apartaste?
-Quería comprobar que tal besabas- se
encogió de hombros- Sam besa mejor- dijo a modo de reto.
James tensó los labios y lo miró
enfadado, lo agarro del cuello de la camisa dispuesto a besarlo otra
vez pero apareció Sam, poniéndose una camiseta.
-¿Ya hablaron sobre el plan B? ¿Al
final que vamos a hacer? -dijo mirándolos. Al darse cuenta de la
situación frunció el ceño.- ¿Qué ocurre?
James tensó más los labios y soltó a
Alex, desde el punto de vista de Sam parecía que iba a pegarle.
-Vamos a resucitar a Kendra y pedirle
que luche con nosotros.
Alex se arregló el cuello de la
camisa, nervioso.
-¿Y cómo vamos a hacer eso?
-Yo tengo que ir a mi casa a por una
cosa, ustedes quédense aquí y consigan sal- dijo James, caminando
hacia la puerta.
Alex y Sam se miraron y se encogieron
de hombros, James se fue cerrando de un portazo y Sam se acercó a
Alex.
-¿Que pasó mientras me estaba
vistiendo? Parecía que iba a pegarte.
-No pasó nada...-Alex se acercó a él
y pasó las manos por su pecho, cariñoso- solo lo provoqué...
-¿Que le dijiste? -Sam acarició su
mejilla y lo miró con un poco de preocupación. Alex carraspeó,
intentando evitar el tema.
-Nada... será mejor que busquemos esa
sal, su casa no está lejos y volverá pronto.
Se dio la vuelta para buscar en los
armarios cuando Sam lo agarró del brazo acercándolo hacia si y lo
besó. Alex, sorprendido y sonrojado, le siguió el beso enredando
los dedos en su pelo. Ahora no era momento para dejarse llevar por el
placer pero no lo podía parar. Sam lo pegó a la encimera y siguió
besándolo, para al rato separarse y susurrarle en el oído:
-Todavía sabes a él.
Alex empalideció y Sam lo soltó,
alejándose de él.
-Sam yo...
-¿En mi propia casa? ¿Enserio Alex?- lo
miró más enfadado que nunca.
-Yo no fui, fué él... -lo miró
entristecido- lo siento...
En ese momento entraba James por la
puerta, con lo que parecía un libro muy antiguo. Sam lo primero que
hizo al verle fue ir hacia él y tumbarlo de un puñetazo en la
mandíbula. No le dió tiempo a reaccionar y cayó al suelo
golpeándose la cabeza contra el bordillo de una silla. Alex se quedó
helado y miró a Sam boquiabierto, éste miraba a James con odio.
-Vuelve a besar a Alex y esto será lo
mínimo que te haré- dicho esto fue hacia un armario de la cocina y
sacó el paquete de sal, lanzándoselo- haz lo que tengas que hacer y
lárgate de mi casa.
James se mareó al golpearse en la
cabeza y luego miró a Sam, se levantó como pudo y agarró la sal y
el libro, ignorando a los otros dos. Apartó la mesa y las sillas y
se puso a dibujar en el suelo con la sal lo que parecía una estrella
encerrada en un círculo de fuego y hielo. Sam evitaba mirarlo para
no tener otro arrebato de ira y Alex lo miraba mordiéndose el labio,
sintiéndose culpable. Pero ahora no podía pensar en Kendra, ni en
Alice, ni en la Hermandad. La pregunta que rondaba su mente era: ¿Sam
o James?
-Necesito velas- dijo James, seco.
Sam fue a buscarlas y se las dio sin
decir una sola palabra. James las encendió y las puso en cada punta
de la estrella. Después abrió el libro y se puso a recitar. Las
llamas de las velas aumentaron y ahora Alex prestaba toda su atención
a lo que estaba sucediendo, incluso Sam dejó de poner cara de odio
para mostrarse impresionado. Las persianas se cerraron solas para
dejar la estancia solamente iluminada por las velas. Los granitos de
sal comenzaron a elevarse lentamente y a arremolinarse, cada vez más
rápido, dando la impresión de que estaban en un mini tornado. James
estaba recitando en algo que parecía griego antiguo, Alex y Sam solo
entendieron las dos últimas palabras: Kendra Duncan. Todos los
granos de sal se esparcieron por toda la estancia cuando esas
palabras fueron pronunciadas y en el centro del círculo apareció
una figura, una belleza rubia de ojos verdes. Era Kendra, y los
miraba a todos con una sonrisa angelical.
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