Alex despertó sobresaltado, ese
sueño... ¿Por eso lo odiaba James? Se levantó, frustrado, y fue al
baño a darse una ducha. Tenía la mente en blanco mientras se
enjabonaba. ¿Quién habrá secuestrado a James? Alex creía saber la
verdad, pero no quería admitirlo. Todo le resultaba tan
surrealista... Salió del baño, se secó, se vistió y bajó a
desayunar. Estaba nervioso, porque sabía que hoy confirmaría todo
lo que estaba pasando, o al menos una parte. Apenas pudo comer las
tortitas que su madre le había preparado, tenía el estómago
cerrado. Subió a lavarse los dientes, agarró su mochila y salió a
paso rápido de su casa, caminando hacia el instituto. En la entrada
no vio a James con sus amigos, lo cual le preocupó aún más. Entró
a su clase y dirigió su mirada a la silla de James, la cual estaba
vacía. Se sentó, suspirando, y la silla fue ocupada por Kassandra,
la cual le sonrió con amabilidad.
-¿Todo bien Alex?
Alex asintió, sin muchas ganas de
charlar. Cada vez que entraba alguien miraba desesperado hacia la
puerta. Después de que entraran todos entró su profesor de
historia. Una aburrida charla sobre la guerra civil inundó la clase
y Alex se puso a dibujar en la mesa, tan absorto en sus pensamientos
que no oyó cuando sonó el timbre. De repente se hizo el silencio, y
tardó mucho en darse cuenta. Miró alrededor y los vio a todos
quietos, congelados, como si alguien hubiera parado el tiempo.
-¿Que coño...? -dijo levantándose.
Un risa a su espalda hizo que se
volviera, lo hizo. Y la vio. Por fin. Alice. Su tutora. Igual como
está en sus sueños, ni un día más vieja. Alex entrecerró los
ojos y se puso en guardia. Ella lo miró sonriendo maléficamente.
-Cameron... veo que por fin me
reconoces- dijo ella sin dejar de sonreír.
-Mi nombre es Alex- dijo él, apretando
los dientes.
-Nathan no se alegrará de saber que no
quieres aceptar la verdad de lo que eres, que lástima...
-¿Qué? -pestañeó- ¿dónde está
James?
-Bajo mi poder, en un sitio donde no lo
encontrarás jamás.
-Primero yo... luego él... ¿qué
quieres de nosotros?
Alice amplió su sonrisa, alzó la mano
y le lanzó una bola de luz que Alex esquivó por poco. Ella siguió
lanzando y él esquivando hasta que una le llegó y cayó tendido en
el suelo, inconsciente.
“Cameron se pasó semanas buscando a
Nathan, no lo encontraba por ningún sitio. Le llegaron rumores de
que estaba en una posada al extremo del pueblo, siempre borracho y
con muchachas de compañía. Una noche Cameron se dejó caer por
allí, no creía que su mejor amigo fuera a estar en un sitio como
aquél y quería desmentir los rumores. Entró, sacudiéndose el agua
del pelo y miró alrededor, estaba lleno de borrachos y mujeres medio
desnudas. Se internó entre la muchedumbre, mirando cara por cara
hasta que, después de un buen rato, distinguió a su amigo. Estaba
durmiendo encima de una mesa. Cameron frunció los labios, pagó todo
lo que su amigo debía, se lo cargó al hombro y lo sacó de allí.
Caminó con su amigo al hombro durante un buen rato hasta llegar a su
cabaña, lo desnudó y lo bañó. Nathan despertó y lo miró, se
notaba a la legua que estaba muy borracho. Al ver a Cameron sonrió
como idiota y empezó a reírse.
-¡Cameron! Mi buen amigo Cameron...
quítate la ropa y únete a la fiesta.
Éste rodó los ojos y siguió
bañándolo. Nathan se incorporó un poco y empezó a desenlazarle su
camisa.
-Para... ¿qué haces?- Cameron frunció
el ceño y se lo quitó de encima.
Nathan hizo un puchero y le desenlazó
los cordones de los pantalones.
-No seas tonto y báñate conmigo...
Cameron enrojeció y se alejó,
avergonzado del comportamiento de su amigo.
-Báñate tu solo.
Nathan también enrojeció, pero de
rabia. Se levantó dejando que los restos de jabón resbalaran por su
cuerpo y señaló a Cam con el dedo.
-O sea, ¡que no sólo te besas con
Alice sino que ahora me rechazas! ¿¡Qué está mal contigo!?
-¿Conmigo? ¡Tu eres el que casi me
mata por besar a esa chica!
Nathan salió de la bañera de madera y
se acercó a él.
-¿No lo entiendes, verdad?
-¿Qué he de entender?- Cam frunció
el ceño.
-¡No me enfadé porque la besaras! ¡Me
enfadé porque ella te besó!
-¿Qué? ¿De que hablas? No lo
entiendo...
-¿Quieres que te lo explique? Te lo
explicaré- Nathan acortó la distancia entre ellos en un par de
pasos, rodeó el cuello de Cameron con sus brazos y lo besó.
Lo besó con ansia, como si hubiera
estado esperando mucho tiempo para hacer eso. Lo besó con miedo,
como si el mundo fuera a acabarse al día siguiente. Cameron se quedó
en shock, incapaz de reaccionar. Incapaz de creer lo que estaba
pasando. Sin querer creerlo. Sin poder creerlo. Su amigo de la
infancia, su hermano, su compañero de armas. Perdido. Todo perdido.
Cuando pudo reaccionar lo que hizo fue apartarlo de un empujón.
Nathan cayó al suelo y miró a Cameron con la boca entreabierta,
incapaz de creer que le hubiera empujado, que le hubiera rechazado.
Cameron se dió la vuelta y salió de la cabaña, sin ver como los
ojos de su amigo se llenaban de lágrimas. Lágrimas por el rechazo.”
Alex despertó. Estaba atado a una
silla en un lugar que no reconocía. Notaba que a su espalda había
otra silla, y alguien atado en ella. <James>. Miró alrededor
pero había poca luz, solo una pobre bombilla que colgaba del techo.
Parecía un sótano. La persona que estaba a su lado despertó,
boqueando.
-¿James? ¿Eres tu, James?
Alex intentó darse la vuelta pero las
cuerdas no lo dejaban.
-¿Alex?
Éste suspiró de alivio al reconocer
la voz. James estaba vivo. Y estaba allí.
-Si... ¿sabes dónde estamos?
-No... no he visto nada que no sea esta
pared. Hasta he contado cuantos ladrillos tiene.
Alex intentó hacer memoria, recopilar
información de todos sus sueños.
-Alice... tienes que explicarme qué pasa, James. Hay cosas que se me escapan.
-¿Has conseguido recordar algo?
-Fragmentos... ¿qué es Alice? ¿Una
bruja?
-Si- suspiró- las brujas, como sabrás,
o a lo mejor no, no envejecen.
-¿Y qué quiere de nosotros?
Oyeron el sonido de una puerta al
abrirse y se tensaron, escucharon dos pares de pies caminar hacia
ellos. La primera persona era Alice, hermosa y amenazadora como
siempre. La segunda permaneció en las sombras y parecía que también
iba atada.
-Muy pronto sabreis lo que quiero de
ustedes- dijo sonriendo amenazadoramente.
Se acercó a James, sacó una navaja de
su bota y le hizo un corte en la mejilla. Agarró un vasito y lo puso
debajo de la sangre que goteaba. Hizo el mismo proceso con Alex, el
cual se estaba poniendo cada vez mas nervioso.
-Vereis, chicos, es muy sencillo lo que
quiero de ustedes. Es algo que no pueden darme pero que pueden
ayudarme a conseguirlo.
-¿Qué quieres? -preguntó James de
mal humor- habla.
Alice sonrió y le cruzó la cara de un
bofetón.
-Muy bien, empezaremos contigo- le puso
el cuchillo sobre el cuello- ¿quién fue la bruja que hizo el
hechizo que os unió a la Hermandad?
James la miró, bastante sorprendido
por la pregunta. Estaba claro que no se lo esperaba.
-No lo sé- respondió.
Alice sonrió y le hizo un pequeño
corte en el cuello.
-Está claro que mientes, habla o te
cortaré la arteria y me quedaré viendo como te desangras.
James se quedó callado y ella hundió
el cuchillo en su cuello, sacándole un grito de dolor.
-Para, ¡para!- pidió Alex, asustado
al oír los gritos. Alice lo miró, sacó el cuchillo y se acercó a
él.
-¿Tu lo sabes? Dímelo.
Alex tragó saliva.
-Suéltale y te lo diré.
Alice rió y James jadeaba, el corte no
había sido muy profundo, no intentó matarlo.
-No estás en posición de hacer
peticiones, Cameron.
-No se lo digas Alex- James tosió y
escupió un poco de sangre.
-Si no lo sueltas nunca lo sabrás.
Alice rodó los ojos, agarró a la
persona que estaba en la sombra y la puso bajo la luz. Estaba atado y
magullado, malherido. Tenía una ceja y un labio partido y se le veía
débil. Muy débil. Alex jadeó al verle la cara. Era Sam.