martes, 8 de octubre de 2013

Capítulo Dos: Almas Perdidas.


Alex volvió a su casa frustrado, todavía sintiendo el cosquilleo en su mano. Su madre le esperaba con el almuerzo en la mesa, bistec y patatas. Ella acabó de poner la mesa y ambos se sentaron a comer mientras miraban en la televisión un programa de preguntas y respuestas. Kate acabó de comer y fue a sentarse en el sofá mientras Alex levantaba la mesa y fregaba los platos, pensando sin cesar en la extraña corriente que le recorría cuando tocaba a James. Secó y guardó los platos y subió a su habitación, puso música y se tiró en la cama. Su habitación era grande, de un azul celeste. Había un armario grande de madera junto a la ventana y a su lado había una pequeña tarima donde había una batería. Junto a la cama de dos plazas había un escritorio y sobre él, un portátil. Cerró los ojos. Imágenes de Sam y él pasaban por su cabeza, los labios de él, el cabello, el torso... Alex se dio a si mismo una bofetada y se levantó de la cama. <<Tengo que hablar con él...>> pensó. Se cambió de ropa y salió de su casa, caminando hacia el piso de Sam mientras repasaba mentalmente lo que iba a decirle. Atravesó Hyde Park mirando al suelo cuando se topó de frente con un grupo de chicas, chocó con una y los papeles que ésta tenía en las manos acabaron todos en el suelo. El resto de chicas soltaron risitas estúpidas y Alex y la chica se agacharon y juntaron los papeles, él le dio los papeles que recogió y se dio cuenta de que todas estaban en su clase. Miró a la chica que seguía agachada, era bastante guapa, ojos marrones y pelo del mismo color, medía unos cuantos centímetros menos que él y era delgaducha.

-Lo siento- dijo Alex- no miraba por dónde iba.

-No te preocupes- respondió ella sonriendo y le extendió su mano- soy Kassandra, estoy en tu clase.

-Ya... -Alex estrechó su mano- Alexander.

-Lo sé- respondió ella sonrojándose, las demás chicas soltaron mas risitas y Alex las miró con mala cara. -¿Ibas a algún lado? ¿Quieres venir a tomar algo con nosotras?

-Pues... -Alex la miró fijamente a los ojos y se lo pensó detenidamente. Todavía no sabía que decirle a Sam y creyó que sería buena idea conocer a sus compañeras de clase- Por supuesto- respondió y sonrió. Kassandra amplió su sonrisa y todo el grupo caminó hacia el bar al que Sam llevó a Alex la noche anterior. Juntaron dos mesas y pidieron una botella de vodka y refresco de limón. Sentaron al chico en el centro y todas le acribillaron a preguntas: de dónde era, cuántos años tenía, por qué se había mudado a Londres, cuántas novias había tenido, etc. Cuanto más bebía, Alex contestaba con mayor entusiasmo, a todos se les notaba el rubor en las mejillas provocados por el alcohol y comenzaron a hacer bromas y contar chistes. Estuvieron así toda la tarde, poco a poco las chicas se fueron marchando y al caer la noche solo quedaban Kassandra y Alex.

-Debería irme ya -dijo Kassandra levantándose- mi madre se preguntará que he estado haciendo toda la tarde.

-Deja que te acompañe- Alex se levantó también y agarró su chaqueta- ya es de noche y no quiero que te pase nada.

-De acuerdo- ella sonrió y ambos salieron del bar, caminaron tranquilamente hasta la casa de Kas mientras hablaban de sus gustos musicales. Al parecer tenían un grupo favorito en común: Bon Jovi. Al llegar a la puerta de la casa ella se puso de puntillas y besó dulcemente su mejilla, él sonrió y le deseó buenas noches, se dio la vuelta y emprendió el camino hacia su casa. Caminaba con las manos en los bolsillos por Hyde Park y a veces tropezaba por el alcohol en su cuerpo. A lo lejos vio una figura conocida, al parecer estaba estirando. <<Sam>>. Alex frunció los labios y caminó hasta allí, enfadándose sin saber el motivo.

-Hola Sam- saludó frío. Sam se sobresaltó y se dio la vuelta, miraba a Alex de una forma extraña, avergonzado.

-Alex... -dijo éste a modo de saludo.

-No pareces muy contento de verme- Alex entrecerró los ojos.

-¿Que quieres? Estoy ocupado -Sam le dio la espalda y siguió estirando, Alex le puso la mano en el hombro y le obligó a darse la vuelta.

-¿Por qué te comportas así conmigo? Me llevas a tu casa, me besas, luego me apartas y ahora me ignoras, ¿¡por qué!?

-Tu te fuiste corriendo, no tienes nada que reprocharme- Sam lo miró con los ojos entrecerrados.

-¡Estaba asustado! ¡Nunca había hecho eso!

-¿Debería sentirme halagado por ser el primero?-alzó una ceja y Alex bufó.

-Vete a la mierda- le dio la espalda y continuó su camino.

-¡A mi no me des la espalda Alexander!- Alex siguió su camino, sintiendo un puñal en el corazón.
Siguió caminando hasta llegar a su casa y entró, esquivó a su madre para que no oliera el nauseabundo olor a alcohol que desprendía y se encerró en su cuarto. Fue directo al baño, se desnudó y se metió en la ducha, dejando que el agua caliente le despejara la cabeza. El estómago le pedía a gritos algo de comida, acabó de ducharse, se puso el pijama y bajó a la cocina a por algo de comer. Su madre había hecho su comida favorita: hamburguesas. Después de zamparse tres hamburguesas con lechuga, tomate, bacon y queso, volvió a su habitación y cayó como muerto en su cama. Durmió como un bebé toda la noche, mientras un raro sueño lo atormentaba.

“Estaba en el claro de un muy verde bosque, los árboles eran gruesos y estaban tan juntos que apenas dejaban entrar la luz del sol. Junto a un lago había dos jóvenes vestidos de forma medieval que luchaban ferozmente con espadas, uno tenía los ojos de un verde brillante y el pelo negro y el otro tenía el pelo castaño y los ojos marrones. Lanzaban violentos mandobles con la espada y se les veía bien adiestrados. El de pelo castaño desarmó al otro y éste levantó las manos y sonrió.

-Me rindo, baja la espada antes de que hagas daño a alguien- se revolvió el pelo y se acercó al lago a refrescarse.

-Cada día combates mejor, tenemos que seguir entrenándonos para entrar en la Hermandad- hizo lo mismo y se refrescó en el lago. Miró su reflejo en el agua y un apuesto joven de cabello castaño le devolvió la mirada.

-¿Por qué deseas con tanto ahínco entrar en esa Hermandad? Y no me digas que por una dama...

El chico de ojos marrones sonrió a su amigo, se quitó la ropa y se metió hasta la cintura en el agua.

-Se llama Alice, pelo oscuro, preciosos ojos azules... es hermosa.

Su amigo miró al chico con los ojos desorbitados.

-¿Alice? ¿La misma Alice que querían quemar en la hoguera? Debes de estar de broma...

-Será mía, la cortejaré. Tengo que hacerlo... su belleza me ha cautivado...

-Solo es una cara bonita- el moreno suspiró y se tumbó en el suelo mirando al cielo, lo que hizo que no pudiera ver la malévola sonrisa que le dirigía su amigo.”

Despertó de golpe, la sonrisa del chico con el pelo castaño le resultó tan familiar que no pudo seguir durmiendo. El corazón le latía rápidamente y otra vez tuvo la sensación de que un recuerdo luchaba por salir. Frustrado, fue al baño y se dio una buena ducha que le ayudó a tranquilizarse. Al acabar envolvió su cintura en una toalla y se sentó en el borde de la cama mirando sus zapatos, pensativo. Miró el reloj y vio que faltaban cinco minutos para que sonara su despertador y tener que prepararse para ir a clase. Se secó, se vistió de forma lenta y bajó a la cocina a desayunar. Nunca se acostumbraría a esa cocina, tenía una larga barra en forma de “U” con muchos electrodomésticos, el lavavajillas y el horno estaban juntos y había una pequeña ventana junto al fregadero. La nevera de dos metros estaba junto a la puerta. Alex fue hacia la nevera y sacó un poco de leche y una botella de zumo. Se preparó su chocolate tranquilo, intentando con todas sus fuerzas no pensar en su extraño sueño. Desayunó, agarró su mochila y salió de su casa, caminando tranquilamente hacia el instituto. Antes de entrar fue al kiosko y compró una cajetilla de tabaco, encendió un cigarro dándole una profunda calada y se quedó mirando como la gente entraba como en manada al instituto. Acabó el cigarrillo y entró a clase al mismo tiempo que lo hacía su sexy tutora, él se sentó y se la quedó mirando, recordando su sueño. “Se llama Alice, pelo oscuro, preciosos ojos azules... es hermosa.” Sacudió la cabeza y se cubrió la cara con las manos, notó que alguien lo miraba y giró la cabeza, ahí estaba James, con aire despreocupado y mirándolo fijamente.

-¿Se te ha perdido algo? -él negó con su típica sonrisa malévola y volvió la vista a la profesora, sin volver a mirarlo en toda la hora.

Alex tampoco lo miró a él y así estuvieron toda la mañana. La que no paraba de mirarlo era Kassandra y su grupo de amigas, pero Alex no estaba de ánimo para entablar conversación con sus compañeras, ni con nadie. Al salir del instituto fue Alex el que esperó a James, con los brazos cruzados y dispuesto a conseguir respuestas. James salió con su grupo de amigos y pasó a su lado sin verlo, él le puso una mano en el pecho para detenerlo y todas las miradas se volvieron hacia él.

-¿Puedo hablar contigo?- miró a James fijamente. Éste les hizo una seña a sus amigos y éstos se fueron, lanzándole curiosas miradas.

-¿Que quieres?- lo miró con lo que parecía impaciencia, pero con una pequeña sonrisa de medio lado.

-Ya sabes lo que quiero, la corriente, ¿por qué ocurre eso?

-Dios... ¿de verdad no lo sabes?- lo miró atónito- creí que a estas horas ya lo sabrías.

-¿Saber qué?- lo miró con ansia de información.

James no contestó, en lugar de eso extendió su mano para tocar la de Alex y ambos volvieron a sentir esa especie de corriente.

-Eres tu...- dijo James mirándolo de forma extraña, como si fuera alguien que hubo esperado mucho tiempo para conseguir algo y al fin lo consigue- tienes que ser tú...

-¡¿Ser quién?! ¡Habla de una vez!

La expresión de James se convirtió en una mirada de odio, agarró a Alex del cuello y lo estampó contra la pared.

-Escúchame bien, pelirrojo. No vuelvas a acercarte a mi, no vuelvas a hablarme, o de verdad que lo lamentarás- lo soltó y se fue corriendo, como huyendo de un fantasma.

Alex, mas confuso que nunca, se acarició el cuello y maldijo por lo bajo, estaba dispuesto a seguirlo pero una mano en su hombro lo detuvo. Era Kassandra, y lo miraba muy preocupada.

-¿Estás bien Alex?- se mordió el labio, claramente preocupada.

-Si... no te preocupes por mi- intentó sonreír pero seguía sin ganas de nada- lo siento Kas, tengo que irme... nos vemos mañana.- Kas asintió y él se fue a paso rápido hacia su casa.

Al llegar saludó a su madre con un seco “hola” y se encerró en su habitación, no tenía hambre, solo un profundo sueño. Se dejó caer en la cama y se durmió al instante, esta vez sin sueños. Despertó cuatro horas después y estaba anocheciendo, se frotó los ojos y decidió salir a dar una vuelta a que le diera el frío aire otoñal. En lugar de ir a Hyde Park fue a un skate park que había cerca de su casa, afortunadamente no había nadie así que tuvo libertad de sentarse en una rampa y pensar. Siguió allí hasta que estuvo todo muy oscuro y se levantó dispuesto a ir a su casa cuando vio a alguien pasar, caminaba como si fuera superior a los demás y distinguió un destello de su cabello castaño. Lo reconoció al instante y corrió hacia él, le hizo un placaje y cayeron ambos al suelo, lo inmovilizó contra el suelo, mirando sus profundos ojos azules. James lo miró con sorpresa y poco a poco el odio lo reemplazó.

-Dímelo James, ¡dime que ocurre con nosotros!

-¿De verdad quieres saberlo? -James sonrió malévolamente- eres un alma perdida.


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