martes, 22 de octubre de 2013

Capítulo Cuatro: Alice.

“Era cerca de la medianoche. En la cabaña donde dormían Nathan y Cameron el frío se colaba por la rendija de la puerta. Cameron despertó de golpe, después de haber tenido un extraño sueño, y miró hacia la cama de Nathan, pero éste no estaba allí. Se levantó y fue a asearse un poco, no era común en Nathan que desapareciera de este modo por la noche. Tras esperar una hora más, agarró su abrigo y salió en su busca por el bosque. Tras otra hora de búsqueda lo vio a lo lejos, sentado en la orilla de un lago con una joven dama a su lado, pudo distinguir un largo pelo negro, es lo único que la luz de la luna le permitía verle. Se dio media vuelta y volvió a la cabaña, se quitó el abrigo y volvió a meterse en la cama. Al rato oyó como se abría la puerta y Nathan entraba por ella, Cameron quiso decirle algo pero su amigo se metió en la cama y a los pocos minutos sus ronquidos llenaron la habitación.
Despertaron al amanecer y fueron al claro del bosque a entrenar. Lucharon con ferocidad y ansia y Nathan acabó desarmando a Cameron. Éste sonrió y levantó las manos.

-Me rindo, baja la espada antes de que hagas daño a alguien- se revolvió el pelo y se acercó al lago a refrescarse.

-Cada día combates mejor, tenemos que seguir entrenándonos para entrar en la Hermandad- hizo lo mismo y se refrescó en el lago. Miró su reflejo en el agua y un apuesto joven de cabello castaño le devolvió la mirada.

-¿Por qué deseas con tanto ahínco entrar en esa Hermandad? Y no me digas que por una dama...

El chico de ojos marrones sonrió a su amigo, se quitó la ropa y se metió hasta la cintura en el agua.

-Se llama Alice, pelo oscuro, preciosos ojos azules... es hermosa.

Su amigo miró al chico con los ojos desorbitados.

-¿Alice? ¿La misma Alice que querían quemar en la hoguera? Debes de estar de broma...

-Será mía, la cortejaré. Tengo que hacerlo... su belleza me ha cautivado...

-Solo es una cara bonita- el moreno suspiró y se tumbó en el suelo mirando al cielo, lo que hizo que no pudiera ver la malévola sonrisa que le dirigía su amigo.

-Pues su cara bonita me entró por los ojos y juro que me llegó al corazón.

-¿Es la misma joven con la que estabas anoche? - preguntó Cameron incorporándose.

Nathan se tensó y giró su torso para mirarlo.

-¿Me has espiado?

-No te he espiado- Cameron puso los ojos en blanco- me preocupé y salí a buscarte, te vi con una joven dama y volví a la cabaña, eso es todo.

-Pues si, es ella -Nathan frunció los labios pero luego sonrió y se metió del todo en el lago.

Cameron se lo quedó mirando con la preocupación en el rostro. Su amigo era muy impulsivo y siempre que se lanzaba hacia algo acababa mal. Suspiró, se quitó la ropa y se metió en el lago, intentando relajarse y despejar la cabeza. Estuvieron nadando un rato y se quedaron en la orilla tomando sol, al rato Nathan se fue y dejó a Cameron solo. Éste, aburrido, agarró su espada y se puso a practicar solo. El sol estaba cayendo y él seguía practicando. Una figura apareció detrás de él pero éste no se dio cuenta, lanzó un mandoble dándose la vuelta y detuvo la espada justo a tiempo de cortarte la cabeza a una muchacha, una bella muchacha de largos cabellos negros y ojos azules, una muchacha que no estaba allí un segundo antes.”

Alex despertó de golpe, jadeando y sudando. Estaba en su cama, pero no recordaba haber llegado allí. Lo último que recordaba fue el impacto de una bola de luz sobre él y unos bonitos ojos azules. Se levantó tan rápido que tuvo que volver a sentarse en la cama del mareo que le dio, esperó unos minutos y volvió a levantarse, fue al baño y se dio una ducha, intentando recordar lo que había pasado. El agua caliente sobre su piel lo relajó y comenzó a rememorar la noche anterior. Recordó salir de casa de Sam, casi que a hurtadillas, y caminar por Hyde Park, recordó tener la sensación de que alguien lo perseguía y luego... nada. Acabó de ducharse, frustrado, y salió del baño con una toalla enrollada en su cintura. Miró la hora y eran casi las 20:00, había dormido todo el día. Se vistió con rapidez y bajó al salón buscando a su madre, pero no estaba. Se preparó algo rápido para comer y salió de casa, preocupado. Fue al skate park, deseando estar solo, y se puso a pensar y pensar. Sus sueños lo estaban atormentando y últimamente parecía que veía ojos azules en todas partes. Levantó la vista hacia el cielo y lo vio oscuro y estrellado, no se dio cuenta de que había anochecido. Suspiró y saco una cajetilla de cigarros de su bolsillos, sacó uno y lo encendió dándole una calada, relajándose. Oyó pasos y se medio escondió entre las sombras, una persona pasaba por allí tarareando una canción. Una figura apareció de la nada cortándole el paso y le lanzó una bola de luz, una igual a la que le habían lanzado a él la noche anterior. La persona cayó inconsciente al suelo. Alex se escondió más entre las sombras y agudizó la vista, intentando averiguar quien era la persona que hacía eso. Parecía una mujer, ésta chasqueó los dedos y la figura inmóvil del suelo se elevó en el aire. La luz de una farola le iluminó débilmente el rostro, pero eso bastó a Alex para saber quien es; James. Salió velozmente de su escondite y se dirigió corriendo hacia ellos, la mujer lo vio y frunció el ceño, volvió a chasquear los dedos y James y ella desaparecieron. Alex soltó un grito de frustración y le pegó una patada a la farola, haciéndose daño. Impotente, volvió a su casa, dónde su madre lo esperaba con la cena en la mesa.

-Alex, ¿va todo bien?

Alex frunció los labios y se sentó frente a su plato, comiendo sin decir nada. Su madre lo miró más que preocupada y repitió la pregunta.

-¿Va todo bien, hijo?

-Si mamá, todo va estupendamente.

-¿Has hecho tus tareas? Mañana tienes clase.

-Si mamá, he hecho mis tareas.

-¿Dónde estuviste anoche?

Alex enrojeció al recordar la noche con Sam, había sido su primera vez con un chico.

-En casa de un amigo.

-¿Qué amigo? Podrías invitarlo a cenar algún día, me gustaría saber con qué clase de gente te relacionas.

Alex puso los ojos en blanco, sin poder evitarlo.

-No me junto con terroristas, mamá. Y no sé si esta amistad va a durar mucho. -se encogió de hombros, acabó de cenar y se fue a su habitación.

Una vez allí dentro se tiró sobre su cama y miró al techo. ¿Que estaba pasando? ¿Primero van a por él y luego a por James? Alex estaba casi seguro de que todo esto tiene que ver con la Hermandad, y también estaba casi seguro se quien era la mujer de pelo negro y ojos azules que los había atacado. Se puso el pijama y se metió en la cama con la esperanza de ver a James en el instituto, de verlo bien. Pasaron horas hasta que logró dormirse, y otra vez los sueños lo atormentaban.

“Cameron dejó caer la espada y miró a la muchacha con la preocupación pintada en el rostro.

-Por todos los cielos... ¡casi te corto la cabeza! ¿Estás bien?

Ignoró el hecho de que esa chica era Alice, a la que habían acusado de brujería y la que le gustaba a Nathan.

-Estoy bien -sonrío a Cameron, una sonrisa que a éste no le gustó nada.

-Bien. Si estás buscando a Nathan ya se ha ido- volvió a agarrar la espada, dispuesto a seguir entrenando.

Alice pasó los dedos lentamente por el filo de la hoja, sin cortarse, y miró a Cameron sonriendo de medio lado. Pestañeó y sus ojos eran completamente negros, sin nada de blanco en ellos. Cameron se quedó mirando esos ojos hasta quedar hipnotizado, desconectando completamente de su mente. Ella se acercó y caminó a su alrededor lentamente.

-¿Me escuchas bien?

Cameron asintió, completamente obediente.

-Quiero que hagas una cosa por mi... ¿la harás?

Volvió a asentir y ella sonrió.

-El próximo mes es el cumpleaños de Nathan... quiero que esa noche vayas hacia su cama... y le cortes el cuello mientras duerme.

Cameron asintió y ella, sonriente, dirigió sus labios hacia los de él, fundiéndose ambos en un profundo beso. Estuvieron así mucho tiempo hasta que un ruido los separó, se giraron y vieron a Nathan, paralizado y blanco al verlos. Alice se fue corriendo y eso hizo que la hipnosis de Cameron terminara, éste miró alrededor, confuso, y luego a su amigo.

-Nathan, ¿no te habías ido?

Su amigo no le respondió, sino que se abalanzó sobre él y ambos rodaron por el suelo, Nathan golpeando y Cameron cubriéndose.

-¡Nathan! ¡¿Qué pasa contigo?!

-¡Ella es mía! -dijo Nathan, golpeando sin parar.- ¡Sabías que me gustaba!

-¿¡Pero de quien hablas?! ¿¡Alice?! ¡Estuvo aquí y se fué! ¡No ha pasado nada!

-¡Mientes! ¡Os he visto! ¡La besabas! -volvió a golpearle, una y otra vez. Cameron consiguió sacárselo de encima y corrió hacia su espada, la agarró y la levantó.

-¡Yo no la he besado! ¡Cálmate!

Nathan desenvainó su espada, estaba fuera de sí.

-¡Por dios Nathan! ¡Eres como mi hermano! ¡Tienes que calmarte!

Éste le lanzó la espada a su amigo, furioso.

-No vuelvas a llamarme hermano- dicho esto se dió media vuelta y desapareció entre los árboles”


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