martes, 8 de abril de 2014

Capítulo 4.


Klaus salió de la cama y se acercó lentamente a Salazar, comenzando a acariciarlo. Éste hacía grandes esfuerzos por mantenerse quieto y no bajar la mirada, pero le costaba demasiado. Deseaba a Klaus, lo deseaba con locura, pero sabía que no estaba bien, que debía darle el antídoto. Klaus acariciaba el pecho de Salazar y poco a poco comenzó a bajar las manos hasta su pantalón, intentando desanudar los cordones. Éste dio un respingo al notar los dedos del chico en esa zona y se alejó.

-Nik... no sigas.

Klaus frunció el ceño y volvió a acercarse.

-¿Qué ocurre Sly?

Salazar volvió a alejarse y sacó el frasco con el antídoto de su bolsillo.

-Tienes que beberte esto.

Le dio el frasquito a Klaus y se alejó más, con los ojos empapados en lágrimas. Éste miró el frasco extrañado, pero se encogió de hombros, lo abrió, y se bebió el contenido de un trago. Un par de lágrimas se deslizaban por las mejillas de Salazar mientras Klaus volvía en sí y miraba alrededor con el ceño fruncido.

-¿Pero qué demonios...?

Se dio cuenta de las velas, los pétalos, y de que estaba desnudo. Agarró rápidamente algo para taparse y miró a su amigo.

-Sly, ¿qué demonios ha pasado?

Éste seguía llorando en silencio, pero respiró hondo, se armó de valor y miró a su amigo.

-Nik... Nik... yo... estoy enamorado de ti... estoy locamente enamorado de ti...

La sangre huía del rostro de Klaus y éste se quedó pálido.

-¿Pero qué...? Joder... ¿desde cuando?

-Desde... joder... desde siempre.

Salazar se mordía tanto el labio que una gota de sangre surgió de él. Klaus suspiró y se dejó caer en la cama.

-Esto es una locura... eres mi mejor amigo, Sly.

-Lo sé, créeme que lo sé, pero no puedo controlar mis sentimientos, Klaus.

-Puedes intentarlo...

Klaus suspiró y evitó mirar a Salazar, mientras éste procesaba lo que acababa de oír.

-¿Quieres que olvide lo que siento por ti?- Susurró, dolido.

-Salazar, yo no puedo corresponderte.

-¡Sí que puedes, Klaus!

Dijo Salazar acercándose a él, temblando.

-¡Tú me quieres, lo sé! ¡Ayer casi nos besamos!

-¡Estaba borracho y me dejé llevar! ¡Yo solo te quiero como amigo, Salazar!

Salazar se quedó pálido, ya se lo había esperado, pero aún así había guardado una mínima esperanza de que su amigo correspondiera sus sentimientos. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas mientras sentía cómo su corazón se partía en mil pedazos. Klaus suspiró, apartó la mirada del rostro lloroso del que era su mejor amigo y comenzó a buscar su ropa para vestirse, luego cayó en la cuenta.

-Salazar... ¿por qué estoy desnudo?- Miró por la ventana.- ¿Y por qué cuando nos vimos era el amanecer y ahora es el atardecer?

Salazar estaba demasiado ocupado intentando no derrumbarse que no le prestó atención a su amigo.

-¡Eh!

Klaus lo agarró fuerte del brazo y le hizo volverse para estar cara a cara.

-¡Contéstame!

Lo sacudió agarrándolo de los hombros y éste reaccionó. Empalideció aún más sabiendo lo que tenía que confesar, así que se soltó de Klaus y se alejó un poco.

-Klaus, yo... te había dado una poción de amor... para que me amaras... pero me arrepentí en cuanto lo hice y por eso te he dado el antídoto... -Señaló el frasco vacío que había en el suelo.

-¿Has...? ¿¡Has usado tu magia contra mí!? ¿¡Cómo has podido!?

-¡Te amo, Klaus! -Salazar temblaba entero.- ¡No sabía que hacer!

-¡Ibas a violarme! -Klaus señaló la cama y los pétalos de rosa.

-En realidad todo esto lo preparaste tú... para mí...

Klaus bufó sonoramente y comenzó a vestirse, maldiciendo en voz baja.

-Me has decepcionado, Slytherin.

-Klaus... perdóname, por favor...

Salazar se acercó a él, suplicante.

-Apártate. -Dijo seco.- Ahora solo quiero estar solo, ¿te enteras?

Agarró el resto de su ropa y salió rápido de la cabaña, corriendo hacia su casa. Salazar se dejó caer lentamente al suelo y rompió a llorar como nunca antes lo había hecho. La había cagado. Había fastidiado la única amistad que tenía, había apartado de su lado al chico al que amaba y por el que daría la vida. Lo único que quería en ese momento era ser tragado por la tierra. Estuvo horas y horas allí, hasta la madrugada. Su madre le pegaría al llegar tan tarde, pero le daba igual, todo le daba igual ya. Tras llorar hasta deshidratarse se decidió a levantarse del polvoriento suelo y caminar hacia su casa, pero antes de irse observó toda la cabaña, todos los momentos vividos allí, los buenos recuerdos. Los ojos le picaron al querer derramar más lágrimas, pero eso no podía ser. Salazar apagó todas las velas y antes de apagar la última vio algo que le llamó la atención. Sobre la mesita de noche junto a la cama había un pequeño retrato de ellos dos que había dibujado el mismo Klaus. Salazar se acercó a mirar el dibujo más de cerca, se acordaba de haber visto a Klaus hacerlo, fue hace pocos años. Sacó el pergamino del marco de madera que hizo él mismo, se guardó el dibujo, apagó la última vela y salió de la cabaña. Como ya sabía que pasaría, su madre le lanzó la maldición Cruciatus cuando llegó a su casa mientras se oían los gritos de ambos en todo el poblado. El señor Slytherin sufría al ver así a su hijo, pero no intervino. Al cabo de un rato la madre se fue a dormir, no sin antes castigar a su hijo sin salir poniendo un hechizo de bloqueo en su puerta y ventana. Salazar, desdichado y dolorido, se dio un baño y se metió en la cama, estaba muy muy hambriento, pero no podía salir de su cuarto. Se dedicó a abrazar a Bon toda la noche mientras miraba por la ventana, sin poder dormir. Al amanecer, y con mucho sigilo, su padre rompió los hechizos que impedían abrir la puerta y la ventana y entró en el cuarto de su hijo con una gran bolsa en su espalda.

-Hijo mío, vamos, no hay tiempo.

Dejó la gran bolsa en su cama y le pasó ropa de su armario para que se vistiera. Salazar, muy extrañado, comenzó a vestirse mientras miraba a su padre.

-Padre, ¿qué ocurre?

Su padre lo miró nervioso y triste.

-Te vas a ir a vivir con tu tío, a la otra punta del país.

-¿Qué? ¿Por qué?

-Ya eres un hombre hijo, y no tienes por qué aguantar esto. Sé que serás un gran mago, y este poblado se te queda pequeño. Haz lo que te digo, por favor.

Le pasó varios abrigos de piel a su hijo y este se los puso.

-¿Volveré a verte, padre?

-Algún día, hijo mío. Ahora vamos, tu madre no sabe nada de esto, ya he ensillado a tu caballo y te espera abajo, no hagas ruido.

Padre e hijo bajaron las escaleras y salieron de la casa. Salazar montó en el caballo mientras su padre le colocaba la gran bolsa detrás.

-En la bolsa he puesto ropa y mucha comida, el viaje será muy largo, ten cuidado y no te detengas.

Salazar asintió y de pronto miró al bosque que separaba su poblado del poblado de Klaus, pensando en él.

-<Te amo, Klaus Mikaelson, y juro que algún día volveré a por ti.>

Su padre alzó la mano y Salazar se la estrechó con gusto.

-Te quiero, padre. Le daré cálidos saludos a tu hermano de tu parte.

Sin decir nada más hundió los talones en los costados del caballo y éste emprendió un veloz galope, alejándose cada vez más de allí.


Pasaron días, meses, años... y nadie más volvió a saber nada de Salazar Slytherin.

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