martes, 1 de abril de 2014

Capítulo 2.

Klaus sonrió ampliamente, agarró la botella y le devolvió el abrazo.

-Gracias Slytherin.

Se abrazaron durante un rato y luego se separaron. Salazar hizo más magia para decorar toda la cabaña y Klaus lo miraba maravillado. Adoraba ver a su amigo haciendo magia. Abrieron la botella de ron y bebieron, charlaron y rieron durante toda la tarde. La lluvia se convirtió en tormenta y se acercaba la hora de que ambos regresaran a sus casas.

-No podemos salir durante esta tormenta.

-¿Y entonces que hacemos?

-No lo sé...

Guardaron silencio y ambos comenzaron a reír, se notaba que el alcohol ya estaba haciendo su efecto.

-Haz más magia, Sly.

-Tu madre Esther y su amiga son brujas, ¿por qué te maravilla tanto que yo haga magia?

-Porque tú haces una magia distinta.

Salazar suspiró sonriendo, se levantó sacando su varita y señaló a nada en concreto, concentrándose.

-¡Expecto Patronum!

De la punta de su varita surgió una gran luz plateada que fue cogiendo forma hasta convertirse en una gran serpiente. Klaus lo miraba boquiabierto. La serpiente se arrastró durante un rato y luego desapareció. Salazar sonrió orgulloso y volvió a sentarse al lado de Klaus, el cual estaba aplaudiendo.

-No ha sido para tanto, Nik. -Dijo Salazar sonrojándose.

-Para mi sí, mi madre y su amiga casi nunca hacen magia.

-¿Cómo está tu familia? Hace tiempo que no les veo.

-Rebekah te echa de menos, y es la única. Elijah y Finn están ocupados intentando ser los hijos perfectos y Kol está ocupado siendo un pequeño psicópata que quema sus muñecos de madera.

Salazar rió sin poder evitarlo, le encantaba Kol.

-¿Y Mikael y Esther? Ya sé que a tu madre no le caigo muy bien.

-Es que sabe que en un futuro serás un mago más poderoso que ella y tiene miedo por mí.

-¿Por ti? Yo jamás te haría daño.

Salazar agarró la mano de su amigo y sonrió con amabilidad, provocando que su amigo se sonrojase.
-Lo sé. -Contestó Klaus.

Se miraron durante un buen rato sin decir, hasta que la situación se volvió algo incómoda. Klaus se levantó, tambaleándose, y fue hacia la puerta.

-Debería irme ya.

Salazar se levantó y lo siguió, agarrándolo del brazo.

-Lo tormenta no ha amainado, puede ser peligroso.

Klaus intentó soltar su brazo, pero ambos estaban tan borrachos que perdieron el equilibrio y acabaron en el suelo, Klaus debajo y Salazar encima. Se miraron a los ojos fijamente, lo que pareció ser una eternidad, y poco a poco fueron acercándose hasta rozar sus labios, pero unos golpes en la puerta hicieron que ambos se levantaran de golpe.

-¡Niklaus! -Decía la persona al otro lado de la puerta. Klaus empalideció, era su padre Mikael.

Fue tembloroso hacia la puerta y la abrió para ver a un enfurecido Mikael, empapado. Agarró a su hijo de la nuca y lo sacó afuera.

-¡Tenías que estar en casa hace dos horas, muchacho insolente!

Salazar salió de la casa y fue tras ellos.

-¡No le haga daño!

-¡Vuelve a tu casa, Slytherin! ¡Antes de que te mate un rayo o algo! -Dijo Mikael sin siquiera mirarlo. Klaus intentaba soltarse de su padre, pero éste lo tenía fuertemente agarrado.

Salazar miraba a Mikael con odio, pero no podía hacer nada. Un relámpago seguido de un gran trueno le hizo reaccionar y comenzó a correr hacia su casa. Se cayó varias veces mientras intentaba salir del bosque, pero eso no le detuvo. Al cabo de un rato llegó a su casa, chorreando agua completamente. Al verlo su madre se levantó y le cruzó la cara de un bofetón.

-¡¿Sabes lo preocupada que he estado?! ¿¡Qué ha pasado?!

El padre de Salazar puso una mano sobre el hombro de su mujer, intentando calmarla. Salazar notó el ya familiar ardor en su mejilla y miró a su madre.

-Quería esperar a que amainara la tormenta para volver.

Su madre le echó una mirada envenenada.

-¡Vete a tu habitación!

Salazar bufó. No esperaba que su madre fuera algo maternal y se preocupara por si cogía un resfriado, su madre nunca lo había tratado con amor. Subió a lavarse, con agua caliente que calentó en un fuego que hizo aparecer, y luego se preparó para el duelo nocturno con su padre. Su padre entró en su habitación, tranquilo y sereno, con la varita en alto. Si Salazar todavía no se fue de su casa era por su padre, él sí que lo crió con amor, nunca le puso la mano encima y cumplía todos los caprichos de su hijo.
Ambos Slytherins se prepararon para el duelo y comenzaron. Salazar puso en práctica los hechizos defensivos de su madre mientras su padre lo atacaba sin parar. Fue un duelo muy largo, y Salazar salió victorioso. Su padre lo felicitó, sonriendo, y abandonó la habitación. El chico lo arregló todo y se metió en la cama, llamó a Bon y se quedó horas dando vueltas en la cama, intentando dormirse. Había algo en su cabeza que no le dejaba dormir. A eso de las cuatro de la madrugada, Salazar se levantó y fue al sótano, allí tenían un pequeño laboratorio donde hacían las pociones. Había una poción que llevaba preparando desde hace tiempo, se fijó en el libro de pociones y leyó lo que estaba deseando leer. Se acercó al caldero, que hervía a fuego lento, y lo supo. Le había costado mucho encontrar los ingredientes, y se impacientó. Pero las tres semanas ya han pasado y la poción ya estaba hecha. Salazar agarró un frasco y vertió la poción en él, mirándola maravillado.

-Amortentia....


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