“Era cerca de la medianoche. En la
cabaña donde dormían Nathan y Cameron el frío se colaba por la
rendija de la puerta. Cameron despertó de golpe, después de haber
tenido un extraño sueño, y miró hacia la cama de Nathan, pero éste
no estaba allí. Se levantó y fue a asearse un poco, no era común
en Nathan que desapareciera de este modo por la noche. Tras esperar
una hora más, agarró su abrigo y salió en su busca por el bosque.
Tras otra hora de búsqueda lo vio a lo lejos, sentado en la orilla
de un lago con una joven dama a su lado, pudo distinguir un largo
pelo negro, es lo único que la luz de la luna le permitía verle. Se
dio media vuelta y volvió a la cabaña, se quitó el abrigo y volvió
a meterse en la cama. Al rato oyó como se abría la puerta y Nathan
entraba por ella, Cameron quiso decirle algo pero su amigo se metió
en la cama y a los pocos minutos sus ronquidos llenaron la
habitación.
Despertaron al amanecer y fueron al
claro del bosque a entrenar. Lucharon con ferocidad y ansia y Nathan
acabó desarmando a Cameron. Éste sonrió y levantó las manos.
-Me rindo, baja la espada antes de que
hagas daño a alguien- se revolvió el pelo y se acercó al lago a
refrescarse.
-Cada día combates mejor, tenemos que
seguir entrenándonos para entrar en la Hermandad- hizo lo mismo y se
refrescó en el lago. Miró su reflejo en el agua y un apuesto joven
de cabello castaño le devolvió la mirada.
-¿Por qué deseas con tanto ahínco
entrar en esa Hermandad? Y no me digas que por una dama...
El chico de ojos marrones sonrió a su
amigo, se quitó la ropa y se metió hasta la cintura en el agua.
-Se llama Alice, pelo oscuro, preciosos
ojos azules... es hermosa.
Su amigo miró al chico con los ojos
desorbitados.
-¿Alice? ¿La misma Alice que querían
quemar en la hoguera? Debes de estar de broma...
-Será mía, la cortejaré. Tengo que
hacerlo... su belleza me ha cautivado...
-Solo es una cara bonita- el moreno
suspiró y se tumbó en el suelo mirando al cielo, lo que hizo que no
pudiera ver la malévola sonrisa que le dirigía su amigo.
-Pues su cara bonita me entró por los
ojos y juro que me llegó al corazón.
-¿Es la misma joven con la que estabas
anoche? - preguntó Cameron incorporándose.
Nathan se tensó y giró su torso para
mirarlo.
-¿Me has espiado?
-No te he espiado- Cameron puso los
ojos en blanco- me preocupé y salí a buscarte, te vi con una joven
dama y volví a la cabaña, eso es todo.
-Pues si, es ella -Nathan frunció los
labios pero luego sonrió y se metió del todo en el lago.
Cameron se lo quedó mirando con la
preocupación en el rostro. Su amigo era muy impulsivo y siempre que
se lanzaba hacia algo acababa mal. Suspiró, se quitó la ropa y se
metió en el lago, intentando relajarse y despejar la cabeza.
Estuvieron nadando un rato y se quedaron en la orilla tomando sol, al
rato Nathan se fue y dejó a Cameron solo. Éste, aburrido, agarró
su espada y se puso a practicar solo. El sol estaba cayendo y él
seguía practicando. Una figura apareció detrás de él pero éste
no se dio cuenta, lanzó un mandoble dándose la vuelta y detuvo la
espada justo a tiempo de cortarte la cabeza a una muchacha, una bella
muchacha de largos cabellos negros y ojos azules, una muchacha que no
estaba allí un segundo antes.”
Alex despertó de golpe, jadeando y
sudando. Estaba en su cama, pero no recordaba haber llegado allí. Lo
último que recordaba fue el impacto de una bola de luz sobre él y
unos bonitos ojos azules. Se levantó tan rápido que tuvo que volver
a sentarse en la cama del mareo que le dio, esperó unos minutos y
volvió a levantarse, fue al baño y se dio una ducha, intentando
recordar lo que había pasado. El agua caliente sobre su piel lo
relajó y comenzó a rememorar la noche anterior. Recordó salir de
casa de Sam, casi que a hurtadillas, y caminar por Hyde Park, recordó
tener la sensación de que alguien lo perseguía y luego... nada.
Acabó de ducharse, frustrado, y salió del baño con una toalla
enrollada en su cintura. Miró la hora y eran casi las 20:00, había
dormido todo el día. Se vistió con rapidez y bajó al salón
buscando a su madre, pero no estaba. Se preparó algo rápido para
comer y salió de casa, preocupado. Fue al skate park, deseando estar
solo, y se puso a pensar y pensar. Sus sueños lo estaban
atormentando y últimamente parecía que veía ojos azules en todas
partes. Levantó la vista hacia el cielo y lo vio oscuro y
estrellado, no se dio cuenta de que había anochecido. Suspiró y
saco una cajetilla de cigarros de su bolsillos, sacó uno y lo
encendió dándole una calada, relajándose. Oyó pasos y se medio
escondió entre las sombras, una persona pasaba por allí tarareando
una canción. Una figura apareció de la nada cortándole el paso y
le lanzó una bola de luz, una igual a la que le habían lanzado a él
la noche anterior. La persona cayó inconsciente al suelo. Alex se
escondió más entre las sombras y agudizó la vista, intentando
averiguar quien era la persona que hacía eso. Parecía una mujer,
ésta chasqueó los dedos y la figura inmóvil del suelo se elevó en
el aire. La luz de una farola le iluminó débilmente el rostro, pero
eso bastó a Alex para saber quien es; James. Salió velozmente de su
escondite y se dirigió corriendo hacia ellos, la mujer lo vio y
frunció el ceño, volvió a chasquear los dedos y James y ella
desaparecieron. Alex soltó un grito de frustración y le pegó una
patada a la farola, haciéndose daño. Impotente, volvió a su casa,
dónde su madre lo esperaba con la cena en la mesa.
-Alex, ¿va todo bien?
Alex frunció los labios y se sentó
frente a su plato, comiendo sin decir nada. Su madre lo miró más
que preocupada y repitió la pregunta.
-¿Va todo bien, hijo?
-Si mamá, todo va estupendamente.
-¿Has hecho tus tareas? Mañana tienes
clase.
-Si mamá, he hecho mis tareas.
-¿Dónde estuviste anoche?
Alex enrojeció al recordar la noche
con Sam, había sido su primera vez con un chico.
-En casa de un amigo.
-¿Qué amigo? Podrías invitarlo a
cenar algún día, me gustaría saber con qué clase de gente te
relacionas.
Alex puso los ojos en blanco, sin poder
evitarlo.
-No me junto con terroristas, mamá. Y
no sé si esta amistad va a durar mucho. -se encogió de hombros,
acabó de cenar y se fue a su habitación.
Una vez allí dentro se tiró sobre su
cama y miró al techo. ¿Que estaba pasando? ¿Primero van a por él
y luego a por James? Alex estaba casi seguro de que todo esto tiene
que ver con la Hermandad, y también estaba casi seguro se quien era
la mujer de pelo negro y ojos azules que los había atacado. Se puso
el pijama y se metió en la cama con la esperanza de ver a James en
el instituto, de verlo bien. Pasaron horas hasta que logró dormirse,
y otra vez los sueños lo atormentaban.
“Cameron dejó caer la espada y miró
a la muchacha con la preocupación pintada en el rostro.
-Por todos los cielos... ¡casi te
corto la cabeza! ¿Estás bien?
Ignoró el hecho de que esa chica era
Alice, a la que habían acusado de brujería y la que le gustaba a
Nathan.
-Estoy bien -sonrío a Cameron, una
sonrisa que a éste no le gustó nada.
-Bien. Si estás buscando a Nathan ya
se ha ido- volvió a agarrar la espada, dispuesto a seguir
entrenando.
Alice pasó los dedos lentamente por
el filo de la hoja, sin cortarse, y miró a Cameron sonriendo de
medio lado. Pestañeó y sus ojos eran completamente negros, sin nada
de blanco en ellos. Cameron se quedó mirando esos ojos hasta quedar
hipnotizado, desconectando completamente de su mente. Ella se acercó
y caminó a su alrededor lentamente.
-¿Me escuchas bien?
Cameron asintió, completamente
obediente.
-Quiero que hagas una cosa por mi...
¿la harás?
Volvió a asentir y ella sonrió.
-El próximo mes es el cumpleaños de
Nathan... quiero que esa noche vayas hacia su cama... y le cortes el
cuello mientras duerme.
Cameron asintió y ella, sonriente,
dirigió sus labios hacia los de él, fundiéndose ambos en un
profundo beso. Estuvieron así mucho tiempo hasta que un ruido los
separó, se giraron y vieron a Nathan, paralizado y blanco al verlos.
Alice se fue corriendo y eso hizo que la hipnosis de Cameron
terminara, éste miró alrededor, confuso, y luego a su amigo.
-Nathan, ¿no te habías ido?
Su amigo no le respondió, sino que se
abalanzó sobre él y ambos rodaron por el suelo, Nathan golpeando y
Cameron cubriéndose.
-¡Nathan! ¡¿Qué pasa contigo?!
-¡Ella es mía! -dijo Nathan,
golpeando sin parar.- ¡Sabías que me gustaba!
-¿¡Pero de quien hablas?! ¿¡Alice?!
¡Estuvo aquí y se fué! ¡No ha pasado nada!
-¡Mientes! ¡Os he visto! ¡La
besabas! -volvió a golpearle, una y otra vez. Cameron consiguió
sacárselo de encima y corrió hacia su espada, la agarró y la
levantó.
-¡Yo no la he besado! ¡Cálmate!
Nathan desenvainó su espada, estaba
fuera de sí.
-¡Por dios Nathan! ¡Eres como mi
hermano! ¡Tienes que calmarte!
Éste le lanzó la espada a su amigo,
furioso.
-No vuelvas a llamarme hermano- dicho
esto se dió media vuelta y desapareció entre los árboles”
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