martes, 12 de noviembre de 2013

Capítulo Siete: Mentiras.


Alex y James seguían besándose en el sofá de Sam, Alex quería parar esa locura, pero no encontraba la fuerza para hacerlo. Al final, el sonido de la puerta del baño abriéndose fue lo que hizo que ambos se separaran de un salto. Por suerte, Sam parece que no se enteró de nada. Salió del baño con una toalla envolviendo su cintura y fue hasta la cocina, buscando algo de comer. Alex fue hacia él, buscando entablar conversación, y James se quedó en el sofá, tocándose los labios pensativo. Afuera ya amaneció y algunos rayos de Sol entraban por la ventana. Sam y Alex estaban hablando cuando James se levantó, impaciente, y fue hacia ellos.

-¿Y bien? ¿Que hacemos ahora?

Alex evitó mirarlo a toda costa, se preparó un café y esperó a que respondiera Sam, ya que él se estaba preguntando lo mismo. Sam miró a James y se mordió el labio pensativo.

-Pues no lo sé... si aquella mujer nos encontró una vez, algo me dice que lo hará de nuevo.

James frunció el ceño.

-¿Y nos quedaremos de brazos cruzados hasta que nos encuentre? ¿Ese es el plan?

-¿Tienes un plan mejor?- preguntó Alex sin mirarlo.

-Si, siempre hay un plan B.

-¿Y cuál es?- Sam alzó una ceja mirando a James.

-La guerra.- respondió éste con su típica sonrisa maliciosa.

-¿Piensas luchar contra ella?

-Yo solo no, tú vendrás conmigo. -dijo señalando a Alex. Éste lo miró sorprendido y se atragantó con el café.

-¿Yo? ¿Por qué yo?

-Ya oíste lo que dijo la bruja, los de la Hermandad estamos destinados a cazarlas.

-Ya- Alex rodó los ojos- Pero yo no se luchar.

-Yo te enseñaré- dijo Sam, mirándolo. -Se me da bien.

Alex miró a uno y a otro y dejó la taza de café sobre la encimera. Se tomó un minuto para procesar todo eso.

-¿Estais hablando en serio? ¿Vais a ir a cazar a esa bruja? ¡Es más poderosa que nosotros!

-Nosotros tenemos algo que ella no tiene- dijo James, tranquilo.

-¿Ah si? ¿Y qué es?

Él sonrió de lado y se cruzó de brazos, apoyándose en la encimera.

-A la gran bruja Kendra Duncan.

Alex lo miró atónito.

-¿Qué? ¡Dijiste que no sabías quien era!

-Mentí- se encogió de hombros.

Sam miraba a uno y a otro, como no entendía nada salió de la cocina y fue a su habitación a vestirse. Alex inspiró y expiró varias veces, intentando calmarse.

-¿Y bien? ¿Dónde está Kendra? Hazla venir cuanto antes.

-Kendra está muerta, hay que invocarla.

-¿Está muerta? ¿Y cómo pretendes que nos ayude a luchar contra Alice siendo un fantasma?- Alex comenzaba a perder la paciencia.

-Invocándola, y una vez que la invoquemos... revivirla.

-Revivirla- Alex bufó- ¿Desde cuando tienes el poder de resucitar a los muertos?

James rodó los ojos y se acercó a Alex, mirándolo a los ojos.

-Todavía hay cosas que no recuerdas, vas a tener que confiar en mí.

-Perdona si no me fío mucho de tí.- dijo éste fríamente. James se acercó mas a él hasta que estuvieron a pocos centímetros.

-Si no confiaras en mí antes me habrías apartado, no habrías dejado que te besara.

-¿Y cómo sabes eso?- Alex alzó una ceja.

-Porque eso es lo que haría Cameron.

-Yo soy Alexander, no Cameron.

-¿Ah si? -James se acercó más- ¿Entonces por qué no me apartaste?

-Quería comprobar que tal besabas- se encogió de hombros- Sam besa mejor- dijo a modo de reto.

James tensó los labios y lo miró enfadado, lo agarro del cuello de la camisa dispuesto a besarlo otra vez pero apareció Sam, poniéndose una camiseta.

-¿Ya hablaron sobre el plan B? ¿Al final que vamos a hacer? -dijo mirándolos. Al darse cuenta de la situación frunció el ceño.- ¿Qué ocurre?

James tensó más los labios y soltó a Alex, desde el punto de vista de Sam parecía que iba a pegarle.

-Vamos a resucitar a Kendra y pedirle que luche con nosotros.

Alex se arregló el cuello de la camisa, nervioso.

-¿Y cómo vamos a hacer eso?

-Yo tengo que ir a mi casa a por una cosa, ustedes quédense aquí y consigan sal- dijo James, caminando hacia la puerta.

Alex y Sam se miraron y se encogieron de hombros, James se fue cerrando de un portazo y Sam se acercó a Alex.

-¿Que pasó mientras me estaba vistiendo? Parecía que iba a pegarte.

-No pasó nada...-Alex se acercó a él y pasó las manos por su pecho, cariñoso- solo lo provoqué...

-¿Que le dijiste? -Sam acarició su mejilla y lo miró con un poco de preocupación. Alex carraspeó, intentando evitar el tema.

-Nada... será mejor que busquemos esa sal, su casa no está lejos y volverá pronto.

Se dio la vuelta para buscar en los armarios cuando Sam lo agarró del brazo acercándolo hacia si y lo besó. Alex, sorprendido y sonrojado, le siguió el beso enredando los dedos en su pelo. Ahora no era momento para dejarse llevar por el placer pero no lo podía parar. Sam lo pegó a la encimera y siguió besándolo, para al rato separarse y susurrarle en el oído:

-Todavía sabes a él.

Alex empalideció y Sam lo soltó, alejándose de él.

-Sam yo...

-¿En mi propia casa? ¿Enserio Alex?- lo miró más enfadado que nunca.

-Yo no fui, fué él... -lo miró entristecido- lo siento...

En ese momento entraba James por la puerta, con lo que parecía un libro muy antiguo. Sam lo primero que hizo al verle fue ir hacia él y tumbarlo de un puñetazo en la mandíbula. No le dió tiempo a reaccionar y cayó al suelo golpeándose la cabeza contra el bordillo de una silla. Alex se quedó helado y miró a Sam boquiabierto, éste miraba a James con odio.

-Vuelve a besar a Alex y esto será lo mínimo que te haré- dicho esto fue hacia un armario de la cocina y sacó el paquete de sal, lanzándoselo- haz lo que tengas que hacer y lárgate de mi casa.

James se mareó al golpearse en la cabeza y luego miró a Sam, se levantó como pudo y agarró la sal y el libro, ignorando a los otros dos. Apartó la mesa y las sillas y se puso a dibujar en el suelo con la sal lo que parecía una estrella encerrada en un círculo de fuego y hielo. Sam evitaba mirarlo para no tener otro arrebato de ira y Alex lo miraba mordiéndose el labio, sintiéndose culpable. Pero ahora no podía pensar en Kendra, ni en Alice, ni en la Hermandad. La pregunta que rondaba su mente era: ¿Sam o James?

-Necesito velas- dijo James, seco.


Sam fue a buscarlas y se las dio sin decir una sola palabra. James las encendió y las puso en cada punta de la estrella. Después abrió el libro y se puso a recitar. Las llamas de las velas aumentaron y ahora Alex prestaba toda su atención a lo que estaba sucediendo, incluso Sam dejó de poner cara de odio para mostrarse impresionado. Las persianas se cerraron solas para dejar la estancia solamente iluminada por las velas. Los granitos de sal comenzaron a elevarse lentamente y a arremolinarse, cada vez más rápido, dando la impresión de que estaban en un mini tornado. James estaba recitando en algo que parecía griego antiguo, Alex y Sam solo entendieron las dos últimas palabras: Kendra Duncan. Todos los granos de sal se esparcieron por toda la estancia cuando esas palabras fueron pronunciadas y en el centro del círculo apareció una figura, una belleza rubia de ojos verdes. Era Kendra, y los miraba a todos con una sonrisa angelical.  

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