martes, 15 de octubre de 2013

Capítulo Tres: 1234.

-¿Alma perdida?- Alex miró a James como si estuviera tomándole del pelo.

-Suéltame y te lo contaré todo- lo miró seriamente.

Alex, mirándolo desconfiado, se quitó de encima dejando que se levante y lo miró con los brazos cruzados, una mirada que irradiaba impaciencia. -¿Y bien?

James suspiró y se pasó una mano por el pelo, caminó hasta la rampa donde antes estaba sentado Alex, sacó un cigarrillo y lo encendió dándole una larga calada. Le ofreció uno a Alex y éste lo aceptó gustoso, se sentó a su lado e hizo lo mismo. Expulsó lentamente el humo por la nariz y miró a James esperando que empiece a hablar.

-¿Crees en la reencarnación, Alexander?- dio una calada y no esperó a que contestara- eso es lo que somos nosotros, almas que se reencarnan en otro cuerpo cada vez que morimos. Tu no te acuerdas de nada porque te perdiste, te saliste de la Hermandad antes de que hicieran el hechizo que te permitiría mantener todos los recuerdos.- dio otra calada- cada vez que los de la Hermandad nos tocamos sentimos esa corriente eléctrica... -James se sumió en sus pensamientos y comenzó a relatar la historia:

“En el año 1234 vivían en un poblado dos niños, tenían unos diez años, uno tenía el cabello castaño y los ojos marrones y se llamaba Nathan, el otro tenia el cabello negro y los ojos verdes y su nombre era Cameron; eran los mejores amigos que uno se pudiera encontrar. Solían entrenar con espadas de madera y hablar de los viajes que les gustaría hacer: ir a explorar las aguas, escalar la más alta montaña... Con el paso de los años, esos niños crecieron y en el poblado se escurrió un rumor en el que decía que en la cueva de la montaña, todos los meses en noche de luna llena, se reunía un pequeño grupo de gente y practicaban brujería. Ese rumor atrajo a los jóvenes como la miel a las abejas, así que en una noche de luna llena estos dos grandes amigos se reunieron y escalaron a la cueva de la montaña. Medio escondidos, observaron. La cueva era grande, en el medio había una gran hoguera que iluminaba cada rincón del lugar. Una mujer estaba de pie sobre una roca y hablaba a los jóvenes que la escuchaban atentos. Todos parecían tener la misma edad que ellos, unos 17 o 18 años. Nathan se acercó un poco para ver mas de cerca pero pisó una piedra y tropezó, cayendo contra la pared y golpeándose en la cabeza, quedando inconsciente. Todas las miradas de la cueva se volvieron hacia él, Cameron salió de su escondite con apuro y corrió hacia su amigo, tomándole el pulso. La mujer se acercó a ellos y los miró detenidamente, era hermosa, tenía el cabello largo y rubio y unos ojos verdes preciosos.

-¿Que hacen dos bellos jóvenes como ustedes en un sitio como este a esta hora? -preguntó inocentemente. Cameron maldijo en su interior y la miró, al principio se quedó perdido en sus ojos, y luego con todo el respeto que pudo, comenzó a hablar.

-Hermosa dama, lo que nos ha traído hasta aquí esta noche es un rumor sobre un grupo de gente que hace hechicería, a mi amigo y a mi nos pudo la curiosidad y decidimos intentar infiltrarnos y ver como hacían magia.- la mujer se lo quedó mirando y una sonrisa se extendió por su bello rostro.

-Pasen y sean bienvenidos- sonrió- su información es correcta, pero no es un grupo de gente haciendo hechicería- dio una palmada y de sus manos aparecieron bolas de fuego- solo soy yo, me llamo Kendra -Cameron la miró sorprendido y deseó que su amigo estuviera consciente para ver eso- lo que ves aquí es una Hermandad que he creado yo, ¿te gustaría participar?

-¡Por supuesto!- Cameron la miró con la emoción de aventura en el rostro, una mirada que hacía mucho no aparecía por su rostro- ¿que debemos hacer mi amigo y yo para ingresar?

-Todos los meses hacemos pruebas, el que aguante todas las pruebas o lleve mejor puntuación... ingresa a la Hermandad.

-¿Que clase de pruebas?

-Bueno... saber luchar con armas, montar a caballo, lucha cuerpo a cuerpo, tiro con arco... ese tipo de cosas.

-Entiendo... ¿y que tiene de especial esta Hermandad?

-Mis... poderes... me permiten hacer un hechizo sobre vuestra alma y esa alma perdurará para siempre, intacta. Cuando mueras tu alma se meterá en otro cuerpo y tu lo recordarás todo. Serías prácticamente... inmortal. Morirías y volverías a nacer, así sucesivamente. Para completar el hechizo se necesitan dos rituales, uno de iniciación y otro de finalización.

A Cameron se le iluminó el rostro y cargó el cuerpo de su amigo sobre su hombro, mirando a Kendra a los ojos.

-¿Y todos los que ingresan a la Hermandad se hacen inmortales? ¿Por qué no haceis eso con todo el mundo?

Kendra rió, una risa angelical que hizo que a Cameron se le pusieran los pelos de punta.

-Sabeis que en esta época hay mas cazadores de brujas que granjeros, estaría en peligro de muerte. No, el conocimiento de mis poderes debe quedarse entre nosotros.

-Mis labios están sellados. Ahora, dulce dama, he de irme. Estoy preocupado por mi amigo y quiero llevarle a su casa, prometo volver el mes que viene e intentaré superar las pruebas para ingresar en su Hermandad.

Kendra sonrió y lo acompañó hasta la entrada de la cueva, le dedicó una pequeña reverencia y volvió al interior, donde los demás jóvenes la esperaban. Cameron la miró durante un instante y luego, con Nathan en su hombro, bajó de la montaña y consiguió llegar a su casa.”

James respiró hondo y dio otra calada a su cigarro, Alex lo miraba con una ceja alzada y con cara de no creerse ni una sola palabra. Se levantó y se puso a aplaudir lentamente.

-Debería felicitarte por inventarte tremenda historia en poco tiempo, ahora dime la verdad.

James levantó la vista y lo miró dolido, se levantó también y le echó el humo del cigarro en la cara, provocándolo.

-¿No te das cuenta, idiota? Cameron y Nathan éramos nosotros dos- suspiró- cierra los ojos y abre tu mente, Alexander. Verás que tengo razón.

Alex lo miró receloso y cerró los ojos. Se relajó y dejó su mente en blanco. Algo en su interior luchaba por salir, un recuerdo, el mismo recuerdo que siempre quiere salir pero nunca lo consigue. Por su mente pasó un flash y otro recuerdo surgió, el recuerdo de un sueño, un sueño en el que dos jóvenes entrenaban, intentando entrar en una Hermandad. Abrió los ojos sorprendido y miró a James con nuevos ojos, sin poder creérselo.

-Nathan... tu eras Nathan...

James lo miró serio y se dio la vuelta, alejándose de él.

-Ya sabes la historia, ahora déjame en paz, Dallas.

Alex lo miró atónito y lo siguió.

-¡Pero tu y yo éramos los mejores amigos! ¿Por qué me odias?

-Ya lo irás recordando con el tiempo, de momento no te acerques a mi- dijo eso lo más frío que pudo y se fue corriendo. Alex bufó y se dispuso a seguirlo.

-¿Alex?- una voz familiar habló a su espalda, Alex se quedó helado un momento y luego, lentamente, se dio la vuelta. Allí estaba Sam, mirándolo.

-¿Que quieres?

Sam suspiró y se acercó a él.

-Vine a pedirte disculpas, de verdad que lamento mucho mi comportamiento del otro día, no quise hablarte de mala manera y... lo siento.

Alex bufó y se dio la vuelta.

-No tengo tiempo para esto- se alejó caminando, siendo seguido por la mirada entristecida de Sam.

-Por favor Alex... -Sam lo siguió y agarró su brazo- dame una oportunidad...

Alex lo miró fijamente, mentiría si dijera que no sentía algo por Sam. Su mirada se deslizó hacia la mano de Sam sobre su brazo y luego volvió a posarse sobre los ojos del chico. Esos ojos que tanto le gustaban. Sam se fue acercando poco a poco a Alex hasta que sus rostros quedaron a pocos centímetros.

-Perdóname... Alex... -Sam se acercó más hasta rozar los labios de Alex con los suyos, con timidez. Alex, dejándose llevar, le siguió el beso, decidido y fuerte. Enredó sus dedos en el cabello de Sam y lo besó con ganas y éste le devolvió el beso de la misma forma. Sam se deshizo de la chaqueta de Alex y lo pegó a la pared de la rampa, sin dejar de besarlo. Alex le siguió el beso y se pegó a él, buscando en sus labios una salida a todos los pensamientos que James le dejó en la cabeza con eso de la resurrección. Le quitó la chaqueta y también la camiseta, acariciando su cuerpo y besando su cuello.

-Vayamos a un sitio mas íntimo... -Sam lo agarró de la mano, agarró la ropa y ambos fueron con paso rápido hacia el piso de éste, entraron y volvieron a besarse con pasión, caminando hacia la habitación.



Pasaron allí toda la noche, al amanecer se abrió la puerta y Alex salió medio desnudo, con su ropa en la mano y muy sigilosamente. Cerró la puerta sin hacer ruido, se vistió y salió del apartamento. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta para entrar en calor y caminó con paso tranquilo hacia su casa por las todavía oscuras calles de Londres. Mientras caminaba tuvo la sensación de que alguien lo seguía, aceleró el paso nervioso y decidió acortar camino por Hyde Park. Se oían cosas extrañas pero intentó ignorarlo. Sintió que alguien lo observaba y se le erizó el vello de la nuca, empezó a correr velozmente presa del miedo. Miró sobre su hombro para ver si alguien lo seguía y se relajó cuando no vio nada. Dejó de correr y volvió la vista hacia adelante, para ver una gran bola de luz ir hacia su cabeza. Lo último que vio antes de caer fueron un largo pelo negro y unos bonitos ojos azules.  

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