Klaus salió de la cama y se acercó
lentamente a Salazar, comenzando a acariciarlo. Éste hacía grandes
esfuerzos por mantenerse quieto y no bajar la mirada, pero le costaba
demasiado. Deseaba a Klaus, lo deseaba con locura, pero sabía que no
estaba bien, que debía darle el antídoto. Klaus acariciaba el pecho
de Salazar y poco a poco comenzó a bajar las manos hasta su
pantalón, intentando desanudar los cordones. Éste dio un respingo
al notar los dedos del chico en esa zona y se alejó.
-Nik... no sigas.
Klaus frunció el ceño y volvió a
acercarse.
-¿Qué ocurre Sly?
Salazar volvió a alejarse y sacó el
frasco con el antídoto de su bolsillo.
-Tienes que beberte esto.
Le dio el frasquito a Klaus y se alejó
más, con los ojos empapados en lágrimas. Éste miró el frasco
extrañado, pero se encogió de hombros, lo abrió, y se bebió el
contenido de un trago. Un par de lágrimas se deslizaban por las
mejillas de Salazar mientras Klaus volvía en sí y miraba alrededor
con el ceño fruncido.
-¿Pero qué demonios...?
Se dio cuenta de las velas, los
pétalos, y de que estaba desnudo. Agarró rápidamente algo para
taparse y miró a su amigo.
-Sly, ¿qué demonios ha pasado?
Éste seguía llorando en silencio,
pero respiró hondo, se armó de valor y miró a su amigo.
-Nik... Nik... yo... estoy enamorado de
ti... estoy locamente enamorado de ti...
La sangre huía del rostro de Klaus y
éste se quedó pálido.
-¿Pero qué...? Joder... ¿desde
cuando?
-Desde... joder... desde siempre.
Salazar se mordía tanto el labio que
una gota de sangre surgió de él. Klaus suspiró y se dejó caer en
la cama.
-Esto es una locura... eres mi mejor
amigo, Sly.
-Lo sé, créeme que lo sé, pero no
puedo controlar mis sentimientos, Klaus.
-Puedes intentarlo...
Klaus suspiró y evitó mirar a
Salazar, mientras éste procesaba lo que acababa de oír.
-¿Quieres que olvide lo que siento por
ti?- Susurró, dolido.
-Salazar, yo no puedo corresponderte.
-¡Sí que puedes, Klaus!
Dijo Salazar acercándose a él,
temblando.
-¡Tú me quieres, lo sé! ¡Ayer casi
nos besamos!
-¡Estaba borracho y me dejé llevar!
¡Yo solo te quiero como amigo, Salazar!
Salazar se quedó pálido, ya se lo
había esperado, pero aún así había guardado una mínima esperanza
de que su amigo correspondiera sus sentimientos. Sus ojos volvieron a
llenarse de lágrimas mientras sentía cómo su corazón se partía
en mil pedazos. Klaus suspiró, apartó la mirada del rostro lloroso
del que era su mejor amigo y comenzó a buscar su ropa para vestirse,
luego cayó en la cuenta.
-Salazar... ¿por qué estoy desnudo?-
Miró por la ventana.- ¿Y por qué cuando nos vimos era el amanecer
y ahora es el atardecer?
Salazar estaba demasiado ocupado
intentando no derrumbarse que no le prestó atención a su amigo.
-¡Eh!
Klaus lo agarró fuerte del brazo y le
hizo volverse para estar cara a cara.
-¡Contéstame!
Lo sacudió agarrándolo de los hombros
y éste reaccionó. Empalideció aún más sabiendo lo que tenía que
confesar, así que se soltó de Klaus y se alejó un poco.
-Klaus, yo... te había dado una poción
de amor... para que me amaras... pero me arrepentí en cuanto lo hice
y por eso te he dado el antídoto... -Señaló el frasco vacío que
había en el suelo.
-¿Has...? ¿¡Has usado tu magia
contra mí!? ¿¡Cómo has podido!?
-¡Te amo, Klaus! -Salazar temblaba
entero.- ¡No sabía que hacer!
-¡Ibas a violarme! -Klaus señaló la
cama y los pétalos de rosa.
-En realidad todo esto lo preparaste
tú... para mí...
Klaus bufó sonoramente y comenzó a
vestirse, maldiciendo en voz baja.
-Me has decepcionado, Slytherin.
-Klaus... perdóname, por favor...
Salazar se acercó a él, suplicante.
-Apártate. -Dijo seco.- Ahora solo
quiero estar solo, ¿te enteras?
Agarró el resto de su ropa y salió
rápido de la cabaña, corriendo hacia su casa. Salazar se dejó caer
lentamente al suelo y rompió a llorar como nunca antes lo había
hecho. La había cagado. Había fastidiado la única amistad que
tenía, había apartado de su lado al chico al que amaba y por el que
daría la vida. Lo único que quería en ese momento era ser tragado
por la tierra. Estuvo horas y horas allí, hasta la madrugada. Su
madre le pegaría al llegar tan tarde, pero le daba igual, todo le
daba igual ya. Tras llorar hasta deshidratarse se decidió a
levantarse del polvoriento suelo y caminar hacia su casa, pero antes
de irse observó toda la cabaña, todos los momentos vividos allí,
los buenos recuerdos. Los ojos le picaron al querer derramar más
lágrimas, pero eso no podía ser. Salazar apagó todas las velas y
antes de apagar la última vio algo que le llamó la atención. Sobre
la mesita de noche junto a la cama había un pequeño retrato de
ellos dos que había dibujado el mismo Klaus. Salazar se acercó a
mirar el dibujo más de cerca, se acordaba de haber visto a Klaus
hacerlo, fue hace pocos años. Sacó el pergamino del marco de madera
que hizo él mismo, se guardó el dibujo, apagó la última vela y
salió de la cabaña. Como ya sabía que pasaría, su madre le lanzó
la maldición Cruciatus cuando llegó a su casa mientras se oían los
gritos de ambos en todo el poblado. El señor Slytherin sufría al
ver así a su hijo, pero no intervino. Al cabo de un rato la madre se
fue a dormir, no sin antes castigar a su hijo sin salir poniendo un
hechizo de bloqueo en su puerta y ventana. Salazar, desdichado y
dolorido, se dio un baño y se metió en la cama, estaba muy muy
hambriento, pero no podía salir de su cuarto. Se dedicó a abrazar a
Bon toda la noche mientras miraba por la ventana, sin poder dormir.
Al amanecer, y con mucho sigilo, su padre rompió los hechizos que
impedían abrir la puerta y la ventana y entró en el cuarto de su
hijo con una gran bolsa en su espalda.
-Hijo mío, vamos, no hay tiempo.
Dejó la gran bolsa en su cama y le
pasó ropa de su armario para que se vistiera. Salazar, muy
extrañado, comenzó a vestirse mientras miraba a su padre.
-Padre, ¿qué ocurre?
Su padre lo miró nervioso y triste.
-Te vas a ir a vivir con tu tío, a la
otra punta del país.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Ya eres un hombre hijo, y no tienes
por qué aguantar esto. Sé que serás un gran mago, y este poblado
se te queda pequeño. Haz lo que te digo, por favor.
Le pasó varios abrigos de piel a su
hijo y este se los puso.
-¿Volveré a verte, padre?
-Algún día, hijo mío. Ahora vamos,
tu madre no sabe nada de esto, ya he ensillado a tu caballo y te
espera abajo, no hagas ruido.
Padre e hijo bajaron las escaleras y
salieron de la casa. Salazar montó en el caballo mientras su padre
le colocaba la gran bolsa detrás.
-En la bolsa he puesto ropa y mucha
comida, el viaje será muy largo, ten cuidado y no te detengas.
Salazar asintió y de pronto miró al
bosque que separaba su poblado del poblado de Klaus, pensando en él.
-<Te amo, Klaus Mikaelson, y juro
que algún día volveré a por ti.>
Su padre alzó la mano y Salazar se la
estrechó con gusto.
-Te quiero, padre. Le daré cálidos
saludos a tu hermano de tu parte.
Sin decir nada más hundió los talones
en los costados del caballo y éste emprendió un veloz galope,
alejándose cada vez más de allí.
Pasaron días, meses, años... y nadie
más volvió a saber nada de Salazar Slytherin.
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