martes, 29 de octubre de 2013

Capítulo Cinco: No es lo que parece.

Alex despertó sobresaltado, ese sueño... ¿Por eso lo odiaba James? Se levantó, frustrado, y fue al baño a darse una ducha. Tenía la mente en blanco mientras se enjabonaba. ¿Quién habrá secuestrado a James? Alex creía saber la verdad, pero no quería admitirlo. Todo le resultaba tan surrealista... Salió del baño, se secó, se vistió y bajó a desayunar. Estaba nervioso, porque sabía que hoy confirmaría todo lo que estaba pasando, o al menos una parte. Apenas pudo comer las tortitas que su madre le había preparado, tenía el estómago cerrado. Subió a lavarse los dientes, agarró su mochila y salió a paso rápido de su casa, caminando hacia el instituto. En la entrada no vio a James con sus amigos, lo cual le preocupó aún más. Entró a su clase y dirigió su mirada a la silla de James, la cual estaba vacía. Se sentó, suspirando, y la silla fue ocupada por Kassandra, la cual le sonrió con amabilidad.

-¿Todo bien Alex?

Alex asintió, sin muchas ganas de charlar. Cada vez que entraba alguien miraba desesperado hacia la puerta. Después de que entraran todos entró su profesor de historia. Una aburrida charla sobre la guerra civil inundó la clase y Alex se puso a dibujar en la mesa, tan absorto en sus pensamientos que no oyó cuando sonó el timbre. De repente se hizo el silencio, y tardó mucho en darse cuenta. Miró alrededor y los vio a todos quietos, congelados, como si alguien hubiera parado el tiempo.

-¿Que coño...? -dijo levantándose.

Un risa a su espalda hizo que se volviera, lo hizo. Y la vio. Por fin. Alice. Su tutora. Igual como está en sus sueños, ni un día más vieja. Alex entrecerró los ojos y se puso en guardia. Ella lo miró sonriendo maléficamente.

-Cameron... veo que por fin me reconoces- dijo ella sin dejar de sonreír.

-Mi nombre es Alex- dijo él, apretando los dientes.

-Nathan no se alegrará de saber que no quieres aceptar la verdad de lo que eres, que lástima...

-¿Qué? -pestañeó- ¿dónde está James?

-Bajo mi poder, en un sitio donde no lo encontrarás jamás.

-Primero yo... luego él... ¿qué quieres de nosotros?

Alice amplió su sonrisa, alzó la mano y le lanzó una bola de luz que Alex esquivó por poco. Ella siguió lanzando y él esquivando hasta que una le llegó y cayó tendido en el suelo, inconsciente.

“Cameron se pasó semanas buscando a Nathan, no lo encontraba por ningún sitio. Le llegaron rumores de que estaba en una posada al extremo del pueblo, siempre borracho y con muchachas de compañía. Una noche Cameron se dejó caer por allí, no creía que su mejor amigo fuera a estar en un sitio como aquél y quería desmentir los rumores. Entró, sacudiéndose el agua del pelo y miró alrededor, estaba lleno de borrachos y mujeres medio desnudas. Se internó entre la muchedumbre, mirando cara por cara hasta que, después de un buen rato, distinguió a su amigo. Estaba durmiendo encima de una mesa. Cameron frunció los labios, pagó todo lo que su amigo debía, se lo cargó al hombro y lo sacó de allí. Caminó con su amigo al hombro durante un buen rato hasta llegar a su cabaña, lo desnudó y lo bañó. Nathan despertó y lo miró, se notaba a la legua que estaba muy borracho. Al ver a Cameron sonrió como idiota y empezó a reírse.

-¡Cameron! Mi buen amigo Cameron... quítate la ropa y únete a la fiesta.

Éste rodó los ojos y siguió bañándolo. Nathan se incorporó un poco y empezó a desenlazarle su camisa.

-Para... ¿qué haces?- Cameron frunció el ceño y se lo quitó de encima.

Nathan hizo un puchero y le desenlazó los cordones de los pantalones.

-No seas tonto y báñate conmigo...

Cameron enrojeció y se alejó, avergonzado del comportamiento de su amigo.

-Báñate tu solo.

Nathan también enrojeció, pero de rabia. Se levantó dejando que los restos de jabón resbalaran por su cuerpo y señaló a Cam con el dedo.

-O sea, ¡que no sólo te besas con Alice sino que ahora me rechazas! ¿¡Qué está mal contigo!?

-¿Conmigo? ¡Tu eres el que casi me mata por besar a esa chica!

Nathan salió de la bañera de madera y se acercó a él.

-¿No lo entiendes, verdad?

-¿Qué he de entender?- Cam frunció el ceño.

-¡No me enfadé porque la besaras! ¡Me enfadé porque ella te besó!

-¿Qué? ¿De que hablas? No lo entiendo...

-¿Quieres que te lo explique? Te lo explicaré- Nathan acortó la distancia entre ellos en un par de pasos, rodeó el cuello de Cameron con sus brazos y lo besó.

Lo besó con ansia, como si hubiera estado esperando mucho tiempo para hacer eso. Lo besó con miedo, como si el mundo fuera a acabarse al día siguiente. Cameron se quedó en shock, incapaz de reaccionar. Incapaz de creer lo que estaba pasando. Sin querer creerlo. Sin poder creerlo. Su amigo de la infancia, su hermano, su compañero de armas. Perdido. Todo perdido. Cuando pudo reaccionar lo que hizo fue apartarlo de un empujón. Nathan cayó al suelo y miró a Cameron con la boca entreabierta, incapaz de creer que le hubiera empujado, que le hubiera rechazado. Cameron se dió la vuelta y salió de la cabaña, sin ver como los ojos de su amigo se llenaban de lágrimas. Lágrimas por el rechazo.”

Alex despertó. Estaba atado a una silla en un lugar que no reconocía. Notaba que a su espalda había otra silla, y alguien atado en ella. <James>. Miró alrededor pero había poca luz, solo una pobre bombilla que colgaba del techo. Parecía un sótano. La persona que estaba a su lado despertó, boqueando.

-¿James? ¿Eres tu, James?

Alex intentó darse la vuelta pero las cuerdas no lo dejaban.

-¿Alex?

Éste suspiró de alivio al reconocer la voz. James estaba vivo. Y estaba allí.

-Si... ¿sabes dónde estamos?

-No... no he visto nada que no sea esta pared. Hasta he contado cuantos ladrillos tiene.

Alex intentó hacer memoria, recopilar información de todos sus sueños.

-Alice... tienes que explicarme qué pasa, James. Hay cosas que se me escapan.

-¿Has conseguido recordar algo?

-Fragmentos... ¿qué es Alice? ¿Una bruja?

-Si- suspiró- las brujas, como sabrás, o a lo mejor no, no envejecen.

-¿Y qué quiere de nosotros?

Oyeron el sonido de una puerta al abrirse y se tensaron, escucharon dos pares de pies caminar hacia ellos. La primera persona era Alice, hermosa y amenazadora como siempre. La segunda permaneció en las sombras y parecía que también iba atada.

-Muy pronto sabreis lo que quiero de ustedes- dijo sonriendo amenazadoramente.

Se acercó a James, sacó una navaja de su bota y le hizo un corte en la mejilla. Agarró un vasito y lo puso debajo de la sangre que goteaba. Hizo el mismo proceso con Alex, el cual se estaba poniendo cada vez mas nervioso.

-Vereis, chicos, es muy sencillo lo que quiero de ustedes. Es algo que no pueden darme pero que pueden ayudarme a conseguirlo.

-¿Qué quieres? -preguntó James de mal humor- habla.

Alice sonrió y le cruzó la cara de un bofetón.

-Muy bien, empezaremos contigo- le puso el cuchillo sobre el cuello- ¿quién fue la bruja que hizo el hechizo que os unió a la Hermandad?

James la miró, bastante sorprendido por la pregunta. Estaba claro que no se lo esperaba.

-No lo sé- respondió.

Alice sonrió y le hizo un pequeño corte en el cuello.

-Está claro que mientes, habla o te cortaré la arteria y me quedaré viendo como te desangras.

James se quedó callado y ella hundió el cuchillo en su cuello, sacándole un grito de dolor.

-Para, ¡para!- pidió Alex, asustado al oír los gritos. Alice lo miró, sacó el cuchillo y se acercó a él.

-¿Tu lo sabes? Dímelo.

Alex tragó saliva.

-Suéltale y te lo diré.

Alice rió y James jadeaba, el corte no había sido muy profundo, no intentó matarlo.

-No estás en posición de hacer peticiones, Cameron.

-No se lo digas Alex- James tosió y escupió un poco de sangre.

-Si no lo sueltas nunca lo sabrás.

Alice rodó los ojos, agarró a la persona que estaba en la sombra y la puso bajo la luz. Estaba atado y magullado, malherido. Tenía una ceja y un labio partido y se le veía débil. Muy débil. Alex jadeó al verle la cara. Era Sam.



martes, 22 de octubre de 2013

Capítulo Cuatro: Alice.

“Era cerca de la medianoche. En la cabaña donde dormían Nathan y Cameron el frío se colaba por la rendija de la puerta. Cameron despertó de golpe, después de haber tenido un extraño sueño, y miró hacia la cama de Nathan, pero éste no estaba allí. Se levantó y fue a asearse un poco, no era común en Nathan que desapareciera de este modo por la noche. Tras esperar una hora más, agarró su abrigo y salió en su busca por el bosque. Tras otra hora de búsqueda lo vio a lo lejos, sentado en la orilla de un lago con una joven dama a su lado, pudo distinguir un largo pelo negro, es lo único que la luz de la luna le permitía verle. Se dio media vuelta y volvió a la cabaña, se quitó el abrigo y volvió a meterse en la cama. Al rato oyó como se abría la puerta y Nathan entraba por ella, Cameron quiso decirle algo pero su amigo se metió en la cama y a los pocos minutos sus ronquidos llenaron la habitación.
Despertaron al amanecer y fueron al claro del bosque a entrenar. Lucharon con ferocidad y ansia y Nathan acabó desarmando a Cameron. Éste sonrió y levantó las manos.

-Me rindo, baja la espada antes de que hagas daño a alguien- se revolvió el pelo y se acercó al lago a refrescarse.

-Cada día combates mejor, tenemos que seguir entrenándonos para entrar en la Hermandad- hizo lo mismo y se refrescó en el lago. Miró su reflejo en el agua y un apuesto joven de cabello castaño le devolvió la mirada.

-¿Por qué deseas con tanto ahínco entrar en esa Hermandad? Y no me digas que por una dama...

El chico de ojos marrones sonrió a su amigo, se quitó la ropa y se metió hasta la cintura en el agua.

-Se llama Alice, pelo oscuro, preciosos ojos azules... es hermosa.

Su amigo miró al chico con los ojos desorbitados.

-¿Alice? ¿La misma Alice que querían quemar en la hoguera? Debes de estar de broma...

-Será mía, la cortejaré. Tengo que hacerlo... su belleza me ha cautivado...

-Solo es una cara bonita- el moreno suspiró y se tumbó en el suelo mirando al cielo, lo que hizo que no pudiera ver la malévola sonrisa que le dirigía su amigo.

-Pues su cara bonita me entró por los ojos y juro que me llegó al corazón.

-¿Es la misma joven con la que estabas anoche? - preguntó Cameron incorporándose.

Nathan se tensó y giró su torso para mirarlo.

-¿Me has espiado?

-No te he espiado- Cameron puso los ojos en blanco- me preocupé y salí a buscarte, te vi con una joven dama y volví a la cabaña, eso es todo.

-Pues si, es ella -Nathan frunció los labios pero luego sonrió y se metió del todo en el lago.

Cameron se lo quedó mirando con la preocupación en el rostro. Su amigo era muy impulsivo y siempre que se lanzaba hacia algo acababa mal. Suspiró, se quitó la ropa y se metió en el lago, intentando relajarse y despejar la cabeza. Estuvieron nadando un rato y se quedaron en la orilla tomando sol, al rato Nathan se fue y dejó a Cameron solo. Éste, aburrido, agarró su espada y se puso a practicar solo. El sol estaba cayendo y él seguía practicando. Una figura apareció detrás de él pero éste no se dio cuenta, lanzó un mandoble dándose la vuelta y detuvo la espada justo a tiempo de cortarte la cabeza a una muchacha, una bella muchacha de largos cabellos negros y ojos azules, una muchacha que no estaba allí un segundo antes.”

Alex despertó de golpe, jadeando y sudando. Estaba en su cama, pero no recordaba haber llegado allí. Lo último que recordaba fue el impacto de una bola de luz sobre él y unos bonitos ojos azules. Se levantó tan rápido que tuvo que volver a sentarse en la cama del mareo que le dio, esperó unos minutos y volvió a levantarse, fue al baño y se dio una ducha, intentando recordar lo que había pasado. El agua caliente sobre su piel lo relajó y comenzó a rememorar la noche anterior. Recordó salir de casa de Sam, casi que a hurtadillas, y caminar por Hyde Park, recordó tener la sensación de que alguien lo perseguía y luego... nada. Acabó de ducharse, frustrado, y salió del baño con una toalla enrollada en su cintura. Miró la hora y eran casi las 20:00, había dormido todo el día. Se vistió con rapidez y bajó al salón buscando a su madre, pero no estaba. Se preparó algo rápido para comer y salió de casa, preocupado. Fue al skate park, deseando estar solo, y se puso a pensar y pensar. Sus sueños lo estaban atormentando y últimamente parecía que veía ojos azules en todas partes. Levantó la vista hacia el cielo y lo vio oscuro y estrellado, no se dio cuenta de que había anochecido. Suspiró y saco una cajetilla de cigarros de su bolsillos, sacó uno y lo encendió dándole una calada, relajándose. Oyó pasos y se medio escondió entre las sombras, una persona pasaba por allí tarareando una canción. Una figura apareció de la nada cortándole el paso y le lanzó una bola de luz, una igual a la que le habían lanzado a él la noche anterior. La persona cayó inconsciente al suelo. Alex se escondió más entre las sombras y agudizó la vista, intentando averiguar quien era la persona que hacía eso. Parecía una mujer, ésta chasqueó los dedos y la figura inmóvil del suelo se elevó en el aire. La luz de una farola le iluminó débilmente el rostro, pero eso bastó a Alex para saber quien es; James. Salió velozmente de su escondite y se dirigió corriendo hacia ellos, la mujer lo vio y frunció el ceño, volvió a chasquear los dedos y James y ella desaparecieron. Alex soltó un grito de frustración y le pegó una patada a la farola, haciéndose daño. Impotente, volvió a su casa, dónde su madre lo esperaba con la cena en la mesa.

-Alex, ¿va todo bien?

Alex frunció los labios y se sentó frente a su plato, comiendo sin decir nada. Su madre lo miró más que preocupada y repitió la pregunta.

-¿Va todo bien, hijo?

-Si mamá, todo va estupendamente.

-¿Has hecho tus tareas? Mañana tienes clase.

-Si mamá, he hecho mis tareas.

-¿Dónde estuviste anoche?

Alex enrojeció al recordar la noche con Sam, había sido su primera vez con un chico.

-En casa de un amigo.

-¿Qué amigo? Podrías invitarlo a cenar algún día, me gustaría saber con qué clase de gente te relacionas.

Alex puso los ojos en blanco, sin poder evitarlo.

-No me junto con terroristas, mamá. Y no sé si esta amistad va a durar mucho. -se encogió de hombros, acabó de cenar y se fue a su habitación.

Una vez allí dentro se tiró sobre su cama y miró al techo. ¿Que estaba pasando? ¿Primero van a por él y luego a por James? Alex estaba casi seguro de que todo esto tiene que ver con la Hermandad, y también estaba casi seguro se quien era la mujer de pelo negro y ojos azules que los había atacado. Se puso el pijama y se metió en la cama con la esperanza de ver a James en el instituto, de verlo bien. Pasaron horas hasta que logró dormirse, y otra vez los sueños lo atormentaban.

“Cameron dejó caer la espada y miró a la muchacha con la preocupación pintada en el rostro.

-Por todos los cielos... ¡casi te corto la cabeza! ¿Estás bien?

Ignoró el hecho de que esa chica era Alice, a la que habían acusado de brujería y la que le gustaba a Nathan.

-Estoy bien -sonrío a Cameron, una sonrisa que a éste no le gustó nada.

-Bien. Si estás buscando a Nathan ya se ha ido- volvió a agarrar la espada, dispuesto a seguir entrenando.

Alice pasó los dedos lentamente por el filo de la hoja, sin cortarse, y miró a Cameron sonriendo de medio lado. Pestañeó y sus ojos eran completamente negros, sin nada de blanco en ellos. Cameron se quedó mirando esos ojos hasta quedar hipnotizado, desconectando completamente de su mente. Ella se acercó y caminó a su alrededor lentamente.

-¿Me escuchas bien?

Cameron asintió, completamente obediente.

-Quiero que hagas una cosa por mi... ¿la harás?

Volvió a asentir y ella sonrió.

-El próximo mes es el cumpleaños de Nathan... quiero que esa noche vayas hacia su cama... y le cortes el cuello mientras duerme.

Cameron asintió y ella, sonriente, dirigió sus labios hacia los de él, fundiéndose ambos en un profundo beso. Estuvieron así mucho tiempo hasta que un ruido los separó, se giraron y vieron a Nathan, paralizado y blanco al verlos. Alice se fue corriendo y eso hizo que la hipnosis de Cameron terminara, éste miró alrededor, confuso, y luego a su amigo.

-Nathan, ¿no te habías ido?

Su amigo no le respondió, sino que se abalanzó sobre él y ambos rodaron por el suelo, Nathan golpeando y Cameron cubriéndose.

-¡Nathan! ¡¿Qué pasa contigo?!

-¡Ella es mía! -dijo Nathan, golpeando sin parar.- ¡Sabías que me gustaba!

-¿¡Pero de quien hablas?! ¿¡Alice?! ¡Estuvo aquí y se fué! ¡No ha pasado nada!

-¡Mientes! ¡Os he visto! ¡La besabas! -volvió a golpearle, una y otra vez. Cameron consiguió sacárselo de encima y corrió hacia su espada, la agarró y la levantó.

-¡Yo no la he besado! ¡Cálmate!

Nathan desenvainó su espada, estaba fuera de sí.

-¡Por dios Nathan! ¡Eres como mi hermano! ¡Tienes que calmarte!

Éste le lanzó la espada a su amigo, furioso.

-No vuelvas a llamarme hermano- dicho esto se dió media vuelta y desapareció entre los árboles”


martes, 15 de octubre de 2013

Capítulo Tres: 1234.

-¿Alma perdida?- Alex miró a James como si estuviera tomándole del pelo.

-Suéltame y te lo contaré todo- lo miró seriamente.

Alex, mirándolo desconfiado, se quitó de encima dejando que se levante y lo miró con los brazos cruzados, una mirada que irradiaba impaciencia. -¿Y bien?

James suspiró y se pasó una mano por el pelo, caminó hasta la rampa donde antes estaba sentado Alex, sacó un cigarrillo y lo encendió dándole una larga calada. Le ofreció uno a Alex y éste lo aceptó gustoso, se sentó a su lado e hizo lo mismo. Expulsó lentamente el humo por la nariz y miró a James esperando que empiece a hablar.

-¿Crees en la reencarnación, Alexander?- dio una calada y no esperó a que contestara- eso es lo que somos nosotros, almas que se reencarnan en otro cuerpo cada vez que morimos. Tu no te acuerdas de nada porque te perdiste, te saliste de la Hermandad antes de que hicieran el hechizo que te permitiría mantener todos los recuerdos.- dio otra calada- cada vez que los de la Hermandad nos tocamos sentimos esa corriente eléctrica... -James se sumió en sus pensamientos y comenzó a relatar la historia:

“En el año 1234 vivían en un poblado dos niños, tenían unos diez años, uno tenía el cabello castaño y los ojos marrones y se llamaba Nathan, el otro tenia el cabello negro y los ojos verdes y su nombre era Cameron; eran los mejores amigos que uno se pudiera encontrar. Solían entrenar con espadas de madera y hablar de los viajes que les gustaría hacer: ir a explorar las aguas, escalar la más alta montaña... Con el paso de los años, esos niños crecieron y en el poblado se escurrió un rumor en el que decía que en la cueva de la montaña, todos los meses en noche de luna llena, se reunía un pequeño grupo de gente y practicaban brujería. Ese rumor atrajo a los jóvenes como la miel a las abejas, así que en una noche de luna llena estos dos grandes amigos se reunieron y escalaron a la cueva de la montaña. Medio escondidos, observaron. La cueva era grande, en el medio había una gran hoguera que iluminaba cada rincón del lugar. Una mujer estaba de pie sobre una roca y hablaba a los jóvenes que la escuchaban atentos. Todos parecían tener la misma edad que ellos, unos 17 o 18 años. Nathan se acercó un poco para ver mas de cerca pero pisó una piedra y tropezó, cayendo contra la pared y golpeándose en la cabeza, quedando inconsciente. Todas las miradas de la cueva se volvieron hacia él, Cameron salió de su escondite con apuro y corrió hacia su amigo, tomándole el pulso. La mujer se acercó a ellos y los miró detenidamente, era hermosa, tenía el cabello largo y rubio y unos ojos verdes preciosos.

-¿Que hacen dos bellos jóvenes como ustedes en un sitio como este a esta hora? -preguntó inocentemente. Cameron maldijo en su interior y la miró, al principio se quedó perdido en sus ojos, y luego con todo el respeto que pudo, comenzó a hablar.

-Hermosa dama, lo que nos ha traído hasta aquí esta noche es un rumor sobre un grupo de gente que hace hechicería, a mi amigo y a mi nos pudo la curiosidad y decidimos intentar infiltrarnos y ver como hacían magia.- la mujer se lo quedó mirando y una sonrisa se extendió por su bello rostro.

-Pasen y sean bienvenidos- sonrió- su información es correcta, pero no es un grupo de gente haciendo hechicería- dio una palmada y de sus manos aparecieron bolas de fuego- solo soy yo, me llamo Kendra -Cameron la miró sorprendido y deseó que su amigo estuviera consciente para ver eso- lo que ves aquí es una Hermandad que he creado yo, ¿te gustaría participar?

-¡Por supuesto!- Cameron la miró con la emoción de aventura en el rostro, una mirada que hacía mucho no aparecía por su rostro- ¿que debemos hacer mi amigo y yo para ingresar?

-Todos los meses hacemos pruebas, el que aguante todas las pruebas o lleve mejor puntuación... ingresa a la Hermandad.

-¿Que clase de pruebas?

-Bueno... saber luchar con armas, montar a caballo, lucha cuerpo a cuerpo, tiro con arco... ese tipo de cosas.

-Entiendo... ¿y que tiene de especial esta Hermandad?

-Mis... poderes... me permiten hacer un hechizo sobre vuestra alma y esa alma perdurará para siempre, intacta. Cuando mueras tu alma se meterá en otro cuerpo y tu lo recordarás todo. Serías prácticamente... inmortal. Morirías y volverías a nacer, así sucesivamente. Para completar el hechizo se necesitan dos rituales, uno de iniciación y otro de finalización.

A Cameron se le iluminó el rostro y cargó el cuerpo de su amigo sobre su hombro, mirando a Kendra a los ojos.

-¿Y todos los que ingresan a la Hermandad se hacen inmortales? ¿Por qué no haceis eso con todo el mundo?

Kendra rió, una risa angelical que hizo que a Cameron se le pusieran los pelos de punta.

-Sabeis que en esta época hay mas cazadores de brujas que granjeros, estaría en peligro de muerte. No, el conocimiento de mis poderes debe quedarse entre nosotros.

-Mis labios están sellados. Ahora, dulce dama, he de irme. Estoy preocupado por mi amigo y quiero llevarle a su casa, prometo volver el mes que viene e intentaré superar las pruebas para ingresar en su Hermandad.

Kendra sonrió y lo acompañó hasta la entrada de la cueva, le dedicó una pequeña reverencia y volvió al interior, donde los demás jóvenes la esperaban. Cameron la miró durante un instante y luego, con Nathan en su hombro, bajó de la montaña y consiguió llegar a su casa.”

James respiró hondo y dio otra calada a su cigarro, Alex lo miraba con una ceja alzada y con cara de no creerse ni una sola palabra. Se levantó y se puso a aplaudir lentamente.

-Debería felicitarte por inventarte tremenda historia en poco tiempo, ahora dime la verdad.

James levantó la vista y lo miró dolido, se levantó también y le echó el humo del cigarro en la cara, provocándolo.

-¿No te das cuenta, idiota? Cameron y Nathan éramos nosotros dos- suspiró- cierra los ojos y abre tu mente, Alexander. Verás que tengo razón.

Alex lo miró receloso y cerró los ojos. Se relajó y dejó su mente en blanco. Algo en su interior luchaba por salir, un recuerdo, el mismo recuerdo que siempre quiere salir pero nunca lo consigue. Por su mente pasó un flash y otro recuerdo surgió, el recuerdo de un sueño, un sueño en el que dos jóvenes entrenaban, intentando entrar en una Hermandad. Abrió los ojos sorprendido y miró a James con nuevos ojos, sin poder creérselo.

-Nathan... tu eras Nathan...

James lo miró serio y se dio la vuelta, alejándose de él.

-Ya sabes la historia, ahora déjame en paz, Dallas.

Alex lo miró atónito y lo siguió.

-¡Pero tu y yo éramos los mejores amigos! ¿Por qué me odias?

-Ya lo irás recordando con el tiempo, de momento no te acerques a mi- dijo eso lo más frío que pudo y se fue corriendo. Alex bufó y se dispuso a seguirlo.

-¿Alex?- una voz familiar habló a su espalda, Alex se quedó helado un momento y luego, lentamente, se dio la vuelta. Allí estaba Sam, mirándolo.

-¿Que quieres?

Sam suspiró y se acercó a él.

-Vine a pedirte disculpas, de verdad que lamento mucho mi comportamiento del otro día, no quise hablarte de mala manera y... lo siento.

Alex bufó y se dio la vuelta.

-No tengo tiempo para esto- se alejó caminando, siendo seguido por la mirada entristecida de Sam.

-Por favor Alex... -Sam lo siguió y agarró su brazo- dame una oportunidad...

Alex lo miró fijamente, mentiría si dijera que no sentía algo por Sam. Su mirada se deslizó hacia la mano de Sam sobre su brazo y luego volvió a posarse sobre los ojos del chico. Esos ojos que tanto le gustaban. Sam se fue acercando poco a poco a Alex hasta que sus rostros quedaron a pocos centímetros.

-Perdóname... Alex... -Sam se acercó más hasta rozar los labios de Alex con los suyos, con timidez. Alex, dejándose llevar, le siguió el beso, decidido y fuerte. Enredó sus dedos en el cabello de Sam y lo besó con ganas y éste le devolvió el beso de la misma forma. Sam se deshizo de la chaqueta de Alex y lo pegó a la pared de la rampa, sin dejar de besarlo. Alex le siguió el beso y se pegó a él, buscando en sus labios una salida a todos los pensamientos que James le dejó en la cabeza con eso de la resurrección. Le quitó la chaqueta y también la camiseta, acariciando su cuerpo y besando su cuello.

-Vayamos a un sitio mas íntimo... -Sam lo agarró de la mano, agarró la ropa y ambos fueron con paso rápido hacia el piso de éste, entraron y volvieron a besarse con pasión, caminando hacia la habitación.



Pasaron allí toda la noche, al amanecer se abrió la puerta y Alex salió medio desnudo, con su ropa en la mano y muy sigilosamente. Cerró la puerta sin hacer ruido, se vistió y salió del apartamento. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta para entrar en calor y caminó con paso tranquilo hacia su casa por las todavía oscuras calles de Londres. Mientras caminaba tuvo la sensación de que alguien lo seguía, aceleró el paso nervioso y decidió acortar camino por Hyde Park. Se oían cosas extrañas pero intentó ignorarlo. Sintió que alguien lo observaba y se le erizó el vello de la nuca, empezó a correr velozmente presa del miedo. Miró sobre su hombro para ver si alguien lo seguía y se relajó cuando no vio nada. Dejó de correr y volvió la vista hacia adelante, para ver una gran bola de luz ir hacia su cabeza. Lo último que vio antes de caer fueron un largo pelo negro y unos bonitos ojos azules.  

martes, 8 de octubre de 2013

Capítulo Dos: Almas Perdidas.


Alex volvió a su casa frustrado, todavía sintiendo el cosquilleo en su mano. Su madre le esperaba con el almuerzo en la mesa, bistec y patatas. Ella acabó de poner la mesa y ambos se sentaron a comer mientras miraban en la televisión un programa de preguntas y respuestas. Kate acabó de comer y fue a sentarse en el sofá mientras Alex levantaba la mesa y fregaba los platos, pensando sin cesar en la extraña corriente que le recorría cuando tocaba a James. Secó y guardó los platos y subió a su habitación, puso música y se tiró en la cama. Su habitación era grande, de un azul celeste. Había un armario grande de madera junto a la ventana y a su lado había una pequeña tarima donde había una batería. Junto a la cama de dos plazas había un escritorio y sobre él, un portátil. Cerró los ojos. Imágenes de Sam y él pasaban por su cabeza, los labios de él, el cabello, el torso... Alex se dio a si mismo una bofetada y se levantó de la cama. <<Tengo que hablar con él...>> pensó. Se cambió de ropa y salió de su casa, caminando hacia el piso de Sam mientras repasaba mentalmente lo que iba a decirle. Atravesó Hyde Park mirando al suelo cuando se topó de frente con un grupo de chicas, chocó con una y los papeles que ésta tenía en las manos acabaron todos en el suelo. El resto de chicas soltaron risitas estúpidas y Alex y la chica se agacharon y juntaron los papeles, él le dio los papeles que recogió y se dio cuenta de que todas estaban en su clase. Miró a la chica que seguía agachada, era bastante guapa, ojos marrones y pelo del mismo color, medía unos cuantos centímetros menos que él y era delgaducha.

-Lo siento- dijo Alex- no miraba por dónde iba.

-No te preocupes- respondió ella sonriendo y le extendió su mano- soy Kassandra, estoy en tu clase.

-Ya... -Alex estrechó su mano- Alexander.

-Lo sé- respondió ella sonrojándose, las demás chicas soltaron mas risitas y Alex las miró con mala cara. -¿Ibas a algún lado? ¿Quieres venir a tomar algo con nosotras?

-Pues... -Alex la miró fijamente a los ojos y se lo pensó detenidamente. Todavía no sabía que decirle a Sam y creyó que sería buena idea conocer a sus compañeras de clase- Por supuesto- respondió y sonrió. Kassandra amplió su sonrisa y todo el grupo caminó hacia el bar al que Sam llevó a Alex la noche anterior. Juntaron dos mesas y pidieron una botella de vodka y refresco de limón. Sentaron al chico en el centro y todas le acribillaron a preguntas: de dónde era, cuántos años tenía, por qué se había mudado a Londres, cuántas novias había tenido, etc. Cuanto más bebía, Alex contestaba con mayor entusiasmo, a todos se les notaba el rubor en las mejillas provocados por el alcohol y comenzaron a hacer bromas y contar chistes. Estuvieron así toda la tarde, poco a poco las chicas se fueron marchando y al caer la noche solo quedaban Kassandra y Alex.

-Debería irme ya -dijo Kassandra levantándose- mi madre se preguntará que he estado haciendo toda la tarde.

-Deja que te acompañe- Alex se levantó también y agarró su chaqueta- ya es de noche y no quiero que te pase nada.

-De acuerdo- ella sonrió y ambos salieron del bar, caminaron tranquilamente hasta la casa de Kas mientras hablaban de sus gustos musicales. Al parecer tenían un grupo favorito en común: Bon Jovi. Al llegar a la puerta de la casa ella se puso de puntillas y besó dulcemente su mejilla, él sonrió y le deseó buenas noches, se dio la vuelta y emprendió el camino hacia su casa. Caminaba con las manos en los bolsillos por Hyde Park y a veces tropezaba por el alcohol en su cuerpo. A lo lejos vio una figura conocida, al parecer estaba estirando. <<Sam>>. Alex frunció los labios y caminó hasta allí, enfadándose sin saber el motivo.

-Hola Sam- saludó frío. Sam se sobresaltó y se dio la vuelta, miraba a Alex de una forma extraña, avergonzado.

-Alex... -dijo éste a modo de saludo.

-No pareces muy contento de verme- Alex entrecerró los ojos.

-¿Que quieres? Estoy ocupado -Sam le dio la espalda y siguió estirando, Alex le puso la mano en el hombro y le obligó a darse la vuelta.

-¿Por qué te comportas así conmigo? Me llevas a tu casa, me besas, luego me apartas y ahora me ignoras, ¿¡por qué!?

-Tu te fuiste corriendo, no tienes nada que reprocharme- Sam lo miró con los ojos entrecerrados.

-¡Estaba asustado! ¡Nunca había hecho eso!

-¿Debería sentirme halagado por ser el primero?-alzó una ceja y Alex bufó.

-Vete a la mierda- le dio la espalda y continuó su camino.

-¡A mi no me des la espalda Alexander!- Alex siguió su camino, sintiendo un puñal en el corazón.
Siguió caminando hasta llegar a su casa y entró, esquivó a su madre para que no oliera el nauseabundo olor a alcohol que desprendía y se encerró en su cuarto. Fue directo al baño, se desnudó y se metió en la ducha, dejando que el agua caliente le despejara la cabeza. El estómago le pedía a gritos algo de comida, acabó de ducharse, se puso el pijama y bajó a la cocina a por algo de comer. Su madre había hecho su comida favorita: hamburguesas. Después de zamparse tres hamburguesas con lechuga, tomate, bacon y queso, volvió a su habitación y cayó como muerto en su cama. Durmió como un bebé toda la noche, mientras un raro sueño lo atormentaba.

“Estaba en el claro de un muy verde bosque, los árboles eran gruesos y estaban tan juntos que apenas dejaban entrar la luz del sol. Junto a un lago había dos jóvenes vestidos de forma medieval que luchaban ferozmente con espadas, uno tenía los ojos de un verde brillante y el pelo negro y el otro tenía el pelo castaño y los ojos marrones. Lanzaban violentos mandobles con la espada y se les veía bien adiestrados. El de pelo castaño desarmó al otro y éste levantó las manos y sonrió.

-Me rindo, baja la espada antes de que hagas daño a alguien- se revolvió el pelo y se acercó al lago a refrescarse.

-Cada día combates mejor, tenemos que seguir entrenándonos para entrar en la Hermandad- hizo lo mismo y se refrescó en el lago. Miró su reflejo en el agua y un apuesto joven de cabello castaño le devolvió la mirada.

-¿Por qué deseas con tanto ahínco entrar en esa Hermandad? Y no me digas que por una dama...

El chico de ojos marrones sonrió a su amigo, se quitó la ropa y se metió hasta la cintura en el agua.

-Se llama Alice, pelo oscuro, preciosos ojos azules... es hermosa.

Su amigo miró al chico con los ojos desorbitados.

-¿Alice? ¿La misma Alice que querían quemar en la hoguera? Debes de estar de broma...

-Será mía, la cortejaré. Tengo que hacerlo... su belleza me ha cautivado...

-Solo es una cara bonita- el moreno suspiró y se tumbó en el suelo mirando al cielo, lo que hizo que no pudiera ver la malévola sonrisa que le dirigía su amigo.”

Despertó de golpe, la sonrisa del chico con el pelo castaño le resultó tan familiar que no pudo seguir durmiendo. El corazón le latía rápidamente y otra vez tuvo la sensación de que un recuerdo luchaba por salir. Frustrado, fue al baño y se dio una buena ducha que le ayudó a tranquilizarse. Al acabar envolvió su cintura en una toalla y se sentó en el borde de la cama mirando sus zapatos, pensativo. Miró el reloj y vio que faltaban cinco minutos para que sonara su despertador y tener que prepararse para ir a clase. Se secó, se vistió de forma lenta y bajó a la cocina a desayunar. Nunca se acostumbraría a esa cocina, tenía una larga barra en forma de “U” con muchos electrodomésticos, el lavavajillas y el horno estaban juntos y había una pequeña ventana junto al fregadero. La nevera de dos metros estaba junto a la puerta. Alex fue hacia la nevera y sacó un poco de leche y una botella de zumo. Se preparó su chocolate tranquilo, intentando con todas sus fuerzas no pensar en su extraño sueño. Desayunó, agarró su mochila y salió de su casa, caminando tranquilamente hacia el instituto. Antes de entrar fue al kiosko y compró una cajetilla de tabaco, encendió un cigarro dándole una profunda calada y se quedó mirando como la gente entraba como en manada al instituto. Acabó el cigarrillo y entró a clase al mismo tiempo que lo hacía su sexy tutora, él se sentó y se la quedó mirando, recordando su sueño. “Se llama Alice, pelo oscuro, preciosos ojos azules... es hermosa.” Sacudió la cabeza y se cubrió la cara con las manos, notó que alguien lo miraba y giró la cabeza, ahí estaba James, con aire despreocupado y mirándolo fijamente.

-¿Se te ha perdido algo? -él negó con su típica sonrisa malévola y volvió la vista a la profesora, sin volver a mirarlo en toda la hora.

Alex tampoco lo miró a él y así estuvieron toda la mañana. La que no paraba de mirarlo era Kassandra y su grupo de amigas, pero Alex no estaba de ánimo para entablar conversación con sus compañeras, ni con nadie. Al salir del instituto fue Alex el que esperó a James, con los brazos cruzados y dispuesto a conseguir respuestas. James salió con su grupo de amigos y pasó a su lado sin verlo, él le puso una mano en el pecho para detenerlo y todas las miradas se volvieron hacia él.

-¿Puedo hablar contigo?- miró a James fijamente. Éste les hizo una seña a sus amigos y éstos se fueron, lanzándole curiosas miradas.

-¿Que quieres?- lo miró con lo que parecía impaciencia, pero con una pequeña sonrisa de medio lado.

-Ya sabes lo que quiero, la corriente, ¿por qué ocurre eso?

-Dios... ¿de verdad no lo sabes?- lo miró atónito- creí que a estas horas ya lo sabrías.

-¿Saber qué?- lo miró con ansia de información.

James no contestó, en lugar de eso extendió su mano para tocar la de Alex y ambos volvieron a sentir esa especie de corriente.

-Eres tu...- dijo James mirándolo de forma extraña, como si fuera alguien que hubo esperado mucho tiempo para conseguir algo y al fin lo consigue- tienes que ser tú...

-¡¿Ser quién?! ¡Habla de una vez!

La expresión de James se convirtió en una mirada de odio, agarró a Alex del cuello y lo estampó contra la pared.

-Escúchame bien, pelirrojo. No vuelvas a acercarte a mi, no vuelvas a hablarme, o de verdad que lo lamentarás- lo soltó y se fue corriendo, como huyendo de un fantasma.

Alex, mas confuso que nunca, se acarició el cuello y maldijo por lo bajo, estaba dispuesto a seguirlo pero una mano en su hombro lo detuvo. Era Kassandra, y lo miraba muy preocupada.

-¿Estás bien Alex?- se mordió el labio, claramente preocupada.

-Si... no te preocupes por mi- intentó sonreír pero seguía sin ganas de nada- lo siento Kas, tengo que irme... nos vemos mañana.- Kas asintió y él se fue a paso rápido hacia su casa.

Al llegar saludó a su madre con un seco “hola” y se encerró en su habitación, no tenía hambre, solo un profundo sueño. Se dejó caer en la cama y se durmió al instante, esta vez sin sueños. Despertó cuatro horas después y estaba anocheciendo, se frotó los ojos y decidió salir a dar una vuelta a que le diera el frío aire otoñal. En lugar de ir a Hyde Park fue a un skate park que había cerca de su casa, afortunadamente no había nadie así que tuvo libertad de sentarse en una rampa y pensar. Siguió allí hasta que estuvo todo muy oscuro y se levantó dispuesto a ir a su casa cuando vio a alguien pasar, caminaba como si fuera superior a los demás y distinguió un destello de su cabello castaño. Lo reconoció al instante y corrió hacia él, le hizo un placaje y cayeron ambos al suelo, lo inmovilizó contra el suelo, mirando sus profundos ojos azules. James lo miró con sorpresa y poco a poco el odio lo reemplazó.

-Dímelo James, ¡dime que ocurre con nosotros!

-¿De verdad quieres saberlo? -James sonrió malévolamente- eres un alma perdida.


domingo, 6 de octubre de 2013

Primera historia. Capítulo Uno: Atraídos como imanes.

Suena el despertador, el chico que duerme plácidamente en la cama de al lado parece no darse cuenta. El pitido incesante sigue unos minutos más hasta que el joven despierta. Se frota los ojos, apaga el despertador y se levanta caminando hacia el baño.
Se quita el pijama quedando en bóxers y comienza a hacer unas cuantas flexiones, al acabar observa su reflejo en el espejo. Se le ve mayor para ser un chico de 17 años, tiene los pectorales y los bíceps marcados y mide casi 1.80. Tiene un liso cabello pelirrojo y unos ojos de un azul apagado, como el mar en un día gris. Se mete en la ducha y se da un buen baño, sale, se seca, se viste y baja a la cocina a desayunar. Es su primer día en el instituto nuevo, su madre y él se mudaron a Londres unos días después del funeral de su padre, que murió en un trágico accidente de coche. Su madre está frente a la vitrocerámica, preparando unas tortitas con crema de avellanas.

-Buenos días mamá.- respondió el chico al llegar a la cocina, besó a su madre en la mejilla y se sentó en la mesa.

-Buenos días Alex.- respondió la madre- ¿preparado para tu primer día en el instituto nuevo?

-No me hagas responder... -Alex agarró una de las tortitas y le dio un mordisco, se le notaba nervioso.

-Ya verás como todo irá bien, hijo.- la madre, que se llama Kate, le tendió a su hijo un vaso con zumo de frutas. Era un mujer alta y delgada, con el cabello castaño y unos preciosos ojos azules.

-Si, seguro... -Alex suspiró, acabó de desayunar y se levantó- no quiero llegar tarde -volvió a besar a su madre en la mejilla y volvió a su habitación, se quitó la camisa que se había puesto y se puso una azul más ajustada, agarró una chaqueta vaquera y un poco de dinero, se lavó los dientes y salió de la casa.
Llegó al instituto, que estaba a cinco manzanas de su casa, con tiempo de sobra. A lo lejos vislumbró un pequeño kiosko y se acercó, compró una cajetilla de cigarros y volvió a la entrada del instituto. Sacó un cigarrillo y lo encendió dándole una calada, apoyado en la pared de la entrada. La gente que entraba lo miraba de arriba a abajo, las chicas con curiosidad y los chicos con mala cara.

-¿Tienes más cigarrillos?- preguntó una voz a su lado, Alex giró la cabeza y vio a un grupo de chicos, probablemente de su misma edad. El que preguntó tenía pinta de ser el cabecilla del grupo y miraba a Alex maliciosamente. Tenía el pelo castaño y los ojos azules, era un poco más bajo que Alex y con una complexión muscular un poco mayor. Alex ocultó mejor la cajetilla en
el bolsillo de su pantalón.

-No, no tengo más- respondió. El cabecilla entrecerró los ojos y sonrió de medio lado, hizo un movimiento con la cabeza y en un momento los cuatro chicos que estaban detrás de éste rodearon a Alex y lo arrastraron lejos de la entrada, lo llevaron por los bloques de una urbanización y entraron por una puerta que daba a una oficina abandonada. Lo soltaron en medio de la habitación y éste los miraba uno a uno, asustado pero intentando que no se notase.

-¿Sabes lo que hacemos aquí a los mentirosos?- el cabecilla seguía con la misma sonrisa maliciosa y se acercó a Alex.- Me llamo James, y es mejor que no vuelvas a mentirme- rápidamente metió la mano en el bolsillo de Alex y extrajo la caja de tabaco, sacó uno y lo encendió dándole una larga calada. Alex enrojeció y le arrebató la cajetilla.

-No toques mis cosas- gruñó. Un dolor agudo lo golpeó en su abdomen y lo hizo doblarse, uno de los matones de James le había dado un puñetazo.

-Eso es lo que pasa cuando eres un chico malo- James rió y pateó a Alex en el costado, haciendo que caiga al suelo. Agarró la caja de su mano, hizo una seña a sus amigos y salieron de allí.
Alex se quedó tumbado en el suelo intentando tomar aire un rato, se levantó tembloroso y salió de allí. Cuando llegó al instituto no había nadie por fuera, fue al salón de actos y un profesor le dijo que su presentación ya había terminado, le dijo el número de su aula y le deseó buena suerte. Nervioso, se arregló la ropa como pudo y entró a su aula correspondiente, todas las miradas se fijaron en él.

-Tu debes de ser Alexander Dallas, ¿no?- Alex se fijó en la procedencia de la voz y sus ojos le llevaron a una mujer de estatura media, delgada, con el pelo oscuro y los ojos muy azules. Era muy joven, probablemente acabara de terminar la carrera. -Seré tu tutora este año, me llamo Alice, por favor, siéntate- sonrió y señaló el único asiento que estaba libre.

Alex asintió y fue hacia allí, se sentó sin siquiera mirar a su compañero de mesa hasta que una risita familiar le hizo girar la cabeza. Ahí estaba James, a su lado, con su sonrisa maliciosa y su pelo castaño. El pelirrojo bufó y enrojeció de rabia e impotencia, ignoró completamente a su compañero e hizo lo imposible para centrar su atención en su profesora. Media hora mas tarde, Alice le mandó repartir los horarios entre sus compañeros, él obedeció y entregó los horarios sin mirar a nadie a la cara, cuando extendió la mano para darle el horario a James los dedos de ambos se rozaron y una corriente eléctrica los recorrió. Los chicos se sobresaltaron y James soltó una palabrota no muy alto. Alex, confundido, repartió los horarios que faltaban y volvió a su sitio sin mirar a su compañero.
Cuando tocó el timbre giró la cabeza para decirle algo ofensivo a James, pero el asiento de éste estaba vacío. Se levantó y se fue, se puso los auriculares y caminó tranquilo a su casa escuchando música, con la sensación de que alguien le observaba. Aceleró el paso y llegó a su casa, su madre estaba en la sala viendo un programa de cocina.

-¡Alex! ¿Cómo te ha ido?- Kate miraba a su hijo sonriendo.

-Bien mamá- mintió Alex. Sin dejar que su madre dijera nada más se encerró en su cuarto, se tiró en la cama y se obligó a no pensar en lo que le esperaba mañana.
Algo en su interior luchaba por salir, un recuerdo que estaba oculto en lo más profundo de su mente. Se quedó acostado en la cama, pensando, hasta quedarse dormido. Lo despertó varias horas después una brisa fría que entraba por la ventana, una ventana que él no recordaba haber dejado abierta. Se levantó frotándose los ojos y la cerró, ya era de noche, había pasado todo el día durmiendo. Bajó a la cocina a por algo de comer, su madre le dejó la cena en un plato y estaba mirando la tele. Alex calentó su cena en el microondas y llevó su plato a su habitación, cerró la puerta y encendió el ordenador, deseando hablar con sus amigos.
Entró al Facebook y varios de sus amigos le hablaron, le preguntaron cómo le iba por Londres y él contestaba al mismo tiempo que comía. Después de cenar y chatear un buen rato se tumbó en la cama y se puso a escuchar música mirando al techo, pensativo. Como sabía que tardaría horas en dormirse se puso ropa de deporte y salió de su casa, caminó hasta Hyde Park, se puso los auriculares y comenzó a correr. Estaba oscuro, pero las farolas iluminaban bien los caminos. Iba centrado en la música y por eso no vio el cruce a unos metros delante de él, al llegar allí un chico salió del otro camino, también corriendo, y ambos chocaron. Cayeron al suelo soltando gemidos de dolor, el chico se levantó y se acercó a Alex con expresión preocupada.

-Ey, ¿estás bien?- Alex abrió los ojos y se encontró con la mirada preocupada de un chico con cabello y ojos oscuros, hizo una mueca y se incorporó como pudo.

-Si, estoy bien- se frotó la zona de su cuerpo donde habían chocado y reprimió una mueca de dolor- ¿tú cómo estás?

-Un poco dolorido, pero bien- sonrió y extendió su mano hacia Alex para ayudarlo a levantarse- Me llamo Sam, ¿y tu?

-Alexander- agarró la mano de Sam y se levantó, se sacudió la ropa y recogió su móvil del suelo.

-Encantado de conocerte Alexander- también sacudió su ropa y Alex aprovechó para mirarlo más detenidamente. Tenía su misma estatura, el cabello un poco más largo que Alex y los ojos negros.

-Llámame Alex- éste no pudo evitar sonreír al ver la sonrisa que se extendía en el rostro de Sam.

-De acuerdo- Sam se sonrojó y despeinó su cabello- ¿te apetece dar un paseo? Después de golpe no estoy para seguir corriendo.

-Claro- Alex no pudo evitar notar el rubor en las mejillas del chico y se amplió su sonrisa- vayamos a tomar algo y descansar.

-Hay un bar cerca de aquí- dijo Sam comenzando a caminar- ¿eres nuevo por aquí? No te había visto nunca.

-Si- Alex se puso a su lado y caminaron juntos- Antes vivía en Vancouver -se encogió de hombros- ¿cuántos años tienes, Sam?

-¿Vancouver? Vaya... -salieron del parque- tengo 18 años, ¿y tú?

-Yo tengo 17... -a lo lejos vislumbró el bar al que se refería Sam, entraron y se sentaron en una esquina- ¿que vas a tomar?

-Cerveza- llegó el camarero y Sam pidió su cerveza, Alex, dudando, pidió lo mismo. El camarero se fue y Sam miró a Alex con un brillo en los ojos. Estuvieron hablando y bebiendo durante una hora y Alex descubrió varias cosas de Sam: vivía solo, con la única compañía de su gato Chester, su padre había muerto y su madre lo había abandonado cuando era un niño. Cuando acabaron la tercera ronda Sam lo invitó a ir a su casa y jugar a la x-Box un rato, Alex aceptó sin dudarlo. Pagaron las cervezas y se pusieron rumbo al piso de Sam, que no estaba muy lejos de donde vivía Alex. Entraron y se sentaron en el sofá, Sam pidió una pizza y preparó todo para una sesión de Call of Duty, a ambos chicos se les notaba nerviosos y ninguno sabía por qué se trataba. Jugaron unas cuantas partidas y llegó la pizza, dejaron los mandos y se pusieron a comer y seguir charlando.

-Dime, Alex... ¿por qué te fuiste de Vancouver?- Sam se llevó un trozo de pizza a la boca y lo miraba fijamente.

-Pues... -Alex suspiró- mi padre murió en un accidente de coche... y mi madre quiso irse muy lejos de allí.

-Oh... vaya... lo siento mucho... -Sam puso su mano en la pierna del chico y lo miraba apenado, Alex se sonrojó por el tacto y evitó su mirada.
Notó que la mano iba subiendo poco a poco y miró a Sam, con el pulso acelerado se acercó un poco. Éste mordió su labio y también se ruborizó, respondió al acercamiento y acercó su rostro al de Alex hasta rozar sus labios. Alex, incapaz de contenerse por más tiempo, pasó su mano por la nuca de él, lo atrajo y lo besó. Ambos sintieron su corazón explotar y Sam le devolvió el beso con ganas, enredó sus dedos en el pelo de Alex y lo atrajo hasta tumbarlo encima de él. Se besaron apasionadamente durante un rato hasta acabar los dos sin camiseta. Alex depositó suaves besos en el pecho y el abdomen de Sam, pero de repente éste se tensó y lo apartó.

-Para... esto no está bien... -se mordió el labio y se puso su camiseta. Alex, sin entender nada y asustado por lo que había pasado, se vistió y se fue corriendo de allí. Siguió corriendo hasta llegar a su casa y entró sin hacer ruido, fue hasta el baño, se dio una buena ducha, se puso el pijama y se metió en su cama. Tantas emociones evitaron que pudiera dormir, estuvo unas horas despierto y apagó el despertador cuando éste sonó. Repitió el mismo proceso que el día anterior, su madre le preparó el desayuno y le deseó buena suerte, él asintió y se fue. Llegó al instituto y entró en clase, intentaba no mirar a James y se obligó a no pensar en Sam.
Nunca había estado tan confundido en su vida, él siempre había creído que le gustaban las chicas, tuvo unas cuantas novias en Vancouver y ninguna se había quejado. La tutora entró en el aula y Alex no pudo evitar pensar en lo sexy que era, pasó toda la mañana pensando en sus cosas y sin prestar atención a clase, estaba tan sumido en sus pensamientos que no notó que cinco personas lo acorralaban cuando salió del instituto. Eran James y sus amigos.

-Vaya vaya... mira a quién tenemos aquí... - James sonrió con maldad y ordenó a sus amigos que se fueran, cuando se quedaron solos, su mirada cambió y miró a Alex con intensa curiosidad.

-¿Que quieres? -dijo Alex de mala gana.

-Comprobar una cosa... -James extendió su mano para tocar la de Alex y ambos volvieron a sentir la corriente eléctrica recorrerlos.


-¿Por qué pasa eso?- preguntó Alex tragando saliva. James sonrío malévolamente y se alejó, dejando a Alex con millones de preguntas recorriendo su cabeza.