martes, 29 de octubre de 2013

Capítulo Cinco: No es lo que parece.

Alex despertó sobresaltado, ese sueño... ¿Por eso lo odiaba James? Se levantó, frustrado, y fue al baño a darse una ducha. Tenía la mente en blanco mientras se enjabonaba. ¿Quién habrá secuestrado a James? Alex creía saber la verdad, pero no quería admitirlo. Todo le resultaba tan surrealista... Salió del baño, se secó, se vistió y bajó a desayunar. Estaba nervioso, porque sabía que hoy confirmaría todo lo que estaba pasando, o al menos una parte. Apenas pudo comer las tortitas que su madre le había preparado, tenía el estómago cerrado. Subió a lavarse los dientes, agarró su mochila y salió a paso rápido de su casa, caminando hacia el instituto. En la entrada no vio a James con sus amigos, lo cual le preocupó aún más. Entró a su clase y dirigió su mirada a la silla de James, la cual estaba vacía. Se sentó, suspirando, y la silla fue ocupada por Kassandra, la cual le sonrió con amabilidad.

-¿Todo bien Alex?

Alex asintió, sin muchas ganas de charlar. Cada vez que entraba alguien miraba desesperado hacia la puerta. Después de que entraran todos entró su profesor de historia. Una aburrida charla sobre la guerra civil inundó la clase y Alex se puso a dibujar en la mesa, tan absorto en sus pensamientos que no oyó cuando sonó el timbre. De repente se hizo el silencio, y tardó mucho en darse cuenta. Miró alrededor y los vio a todos quietos, congelados, como si alguien hubiera parado el tiempo.

-¿Que coño...? -dijo levantándose.

Un risa a su espalda hizo que se volviera, lo hizo. Y la vio. Por fin. Alice. Su tutora. Igual como está en sus sueños, ni un día más vieja. Alex entrecerró los ojos y se puso en guardia. Ella lo miró sonriendo maléficamente.

-Cameron... veo que por fin me reconoces- dijo ella sin dejar de sonreír.

-Mi nombre es Alex- dijo él, apretando los dientes.

-Nathan no se alegrará de saber que no quieres aceptar la verdad de lo que eres, que lástima...

-¿Qué? -pestañeó- ¿dónde está James?

-Bajo mi poder, en un sitio donde no lo encontrarás jamás.

-Primero yo... luego él... ¿qué quieres de nosotros?

Alice amplió su sonrisa, alzó la mano y le lanzó una bola de luz que Alex esquivó por poco. Ella siguió lanzando y él esquivando hasta que una le llegó y cayó tendido en el suelo, inconsciente.

“Cameron se pasó semanas buscando a Nathan, no lo encontraba por ningún sitio. Le llegaron rumores de que estaba en una posada al extremo del pueblo, siempre borracho y con muchachas de compañía. Una noche Cameron se dejó caer por allí, no creía que su mejor amigo fuera a estar en un sitio como aquél y quería desmentir los rumores. Entró, sacudiéndose el agua del pelo y miró alrededor, estaba lleno de borrachos y mujeres medio desnudas. Se internó entre la muchedumbre, mirando cara por cara hasta que, después de un buen rato, distinguió a su amigo. Estaba durmiendo encima de una mesa. Cameron frunció los labios, pagó todo lo que su amigo debía, se lo cargó al hombro y lo sacó de allí. Caminó con su amigo al hombro durante un buen rato hasta llegar a su cabaña, lo desnudó y lo bañó. Nathan despertó y lo miró, se notaba a la legua que estaba muy borracho. Al ver a Cameron sonrió como idiota y empezó a reírse.

-¡Cameron! Mi buen amigo Cameron... quítate la ropa y únete a la fiesta.

Éste rodó los ojos y siguió bañándolo. Nathan se incorporó un poco y empezó a desenlazarle su camisa.

-Para... ¿qué haces?- Cameron frunció el ceño y se lo quitó de encima.

Nathan hizo un puchero y le desenlazó los cordones de los pantalones.

-No seas tonto y báñate conmigo...

Cameron enrojeció y se alejó, avergonzado del comportamiento de su amigo.

-Báñate tu solo.

Nathan también enrojeció, pero de rabia. Se levantó dejando que los restos de jabón resbalaran por su cuerpo y señaló a Cam con el dedo.

-O sea, ¡que no sólo te besas con Alice sino que ahora me rechazas! ¿¡Qué está mal contigo!?

-¿Conmigo? ¡Tu eres el que casi me mata por besar a esa chica!

Nathan salió de la bañera de madera y se acercó a él.

-¿No lo entiendes, verdad?

-¿Qué he de entender?- Cam frunció el ceño.

-¡No me enfadé porque la besaras! ¡Me enfadé porque ella te besó!

-¿Qué? ¿De que hablas? No lo entiendo...

-¿Quieres que te lo explique? Te lo explicaré- Nathan acortó la distancia entre ellos en un par de pasos, rodeó el cuello de Cameron con sus brazos y lo besó.

Lo besó con ansia, como si hubiera estado esperando mucho tiempo para hacer eso. Lo besó con miedo, como si el mundo fuera a acabarse al día siguiente. Cameron se quedó en shock, incapaz de reaccionar. Incapaz de creer lo que estaba pasando. Sin querer creerlo. Sin poder creerlo. Su amigo de la infancia, su hermano, su compañero de armas. Perdido. Todo perdido. Cuando pudo reaccionar lo que hizo fue apartarlo de un empujón. Nathan cayó al suelo y miró a Cameron con la boca entreabierta, incapaz de creer que le hubiera empujado, que le hubiera rechazado. Cameron se dió la vuelta y salió de la cabaña, sin ver como los ojos de su amigo se llenaban de lágrimas. Lágrimas por el rechazo.”

Alex despertó. Estaba atado a una silla en un lugar que no reconocía. Notaba que a su espalda había otra silla, y alguien atado en ella. <James>. Miró alrededor pero había poca luz, solo una pobre bombilla que colgaba del techo. Parecía un sótano. La persona que estaba a su lado despertó, boqueando.

-¿James? ¿Eres tu, James?

Alex intentó darse la vuelta pero las cuerdas no lo dejaban.

-¿Alex?

Éste suspiró de alivio al reconocer la voz. James estaba vivo. Y estaba allí.

-Si... ¿sabes dónde estamos?

-No... no he visto nada que no sea esta pared. Hasta he contado cuantos ladrillos tiene.

Alex intentó hacer memoria, recopilar información de todos sus sueños.

-Alice... tienes que explicarme qué pasa, James. Hay cosas que se me escapan.

-¿Has conseguido recordar algo?

-Fragmentos... ¿qué es Alice? ¿Una bruja?

-Si- suspiró- las brujas, como sabrás, o a lo mejor no, no envejecen.

-¿Y qué quiere de nosotros?

Oyeron el sonido de una puerta al abrirse y se tensaron, escucharon dos pares de pies caminar hacia ellos. La primera persona era Alice, hermosa y amenazadora como siempre. La segunda permaneció en las sombras y parecía que también iba atada.

-Muy pronto sabreis lo que quiero de ustedes- dijo sonriendo amenazadoramente.

Se acercó a James, sacó una navaja de su bota y le hizo un corte en la mejilla. Agarró un vasito y lo puso debajo de la sangre que goteaba. Hizo el mismo proceso con Alex, el cual se estaba poniendo cada vez mas nervioso.

-Vereis, chicos, es muy sencillo lo que quiero de ustedes. Es algo que no pueden darme pero que pueden ayudarme a conseguirlo.

-¿Qué quieres? -preguntó James de mal humor- habla.

Alice sonrió y le cruzó la cara de un bofetón.

-Muy bien, empezaremos contigo- le puso el cuchillo sobre el cuello- ¿quién fue la bruja que hizo el hechizo que os unió a la Hermandad?

James la miró, bastante sorprendido por la pregunta. Estaba claro que no se lo esperaba.

-No lo sé- respondió.

Alice sonrió y le hizo un pequeño corte en el cuello.

-Está claro que mientes, habla o te cortaré la arteria y me quedaré viendo como te desangras.

James se quedó callado y ella hundió el cuchillo en su cuello, sacándole un grito de dolor.

-Para, ¡para!- pidió Alex, asustado al oír los gritos. Alice lo miró, sacó el cuchillo y se acercó a él.

-¿Tu lo sabes? Dímelo.

Alex tragó saliva.

-Suéltale y te lo diré.

Alice rió y James jadeaba, el corte no había sido muy profundo, no intentó matarlo.

-No estás en posición de hacer peticiones, Cameron.

-No se lo digas Alex- James tosió y escupió un poco de sangre.

-Si no lo sueltas nunca lo sabrás.

Alice rodó los ojos, agarró a la persona que estaba en la sombra y la puso bajo la luz. Estaba atado y magullado, malherido. Tenía una ceja y un labio partido y se le veía débil. Muy débil. Alex jadeó al verle la cara. Era Sam.



No hay comentarios:

Publicar un comentario