-¿Alma perdida?- Alex miró a James
como si estuviera tomándole del pelo.
-Suéltame y te lo contaré todo- lo
miró seriamente.
Alex, mirándolo desconfiado, se quitó
de encima dejando que se levante y lo miró con los brazos cruzados,
una mirada que irradiaba impaciencia. -¿Y bien?
James suspiró y se pasó una mano por
el pelo, caminó hasta la rampa donde antes estaba sentado Alex, sacó
un cigarrillo y lo encendió dándole una larga calada. Le ofreció
uno a Alex y éste lo aceptó gustoso, se sentó a su lado e hizo lo
mismo. Expulsó lentamente el humo por la nariz y miró a James
esperando que empiece a hablar.
-¿Crees en la reencarnación,
Alexander?- dio una calada y no esperó a que contestara- eso es lo
que somos nosotros, almas que se reencarnan en otro cuerpo cada vez
que morimos. Tu no te acuerdas de nada porque te perdiste, te saliste
de la Hermandad antes de que hicieran el hechizo que te permitiría
mantener todos los recuerdos.- dio otra calada- cada vez que los de
la Hermandad nos tocamos sentimos esa corriente eléctrica... -James
se sumió en sus pensamientos y comenzó a relatar la historia:
“En el año 1234 vivían en un
poblado dos niños, tenían unos diez años, uno tenía el cabello
castaño y los ojos marrones y se llamaba Nathan, el otro tenia el
cabello negro y los ojos verdes y su nombre era Cameron; eran los
mejores amigos que uno se pudiera encontrar. Solían entrenar con
espadas de madera y hablar de los viajes que les gustaría hacer: ir
a explorar las aguas, escalar la más alta montaña... Con el paso de
los años, esos niños crecieron y en el poblado se escurrió un
rumor en el que decía que en la cueva de la montaña, todos los
meses en noche de luna llena, se reunía un pequeño grupo de gente y
practicaban brujería. Ese rumor atrajo a los jóvenes como la miel a
las abejas, así que en una noche de luna llena estos dos grandes
amigos se reunieron y escalaron a la cueva de la montaña. Medio
escondidos, observaron. La cueva era grande, en el medio había una
gran hoguera que iluminaba cada rincón del lugar. Una mujer estaba
de pie sobre una roca y hablaba a los jóvenes que la escuchaban
atentos. Todos parecían tener la misma edad que ellos, unos 17 o 18
años. Nathan se acercó un poco para ver mas de cerca pero pisó una
piedra y tropezó, cayendo contra la pared y golpeándose en la
cabeza, quedando inconsciente. Todas las miradas de la cueva se
volvieron hacia él, Cameron salió de su escondite con apuro y
corrió hacia su amigo, tomándole el pulso. La mujer se acercó a
ellos y los miró detenidamente, era hermosa, tenía el cabello largo
y rubio y unos ojos verdes preciosos.
-¿Que hacen dos bellos jóvenes como
ustedes en un sitio como este a esta hora? -preguntó inocentemente.
Cameron maldijo en su interior y la miró, al principio se quedó
perdido en sus ojos, y luego con todo el respeto que pudo, comenzó a
hablar.
-Hermosa dama, lo que nos ha traído
hasta aquí esta noche es un rumor sobre un grupo de gente que hace
hechicería, a mi amigo y a mi nos pudo la curiosidad y decidimos
intentar infiltrarnos y ver como hacían magia.- la mujer se lo quedó
mirando y una sonrisa se extendió por su bello rostro.
-Pasen y sean bienvenidos- sonrió- su
información es correcta, pero no es un grupo de gente haciendo
hechicería- dio una palmada y de sus manos aparecieron bolas de
fuego- solo soy yo, me llamo Kendra -Cameron la miró sorprendido y
deseó que su amigo estuviera consciente para ver eso- lo que ves
aquí es una Hermandad que he creado yo, ¿te gustaría participar?
-¡Por supuesto!- Cameron la miró con
la emoción de aventura en el rostro, una mirada que hacía mucho no
aparecía por su rostro- ¿que debemos hacer mi amigo y yo para
ingresar?
-Todos los meses hacemos pruebas, el
que aguante todas las pruebas o lleve mejor puntuación... ingresa a
la Hermandad.
-¿Que clase de pruebas?
-Bueno... saber luchar con armas,
montar a caballo, lucha cuerpo a cuerpo, tiro con arco... ese tipo de
cosas.
-Entiendo... ¿y que tiene de especial
esta Hermandad?
-Mis... poderes... me permiten hacer un
hechizo sobre vuestra alma y esa alma perdurará para siempre,
intacta. Cuando mueras tu alma se meterá en otro cuerpo y tu lo
recordarás todo. Serías prácticamente... inmortal. Morirías y
volverías a nacer, así sucesivamente. Para completar el hechizo se
necesitan dos rituales, uno de iniciación y otro de finalización.
A Cameron se le iluminó el rostro y
cargó el cuerpo de su amigo sobre su hombro, mirando a Kendra a los
ojos.
-¿Y todos los que ingresan a la
Hermandad se hacen inmortales? ¿Por qué no haceis eso con todo el
mundo?
Kendra rió, una risa angelical que
hizo que a Cameron se le pusieran los pelos de punta.
-Sabeis que en esta época hay mas
cazadores de brujas que granjeros, estaría en peligro de muerte. No,
el conocimiento de mis poderes debe quedarse entre nosotros.
-Mis labios están sellados. Ahora,
dulce dama, he de irme. Estoy preocupado por mi amigo y quiero
llevarle a su casa, prometo volver el mes que viene e intentaré
superar las pruebas para ingresar en su Hermandad.
Kendra sonrió y lo acompañó hasta la
entrada de la cueva, le dedicó una pequeña reverencia y volvió al
interior, donde los demás jóvenes la esperaban. Cameron la miró
durante un instante y luego, con Nathan en su hombro, bajó de la
montaña y consiguió llegar a su casa.”
James respiró hondo y dio otra calada
a su cigarro, Alex lo miraba con una ceja alzada y con cara de no
creerse ni una sola palabra. Se levantó y se puso a aplaudir
lentamente.
-Debería felicitarte por inventarte
tremenda historia en poco tiempo, ahora dime la verdad.
James levantó la vista y lo miró
dolido, se levantó también y le echó el humo del cigarro en la
cara, provocándolo.
-¿No te das cuenta, idiota? Cameron y
Nathan éramos nosotros dos- suspiró- cierra los ojos y abre tu
mente, Alexander. Verás que tengo razón.
Alex lo miró receloso y cerró los
ojos. Se relajó y dejó su mente en blanco. Algo en su interior
luchaba por salir, un recuerdo, el mismo recuerdo que siempre quiere
salir pero nunca lo consigue. Por su mente pasó un flash y otro
recuerdo surgió, el recuerdo de un sueño, un sueño en el que dos
jóvenes entrenaban, intentando entrar en una Hermandad. Abrió los
ojos sorprendido y miró a James con nuevos ojos, sin poder
creérselo.
-Nathan... tu eras Nathan...
James lo miró serio y se dio la
vuelta, alejándose de él.
-Ya sabes la historia, ahora déjame en
paz, Dallas.
Alex lo miró atónito y lo siguió.
-¡Pero tu y yo éramos los mejores
amigos! ¿Por qué me odias?
-Ya lo irás recordando con el tiempo,
de momento no te acerques a mi- dijo eso lo más frío que pudo y se
fue corriendo. Alex bufó y se dispuso a seguirlo.
-¿Alex?- una voz familiar habló a su
espalda, Alex se quedó helado un momento y luego, lentamente, se dio
la vuelta. Allí estaba Sam, mirándolo.
-¿Que quieres?
Sam suspiró y se acercó a él.
-Vine a pedirte disculpas, de verdad
que lamento mucho mi comportamiento del otro día, no quise hablarte
de mala manera y... lo siento.
Alex bufó y se dio la vuelta.
-No tengo tiempo para esto- se alejó
caminando, siendo seguido por la mirada entristecida de Sam.
-Por favor Alex... -Sam lo siguió y
agarró su brazo- dame una oportunidad...
Alex lo miró fijamente, mentiría si
dijera que no sentía algo por Sam. Su mirada se deslizó hacia la
mano de Sam sobre su brazo y luego volvió a posarse sobre los ojos
del chico. Esos ojos que tanto le gustaban. Sam se fue acercando poco
a poco a Alex hasta que sus rostros quedaron a pocos centímetros.
-Perdóname... Alex... -Sam se acercó
más hasta rozar los labios de Alex con los suyos, con timidez. Alex,
dejándose llevar, le siguió el beso, decidido y fuerte. Enredó sus
dedos en el cabello de Sam y lo besó con ganas y éste le devolvió
el beso de la misma forma. Sam se deshizo de la chaqueta de Alex y lo
pegó a la pared de la rampa, sin dejar de besarlo. Alex le siguió
el beso y se pegó a él, buscando en sus labios una salida a todos
los pensamientos que James le dejó en la cabeza con eso de la
resurrección. Le quitó la chaqueta y también la camiseta,
acariciando su cuerpo y besando su cuello.
-Vayamos a un sitio mas íntimo... -Sam
lo agarró de la mano, agarró la ropa y ambos fueron con paso rápido
hacia el piso de éste, entraron y volvieron a besarse con pasión,
caminando hacia la habitación.
Pasaron allí toda la noche, al
amanecer se abrió la puerta y Alex salió medio desnudo, con su ropa
en la mano y muy sigilosamente. Cerró la puerta sin hacer ruido, se
vistió y salió del apartamento. Metió las manos en los bolsillos
de su chaqueta para entrar en calor y caminó con paso tranquilo
hacia su casa por las todavía oscuras calles de Londres. Mientras
caminaba tuvo la sensación de que alguien lo seguía, aceleró el
paso nervioso y decidió acortar camino por Hyde Park. Se oían cosas
extrañas pero intentó ignorarlo. Sintió que alguien lo observaba y
se le erizó el vello de la nuca, empezó a correr velozmente presa
del miedo. Miró sobre su hombro para ver si alguien lo seguía y se
relajó cuando no vio nada. Dejó de correr y volvió la vista hacia
adelante, para ver una gran bola de luz ir hacia su cabeza. Lo último
que vio antes de caer fueron un largo pelo negro y unos bonitos ojos
azules.
No hay comentarios:
Publicar un comentario